Gestión municipal

Del Revilla su tragedia: las desventuras de un alcalde en tiempo de basura

El autor escribe sobre la crisis de la basura en La Paz y el problema de construir rellenos sanitarios en zonas urbanas o cuencas y la resistencia que genera.
domingo, 14 de abril de 2019 · 00:09

Juan de Dios Fernández  Funcionario del MMAyA

Amable lector ¿le gustaría leer un artículo que rememora en su narrativa a las legendarias tragedias griegas? donde el héroe, enfrentado a su aciago destino, sufre la inexorable fatalidad que los dioses le han reservado  y que la misma transcurra en el siglo XXI, y no en la lejana Grecia, sino en la ínclita y heroica La Paz.

Pues le invito a leer el Editorial de Página Siete del 29 de marzo de 2019, “Angustiante problema de la basura”, un singular relato que trata sobre la crisis de la basura en La Paz  y donde se descubre que el descrédito de la gestión del alcalde Revilla no obedece al deficiente manejo de esa crisis, sino que es resultado de oscuras conspiraciones tejidas en los pasillos del Gobierno nacional. El Editorial concede algunas licencias (por ejemplo, omite las denuncias de tráfico de influencias entre el grupo empresarial que gestiona la basura y las autoridades municipales), con el fin de lograr sensibilizarnos de nuestra propia desgracia y la del burgomaestre héroe, en su agónica gestión.

La historia inicia señalando que el bloqueo en Alpacoma fue una medida irresponsable y desconsiderada, porque llenó de basura las calles de La Paz, olvidando la suerte de los achocalleños, quienes seguramente debían resignarse a su funesto destino, con contaminación incluida.

La tragedia continúa cuando Revilla logra un acuerdo con la alcaldesa de El Alto para llevar la basura de La Paz hacia esa ciudad, iniciativa que naufraga en el mar de la incomprensión alteña   y que sirvió solo para reflejar el malestar social de esa ciudad por el mal servicio de aseo urbano con el que cuentan.

Después, el relato recala en la intención de construir el nuevo relleno sanitario en Alto Achachicala, cerca de un área que la Alcaldía declaró, en 2016, con Ley “Espacio Natural de Conservación de Agua”, y donde enfrentó, nuevamente, una férrea resistencia social de los pobladores que defendieron que no se contamine esta zona.

Finalmente, es hallado el culpable del mal hado del alcalde (redoble de tambores) “el insensible  y despreciador de la ciudad de La Paz, Ministro de Medio Ambiente y Agua”, que obstaculiza los esfuerzos de Revilla para resolver la crisis.

Tragedia aparte, la lectura objetiva de los hechos indica que gestionar la basura es un tema técnico, pero también de construcción de consensos sociales.

 Construir rellenos sanitarios en áreas como cabeceras de cuencas que producen agua, o cerca de zonas urbanas, generan resistencia social en cualquier parte, y están condenadas al fracaso si no se desarrollan esfuerzos serios de concertación, como ocurrió cuando el alcalde intentó avanzar con la construcción del relleno en Alto Achachicala, o cuando no intentó el diálogo con los pobladores de Achocalla, o de Villa Ingenio en El Alto.

 Estos errores inviabilizaron, por sí mismos, todas sus propuestas. Y solo quedó victimizarse y politizar la crisis.

En el caso del relleno de Alto Achachicala es importante mencionar tres temas: 1) la oposición de la UMSA a su construcción porque afectaría áreas de bofedales, 2) el requerimiento de la Gobernación de La Paz de una consulta social en la zona y, 3) la alerta del ministro sobre la importancia del río Khaluyo, que circunda el área del relleno, al ser éste el canal natural de traslado de agua cruda hacia la planta de potabilización de Achachicala para su posterior distribución como agua potable, implicando por ello un riesgo para la salud pública. De hecho, el 4 de abril se inauguró la primera de tres presas construidas en Alto Achachicala  y que utiliza al río Khaluyo como su vía natural de transporte de agua.

Revilla calculó mal el alcance de sus medidas. Fue él quien pidió con cartas a la Alcaldía de Achocalla el primer plazo de dos meses, para seguir depositando basura en Alpacoma y, días atrás, pidió dos meses más, que se los concedieron. Definió equivocadamente  la ubicación y construcción del nuevo relleno en Alto Achachicala. La pregunta sin respuesta es  ¿qué criterios y análisis pesaron en estas decisiones? Lo único evidente de estas gestiones es la baja capacidad prospectiva de la Alcaldía para plantear soluciones, siendo la improvisación su única arma visible para enfrentar esta crisis.

Hace 14 años, en el botadero de Mallasa, ocurrió un desastre parecido al de Alpacoma, pero menor, y por esa emergencia se autorizó el uso del actual relleno hasta que colapsó, el fatídico 15E, y La Paz vivió su primera crisis ambiental. Lo curioso es que desde hace más de 15 años la administración municipal tiene la misma gerencia (antes MSM, hoy SOL.bo) y  llama la atención que con todo ese tiempo no hayan previsto “soluciones de verdad para La Paz”, en la gestión de los residuos sólidos.

Revilla perdió crédito social en esta crisis. Revertirla no pasa por justificar la incompetencia de su administración repartiendo culpas a terceros, como sugiere el Editorial, sino por enmendar sus errores y reconstruir la confianza perdida con la ciudadanía.

¿Cómo se superará esta crisis? De hecho, la única salida visible es que Achocalla permita, por más tiempo que dos meses, seguir depositando la basura en Alpacoma. Entretanto se construya una alternativa seria, y socialmente concertada, para resolver este problema. Ese es el desafío.  Si tienen dudas, sugiero que a la usanza de los antiguos griegos  se consulte al equivalente nacional del oráculo de Delfos, y les aseguro que les dirá lo mismo.

 

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