Aniversario de El Alto

¿Cómo se construyen los barrios en El Alto?

La expansión urbana implica el surgimiento de nuevas zonas y eso nos conduce a preguntarnos: ¿Cuál es el papel del Estado (municipio)?
domingo, 03 de marzo de 2019 · 00:00

David Ali Condori Sociólogo

El Alto, según el censo del 2012, es la segunda ciudad más poblada de Bolivia, con 848.840 habitantes. Actualmente, está dividida en 14 distritos municipales y tiene más de 1.200 zonas, de las cuales unas 15 urbanizaciones son clandestinas, es decir no tienen planimetría, ni personería jurídica. 

La urbe alteña cada vez se expande más, ya que miles de migrantes llegan guiados por las promesas de mejores oportunidades, tal como decían Godofredo Sandoval y Fernanda Sostres: El Alto como “la ciudad prometida”. Aunque, después enfrentan una serie de peripecias como la falta de los servicios básicos, equipamiento de la infraestructura urbana, entre otros. 

La expansión urbana, implica el surgimiento de nuevas zonas y eso nos conduce a preguntarnos: ¿cómo se construyen los barrios en la urbe alteña? ¿Cuál es el papel del Estado (municipio) en la constitución del espacio urbano en El Alto? En tal sentido, el presente artículo de opinión, intentará responder a estas cuestiones desde nuestras experiencias vividas, ya que fuimos dirigentes de dos zonas de la ciudad El Alto: Urbanización Complemento Yunguyo II del Distrito 4 (en los años 2008-2010) y de la Urbanización Halley (durante los años 2014-2015). 

Antes de abordar el tema en cuestión, es importante precisar qué entendemos por barrio. Creemos que puede ser comprendido como una unidad territorial del ámbito urbano, donde se expresa la ingeniería arquitectónica en viviendas, vías, plazas, etcétera. 

También, es un lugar en el que se construyen las relaciones sociales, prácticas culturales y, hasta, pugnas políticas, por ocupar cargos de dirigencia vecinal. Además, en el barrio se producen imaginarios intersubjetivos relacionados con las ideas de “desarrollo y progreso”, como una superación de la ruralidad, de ahí surge el deseo de vivir en espacios urbanos.

En esa perspectiva, para muchos alteños, el barrio es considerado como tal, en cuanto tiene más servicios urbanos y obras; es decir, luz, agua potable, alcantarillado e infraestructura urbana como: sede social, parques, calles y vías pavimentadas. 

Además, de la construcción de los famosos cholets que muestran un espejismo moderno de la ciudad. 

La consecución de ese ideal, del espacio urbano, está en la fuerza de voluntad de los vecinos, porque el Estado, a través del municipio, no siempre se preocupa en la construcción de sus barrios, más al contrario genera trabas burocráticas en sus trámites, como la aprobación de las planimetrías, las personerías jurídicas y otros. 

Asimismo, el municipio no suele disponer de recursos para atender a las demandas de los vecinos, por eso deben luchar para conquistar los derechos urbanos en El Alto, porque casi nada llega al barrio si no hay gestión de sus dirigentes y la presión colectiva.

Así, por ejemplo, la urbanización Halley de reciente creación en el Distrito 11, en la gestión 2015, para acceder a los servicios básicos tuvieron que pasar por un camino tortuoso haciendo trámites burocráticos y finalmente optaron por bloquear el camino a Laja, que pasa por esa urbanización. Sólo así lograron la atención a sus demandas. 

Similares acciones tomaron los vecinos de Complemento Yunguyo II del Distrito 4, en el año 2010, para lograr el pavimentado de sus vías principales.  

En este sentido, el alteño es constructor de su propia realidad y para eso se organiza en juntas de vecinos, donde sus líderes se constituyen en sujetos canalizadores de sus demandas.

 En la travesía de conquistar los derechos urbanos, los dirigentes vecinales recurren a una serie de estrategias que pueden ir desde el envío de las notas a la Alcaldía, la construcción de redes sociales y clientelares, hasta las tomas de acción colectiva. 

Aquí, el dirigente tiene que ser habiloso, es decir capaz de negociar con cualquier actor político para alcanzar la atención a sus demandas. Por ejemplo, para acceder a los proyectos de Evo Cumple, necesariamente deben tejer relaciones políticas con los personeros del Movimiento Al Socialismo (MAS), o si necesitan tener más presupuesto del gobierno municipal, también deben comprometerse políticamente. Y cuando no funcionan estas estrategias, pueden optar por presión colectiva, como el último recurso para lograr sus objetivos.  

Solo así, el dirigente puede tener éxito en su gestión, ya que la legitimidad de un líder vecinal está en función de la conquista de servicios urbanos y las obras. Cuando tiene mayores logros, tendrá su prestigio social y hasta puede ser ratificado en su cargo; de lo contrario, es probable que su gestión sea considerada un fracaso y reciba una serie de cuestionamientos e incluso lo destituyan de su cargo.    

Si este es el panorama en las urbanizaciones de la ciudad de El Alto. Entonces, ¿cuál es el papel del municipio en la construcción de los barrios alteños? Si bien, la Alcaldía debería de priorizar la atención a las demandas barriales, en los hechos aparece como una instancia burocrática que no coadyuva de manera eficiente en los trámites como el de las planimetrías, o en las aprobaciones de los planos de construcción de viviendas. Tampoco se involucran en la planificación y elaboración de sus proyectos, a veces se conforman con el hecho de distribuir los recursos del POA. Por esta razón, los alteños tienen una concepción negativa del Estado, y ven como un ente que “solo les cobra impuestos y multas”.  

En consecuencia, se advierte que hay una separación histórica entre el Estado y los vecinos. Muchas veces el papel del Estado es asumido por el propio alteño que diseña, aunque no es experto técnicamente, su espacio urbano. Además, lucha por cualquier medio la conquista de sus derechos urbanos. 

He aquí el municipio tiene una tarea pendiente de reencauzar en la planificación y en la consecución de los servicios básicos y obras de infraestructura. 

De lo contrario, el alteño no se sentirá representado y en cualquier momento estaría dispuesto a cuestionar las viejas estructuras coloniales del Estado, como, por ejemplo, lo hizo en febrero de 2003, quemando la Alcaldía de El Alto.

 

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