Una necesaria y pertinente aclaración

Sobre el contrato de venta de gas a Brasil

Paola Müller rebate un texto de Ronald MacLean sobre las condiciones y los pormenores de la negociación de compra-venta entre Bolivia y Brasil.
domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:00

Paola Müller  Hija de Herbert Müller

En un artículo publicado por Pagina Siete el pasado 3 de marzo, bajo el título “Las dos horas que salvaron la negociación del gas a Brasil”, el señor Ronald MacLean, excanciller de Bolivia, realiza varias aseveraciones que, desafortunadamente, tergiversan la verdad y me enfrentan a la incómoda necesidad de desmentir a la exautoridad con el objetivo de hacer justicia al legado que mi padre, Herbert Müller Costas y el equipo de expertos bolivianos, dejaron para nuestro país con la negociación de este importante contrato, y para evitar que la imaginación del señor MacLean nuble el mérito y éxito obtenido por quienes realmente llevaron a cabo dicha negociación. 

Su historia, además de falsa, también lo hace aparecer “salvando en dos horas” un proyecto que empezó a gestarse a lo largo de 20 años en sucesivos gobiernos y cuya cristalización y conclusión fue realizada por el presidente Jaime Paz Zamora y su ministro de Hidrocarburos, Herbert Müller, asesorado y apoyado por expertos bolivianos y algunos especialistas internacionales de primer nivel.

No deja de sorprenderme que el autor escriba una nota donde se cuestiona la veracidad de los entretelones y pormenores de la negociación con Brasil justo cuando mi padre cumple dos semanas de fallecido. ¡Qué conveniente resulta escribir una nota así cuando el líder de aquella negociación ya no está para respondery aclarar lo que exactamente ocurrió! 

¿Qué le impidió al señor MacLean publicar su artículo durante 25 años? ¿Y por qué lo hace ahora cuando Herbert Müller ya no está con nosotros? Es precisamente este hecho el que nos invita a reflexionar sobre la importancia de la verdad y la valentía en el momento que actualmente transitamos como país. 

Sólo a partir de valores comunes, es que en tiempos de confrontación, de diferencias ideológicas y personales, podremos llevar adelante acciones que pavimenten el camino para una Bolivia más democrática, más productiva y más unida. 

Las afirmaciones del señor MacLean hacen suponer que los especialistas del lado boliviano no habrían sido capaces de plasmar un contrato de exportación de gas a Brasil que incluyera cláusulas que en ese momento ya eran comunes en este tipo de negocio; y que más bien,  gracias a su “brillante” y “sagaz” intervención, el excanciller habría conseguido en “sólo dos horas” algo que los técnicos bolivianos supuestamente no lograron alcanzar en más de tres años de negociaciones con Petrobras, que era en ese momento una de las empresas petroleras más poderosas del mundo.

Tales alegatos, aparte de ser atrevidos, son, por decir lo menos, una inocentada que insulta la inteligencia de la gente que por cultura general sabe que una negociación de ese calibre no puede ser cambiada de manera radical en tan poco tiempo, especialmente si para una de las partes (en este caso Brasil) va a tener un costo financiero enorme y, además, deja a la otra parte (el equipo negociador boliviano) como un montón de advenedizos que no tenían idea de lo que estaban haciendo y que, de no ser la intervención de carácter casi “milagrosa” del señor MacLean, los negociadores bolivianos habrían cometido un error que incluso podría haber sido considerado como traición a la patria.

En segundo lugar, es sorprendente que el señor MacLean se atreva a realizar afirmaciones que son fáciles de contrastar dada la abundante documentación que existe y, por lo tanto, dichas aseveraciones dejan en entredicho no sólo su experiencia como político y diplomático, sino también su entendimiento respecto a los entretelones y protocolos que dominan este tipo de negociaciones que envuelven temas que son de vital importancia para el desarrollo de los países involucrados.

En su artículo, el señor MacLean alega que él, “como Canciller, debía firmar las notas reversales del convenio bilateral que respaldaba el contrato con su colega y contraparte brasileño, el canciller Fernando Henrique Cardoso”.

Luego dice que él le había adelantado a Cardoso que el 17 de febrero de 1993 que “la negociación final del contrato tendría que hacerse a nivel de cancilleres, a su llegada a Bolivia, antes de la firma del mismo, puesto que había puntos claves pendientes de acordar, los cuales no habían podido ser resueltos por los ministros del área de Bolivia y Brasil, y particularmente con los negociadores técnicos de Petrobras, la empresa estatal de Brasil que compraría nuestro gas y lo transportaría y vendería en ese país”. 

Más adelante, también asevera que seis meses antes de la firma del contrato, en agosto de 1992, “se inició una tensa etapa de negociación entre el Ministerio de Energía y mi despacho, ya que yo no aceptaba ni estaba conforme con el precio bajo y constante del contrato negociado”. Seguidamente afirma que “dado el desacuerdo dentro del Gobierno boliviano, el proyecto de contrato de compra-venta a Brasil se llevó a gabinete ministerial, donde el Ministro de Energía hizo conocer a grandes rasgos las condiciones del mismo, advirtiendo que dos de sus cláusulas estipulaban que el texto era secreto y que Bolivia no podía cambiar a su equipo negociador. 

Procedo a analizar dos de las afirmaciones que realiza el señor MacLean en los párrafos citados más arriba. La primera es que el texto del contrato era secreto, y para ello, cito el informe confidencial Nro. 73, cuyo encabezado es “El Contrato de Venta de Gas a Brasil”, publicado en agosto de 1992 por Müller & Asociados, (empresa de investigación y asesoría económica del ministro Herbert Müller), precisamente el mes en que MacLean afirma que se produjeron las reuniones de gabinete en las que su despacho rechaza la condición de “precio bajo y constante” y además que el “texto era secreto”. 

Queda claro entonces que no es cierto el alegato del excanciller respecto a la  afirmación de que el “texto era secreto” ya que, por instrucciones del Gobierno, Müller y Asociados hizo públicas las características más importantes del contrato en el Informe Confidencial ya mencionado, seis meses antes de la firma del acuerdo, que fue el 17 de febrero de 1993 y de la supuesta intervención de MacLean. 

La razón por la que se publicó el contrato era precisamente para dar transparencia a toda la negociación y evitar que los partidos de oposición se basaran en un supuesto secretismo para tirar por la borda un acuerdo que sería clave para el desarrollo futuro de nuestro país (el contenido del informe puede ser encontrado en el sitio web: http://bit.ly/ContratoGasBrasil ).

En relación con el precio “bajo y constante”, casi al final de su artículo el señor MacLean afirma lo siguiente: “Cerca de las 17:00 de la tarde emergió de su dormitorio el Presidente brasileño para anunciar que estaban de acuerdo y aceptaban nuestra posición de enmendar el contrato. Nos miramos con Jaime Paz y si no hubiera sido que teníamos que guardar decoro, hubiéramos irrumpido con un caluroso abrazo.

¡Así fue como se modificó el contrato, vinculando el precio de compra del gas a Bolivia al precio de venta del gas en Brasil, y se salvó la negociación! 

Cuando Petrobras negoció la venta del gas boliviano en Brasil, particularmente a Sao Paulo, tuvo que adoptar un precio de referencia. En ese tiempo, el gas no era una commodity, es decir, no tenía un precio internacional de comercio, y esa empresa adoptó uno como referencia: la cotización del petróleo en tres mercados diferentes. Así se adoptó este mecanismo de fijación del precio y ello benefició a Bolivia inmensamente cuando el petróleo, que se cotizaba internacionalmente alrededor de 10 a 15 dólares por barril, se elevó a partir de fines de los 90 y principalmente a partir de mediados de los 2000 a niveles jamás alcanzados, llegando a 140 dólares. ¡Más de 10 veces el precio original! 

Fueron dos horas que cambiaron el futuro de la economía de Bolivia, elevando el monto de la exportación del gas. Sin ese cambio, Bolivia hubiera obtenido 10 años después 600 millones de dólares anuales en vez de los 6.000 millones que logró obtener. 

Y acá radica la falacia más grave del señor MacLean, ya que en el Informe Confidencial ya citado, en su Anexo 1, Punto 5 del Resumen Ejecutivo, en la página 26, se describe la fórmula que indexa el precio inicial del gas (P0) y dice claramente que será calculado “cada trimestre, redondeando hasta la cuarta cifra decimal, de acuerdo a la siguiente fórmula: …” y  a continuación se explica en detalle dicha fórmula. 

En resumen, desde el principio de las negociaciones se puede afirmar de manera contundente que el precio de venta del gas a Brasil estaba indexado a la oscilación no de uno, sino de tres derivados de hidrocarburos (fuel oil) y que para evitar variaciones bruscas en los precios, los precios de referencia del periodo presente serían calculados como el promedio de los precios del trimestre anterior (para una clara explicación sugiero consultar en https://www.youtube.com/watch?v=K2o8T9tOw90). 

Esa era la fórmula que había logrado conseguir el equipo negociador boliviano después de años de negociar con Petrobras y que el señor MacLean se atribuye como algo de su propia invención y que, además, recién habría sido incluida en el contrato después de una dura negociación de “dos horas”, el mismo día que se firmó el contrato y, por ende, gracias a esa “extraordinaria” intervención de su persona, Bolivia consiguió ingresos 10 veces superiores a los que se habrían obtenido si es que el precio hubiese continuado fijo, en  90 centavos de dólar. 

En resumen, el precio del gas vendido a Brasil jamás fue fijo y desde un principio estuvo sujeto a la variación del precio internacional de tres derivados del petróleo; dicha oscilación era transmitida a los consumidores brasileños quienes también debían pagar la tarifa del transporte del gas hasta San Pablo. 

Además, esta indexación sería la razón por la que, a partir del año 2000, apenas Brasil notó que la tendencia al alza de los precios de los tres fuel oil era ya sostenida e irremediable, tratara de renegociar en varias oportunidades la inteligente fórmula de ajuste conseguida por Herbert Müller y su equipo y cuyas características favorecieron y continúan haciéndolo, a la economía boliviana.

Invitada por mi padre, estuve presente en Cochabamba el 17 de febrero de 1993 para la firma del acuerdo y puedo atestiguar que, ciertamente, hay una sola  cuestión verdadera en las afirmaciones de MacLean y es que los presidentes Franco y Paz Zamora efectivamente tardaron dos horas en salir de sus suites presidenciales para proceder a la firma del contrato, manteniendo en la incertidumbre a los que esperábamos para ser testigos de tan crucial momento.  

Sabíamos que las carpetas que contenían los contratos ya estaban rubricadas por las contrapartes técnicas y que, como finalmente sucedió, los presidentes de ambos países sólo debían proceder al acto protocolar de estampar su firma en ellos, sin cambiarles, ni siquiera una coma a lo que ya estaba estipulado en sus cláusulas, cuestión que es contraria a lo que indica el señor MacLean.

Como un argumento adicional al hecho de que nada se cambió a lo estipulado en el contrato, en el Informe Confidencial de referencia hay un anexo donde figura una nota enviada el 17 de agosto de 1992 por el propio señor MacLean al canciller de Brasil, Celso Lafer, en la que en su punto 4.b especifica claramente que se formaliza el instrumento denominado “Contrato Preliminar de Compra-Venta de gas entre YPFB y Petrobras”, y donde se explica en detalle la fórmula de ajuste de precios del gas que comprará Brasil, con lo que queda demostrado por las propias palabras que usa MacLean en su artículo que en los hechos él no tuvo nada que ver en su negociación y, además, también queda expuesto que la afirmación de que él habría salvado en dos horas dicho contrato, es tan sólo algo salido de su imaginación y de un oportunismo político que es muy difícil de justificar. 

La cronología y veracidad de los hechos a los que hago referencia, pueden, además, verificarse en el Decreto Supremo N°23543 del entonces presidente Jaime Paz Zamora, publicado en la página web:  https://www.lexivox.com/norms/BO-DS-23543.xhtml. 

Sólo queda preguntarse cuáles fueron las razones para que los presidentes de Bolivia y Brasil se demoraran dos horas en terminar su reunión previa a la firma del contrato. Por descarte, se sabe que cualquier cambio en alguna cláusula del contrato, ya negociado, implicaba suspender el encuentro presidencial, lo que hubiera significado un bochorno, no sólo para Itamaraty, la siempre eficiente y sagaz negociadora Cancillería del Brasil, sino también para el gobierno boliviano. 

Finalmente, es bueno señalar que el acuerdo alcanzado con Brasil en 1992 termina el presente año y que nada anuncia que se lograrán condiciones tan ventajosas como las que se consiguieron hace 27 años, sino más bien lo contrario: es probable que esta vez Brasil, ya que tiene una posición extremadamente favorable, termine imponiendo condiciones que estarán muy lejos de ser ventajosas para Bolivia, lo que permite destacar que es una lástima que Bolivia no tenga actualmente en su equipo de negociadores personas de la talla de Herbert Müller, más aún cuando en el lado brasileño no hay amigos de Bolivia como lo fue Henrique Cardoso y que, como esta vez bien dice MacLean, fue un instrumento clave para conseguir ese histórico acuerdo que permitió que Bolivia salga de su situación de extrema pobreza.

 

Confidencial

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