Machismo

Ningún chiste

La posición de poder que utiliza Evo Morales y sus funcionarios para humillar compulsivamente a las mujeres se impone en los actos públicos.
domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:00

Elizabeth Peredo Beltrán Psicóloga, autora y activista boliviana por los derechos ambientales y de las mujeres.

Los chistes machistas en los discursos públicos del presidente Morales se han hecho costumbre; junto a él decenas de otros políticos repiten el ritual de impunidad que Morales ha instalado en el imaginario político. Aún recuerdo uno de los últimos que hizo durante un acto oficial de entrega de instalaciones de gas en El Alto cuando, después de mencionar que sus pobladores son como “cututus” (palabra que se usa para hablar del comportamiento sexual y reproductivo de los conejos) -no se vayan a ofender-, le pidió a la ministra de Culturas Alanoca ayudar “a poblar El Alto”, para lo que no tuvo mejor idea que ofrecerle al primer diputado que encontró a su vista. 

La ministra se limitó a reír, como suelen hacer los cortesanos ante los caprichos del rey; la posición de poder que utiliza para humillar compulsivamente a las mujeres se impone. Las últimas semanas se ha explayado con chistes sobre las medias pantys de las cholitas con las que él quisiera bailar y hasta ha bromeado sobre su madre conectando violencia, sexualidad y procreación de manera inconsciente. 

Y lo peor es que no le ha faltado el coro misógino de sus congéneres que parece estar en una fase de incontinencia verbal inusitada.

Aunque se dice que con estos “inocentes chistes” –tal y como suelen explicar los integrantes de su partido– se estaría reafirmando una identidad popular “anticapitalista” y “anticolonial” (y según el ministro del sector sería lógicamente también “antipatriarcal”), parece no dimensionar que en lugar de fortalecer su popularidad quiebra seriamente el significado de ser la primera autoridad del país. 

Con esto no solo ofende a las mujeres, nos violenta y nos agrede, también alienta y naturaliza el machismo troglodita instalado en el Estado, el de sus correligionarios… y otros más (y sobre todo refleja su propia sexualidad). Como muchos otros, parece no haber conectado la relación entre sexo, opresión de género y poder que está haciendo estragos por todas partes. Una dramática realidad en la que él se ubica del lado de los verdugos.

Pareciera no estar muy consciente de que las mujeres somos no sólo la mitad de la humanidad sino que nuestra problemática de desigualdad, explotación, exclusión y hasta amenaza a nuestras vidas ha hecho que hoy representemos una fuerza social global que resiste la violencia misógina en cualquiera de sus formas.

 Hoy las mujeres demandamos con una determinación imparable el derecho a una vida digna y plena, sin violencias, sin doble rasero, sin las desigualdades criminales naturalizadas por el poder del clero, de los jerarcas, de la guerra y del capital.

Es probable que subestime al feminismo como un fenómeno social, político y cultural de la mayor trascendencia que está cuestionando las bases de la injusticia en la sociedad; un movimiento diverso que va constituyéndose en una de las vanguardias de la evolución de la humanidad hacia sociedades más igualitarias, solidarias, inclusivas y libres.

Le serán invisibles las predecesoras del feminismo boliviano como Adela Zamudio, Hilda Mundy, Angélica Azcui, Etelvina Villanueva o Petronila Infantes y las trabajadoras anarquistas de la FOF, que no sólo reclamaron sus derechos ciudadanos, sino que buscaban redefinir las relaciones de pareja contra la mojigatería burguesa del estado colonial republicano. No considerará siquiera el movimiento feminista que crece bajo sus narices en rebelión al machismo y el feminicidio en Bolivia.

No se habrá ni enterado del colosal movimiento de las feministas argentinas, chilenas y latinoamericanas contra el feminicidio, por los derechos sexuales y contra la misoginia, un movimiento que está instalando una agenda de transformación social más amplia y radical. 

No habrá reflexionado sobre los escándalos develados en el mundo del cine, donde las mujeres han creado el #Me Too, para denunciar el acoso, la pachotada, la discriminación y el abuso laboral misógino sentando un precedente contra el machismo instalado en el poder y fortaleciendo el feminismo global.

No habrá considerado importante que en algunos países, como por ejemplo en España –de donde algunos de sus políticos le han dado ciego apoyo– el movimiento feminista ha logrado que los sindicatos y los movimientos sociales consideren apoyar la gran huelga feminista del 8 de Marzo y cuyas grandes movilizaciones desde hace algunos años reafirman masiva y contundentemente: “QUEREMOS CAMBIARLO TODO”. 

Es que el poder machista no tiene consideración con nada y muchos otros jerarcas hacen uso abusivo de sus prerrogativas, como el caso de Putin, que afirmó hace un tiempo sin desparpajo que las mejores prostitutas del mundo son las putas rusas y que permitió que los candidatos en las últimas elecciones insultaran soezmente a la única candidata mujer que se había presentado. 

O el machismo de Duterte, el filipino que hace alarde de que las trabajadoras son presa fácil de seducción y abuso. O las torpes declaraciones de Trump y Bolsonaro sobre el trato con las mujeres. O (más cerca) el alcalde de Santa Cruz, Percy Fernández, incalificable ya por su violencia y excesos con las mujeres quien, en alianza con Morales, continúa haciendo de las suyas ante una vergonzosa tolerancia social expresada por su amigo Jerjes Justiniano (exembajador del MAS), quien se ha identificado abiertamente con el torpe machismo de su Alcalde diciendo engolosinado y hasta con gestos de sus manos que él también quisiera hacer lo mismito con ellas.

Ignorancia, torpeza y papelón común a varios otros políticos de alto rango del partido gobernante como Ciro Zabala, que sugirió que la violencia la ocasionan las minifaldas mientras que Morales dice que prefiere cholitas “sin pantys” para bailar con ellas. 

O el diputado chapareño Leonardo Loza, que hace poco se le dio por “ofrecer cholitas hermosas” a un ministro para que se quede más tiempo en el Chapare delatando abiertamente el carácter proxeneta del Estado Plurinacional. Peor aún fueron los que salieron a defender lo indefendible cuando se destituyó a Víctor Hugo Soria, director de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) de La Paz, por decir que las causas de la alarmante tasa de feminicidios en Bolivia (una de las más altas de América Latina) estarían en “el alcohol y la doble vida de las mujeres”; lo dijo justo luego de que se denunciara una violación en grupo a una joven en Santa Cruz y otra mujer fuera asesinada con 33 puñaladas por su pareja delante de sus niños en La Asunta. ¡Háganme el favor!, ¡la manada de multiplica!

La cereza de la torta la tenemos con el candidato opositor Víctor Hugo Cárdenas, que ha sugerido armar a las mujeres para defenderse del feminicidio y que no ha entendido nada ni de violencia, ni de políticas públicas, ni del papel del estado, ni de las demandas de las mujeres y parece que solo le queda alinearse con el fascismo de Bolsonaro.

Quienes no tienen la más mínima conciencia de la problemática de las relaciones de dominación, de la violencia feminicida, de su impacto en la sociedad; quienes no tienen idea del feminismo como una fuerza social de transformación, no pueden seguir gobernando el mundo. 

Es inaceptable el abuso de políticos misóginos en el poder que están convirtiendo a los estados en feudos de grotesco despliegue de machismo impune, que hacen de su mentalidad arrecha y de rapiña una política de Estado sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres. Ningún chiste.

 

 

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