Regímenes

MAScarada política y globalización

En muchos países latinoamericanos, las ideologías en crisis, han generado un carnaval grotesco e inconsciente para amarrarse al poder.
domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:07

Óscar Rivera-Rodas Escritor

La palabra globalización parecía una idea que apenas se podía intuir, o un concepto que se manifestaba demasiado amplio para su comprensión. En nuestros días manifiesta aspectos de una realidad. Más aún, provoca huracanes sociales y turbulencias políticas, cuyos resultados desconocemos todavía. Hablamos de la reacción global ante la actitud totalitaria e incompetente del régimen venezolano, que desata desde hace varios años su torpe violencia contra su propio pueblo.

 Es cierto que la globalización está manejada por países poderosos, que pretenden exhibir superioridad y poder ante el resto de las naciones, como lo habían demostrado en el siglo XVI los autoproclamados “imperios” europeos con sus invasiones a otras regiones para colonizarlas y esclavizarlas, blandiendo un vergonzoso “eurocentrismo”. 

En la moderna era global, desde las últimas décadas del siglo XX, los estados acaudalados acudieron a recursos supuestamente aceptables, y crearon, entre otros instrumentos, la Corte Penal Internacional, el 17 de julio de 1998; y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 15 de marzo de 2006, cuyo fin es la protección de los derechos humanos en todo el mundo. 

El sociólogo estadounidense e historiador del pensamiento social, Immanuel Wallerstein, (Nueva York, 1930) con mucha razón y certeza afirmó que la globalización, si bien introduce en su narrativa verdades aceptables, dentro de las que se incluyen normas universales, no deja de representar la “ideología de grupos poderosos” (Las incertidumbres del saber, 2005, p. 124).

 Ciertamente, no se puede negar la necesidad de organismos que observen el respeto a la condición humana y sus derechos, los cuales deben ser acatados por encima de las fronteras nacionales, y con estricto sentido común del que ninguna persona con raciocinio puede sustraerse. 

Las naciones de todos los continentes dejaron de ser comunidades aisladas y separadas del género humano; son ahora partes integradas a una estructura mayor y muy amplia: la comunidad mundial, que debe gobernarse con una misma capacidad racional para entender y juzgar según la correcta moral política.

 Asimismo, es imposible negar en nuestros días la existencia de países menos poderosos, en diversas regiones, administrados desafortunadamente por camarillas corruptas, cuyos atropellos contra sus propios pueblos provocan y despiertan la solidaridad mundial y la necesidad de justicia, como obligación ineludible.

 Esos grupos, que desconocen el ejercicio político correcto, delinquen en provecho propio, enarbolando falsas creencias ideológicas y dogmáticas a las que consideran verdades indiscutibles, y pretenden obligar a sus pueblos a seguirlas mediante la persecución y la represión. 

Esos regímenes, inhábiles de percibir y reconocer sus errores, victimizan a sus pueblos y provocan reacciones internacionales justas.

 Las múltiples y masivas emigraciones de varios países latinoamericanos en los últimos años son una prueba de la incapacidad de sus dirigentes, que no lograron el bien público para sus sociedades, y provocan éxodos de éstas que abandonan su patria enajenada por los vicios y abusos de sus gobernantes. 

 Venezuela, la patria de Simón Bolívar, luchó desde finales del siglo XVIII, junto a otros pueblos de la región, por su libertad y su desarrollo, no por la sumisión y el empobrecimiento. 

El pueblo venezolano tuvo verdaderos próceres en esa lucha, como Francisco Miranda, que debiera ser modelo para los militares venezolanos; Simón Rodríguez, maestro y guía de Simón Bolívar; Andrés Bello, extraordinario humanista y filósofo. 

El pueblo venezolano, agotado por la ineptitud de su gobierno, ha salido a las calles para rechazar al régimen abusivo que lo persigue, busca acallarlo y humillarlo. Ese obtuso gobierno, infame en su desconocimiento de la herencia de Bolívar, intenta prolongar su dictadura, según el modelo de otro régimen fracasado que pretendió realizar una “revolución” durante seis décadas, sin lograrla, y cargando sobre su sociedad un totalitarismo militar que empobrece más aún la existencia diaria. 

 Actualmente, las ideas políticas en el mundo están gravemente perturbadas. Ideologías de antaño, supuestamente claras para las mentes del pasado, se muestran hoy trastornadas, y causan graves desequilibrios en las sociedades.

 En muchos países latinoamericanos, estas ideologías, desordenadas y en crisis, han generado un carnaval grotesco e inconsciente, en el que comparsas políticas con diversas caretas buscan amarrarse al poder. Tradicionalistas con antifaces y exhibiendo sus verdades supuestas, convergen con MAScaradas etiquetadas como “socialistas”, y todos buscan capitalizar sus arcas personales. 

 Estos grupos embozados son los autores de la miserable historia política hispanoamericana del siglo pasado. Ninguno de los intentos “revolucionarios” del siglo XX, junto a los fratricidas y delincuentes “guerrilleros”, para no mencionar a los inválidos conservadores, dio dignidad humana y desarrollo a sus pueblos. 

Vemos claramente hoy que a esos “revolucionarios” no les importó lograr condiciones dignas y satisfactorias para sus sociedades, porque su verdadero interés fue el lucro propio. Así también ahora, las autoproclamadas “revoluciones” del siglo XXI se entregan al militarismo traficante, que en el siglo pasado, impuso criminales dictaduras en Latinoamérica, y cuyo interés fue el usufructo delictivo de las riquezas nacionales. 

Denuncias de ciudadanos probos recibieron como respuesta cárcel y persecuciones, que también concluyeron en éxodos. 

 Semejantes cuadrillas delictuosas, que embozan su militarismo bajo caretas de “socialismo revolucionario”, hoy se sorprenden y califican de “intromisión” la reacción solidaria internacional que se adhiere a los pueblos perseguidos y victimizados por sus propios gobiernos. No se dan cuenta que su ineptitud y sus vicios fueron los que provocaron esa vigilante adhesión internacional, que ahora los espanta e interrumpe su carnaval.
 

 

 

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