Matasuegra

Pastilla de ubicatex

domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00

Willy Camacho  Escritor

Recientemente, el ministro Luis Arce Catacora fue sometido a un experimento, por así decirlo, y claramente quedó demostrado que quien maneja la economía del país no sabe nada de la economía familiar. Y, siendo honestos, la prueba no fue justa, porque no se puede esperar que un hombre con tantas obligaciones tenga tiempo también para ir al mercado y conocer cuánto se gasta en los productos necesarios para toda la familia. 

Y precisamente eso es lo que él debió responder, en vez de atrincherarse en su soberbia y procurar convencer al entrevistador, y a toda la teleaudiencia, de que con cien pesitos alcanza para comprar la canasta familiar.

Ante la insistencia del periodista, quien asombrado le preguntó si una familia no necesitaría leche o papel higiénico (productos que el ministro no había elegido para su canasta), don Luis dijo “bueno, depende de la familia, yo particularmente no consumo leche”. Le faltó decir, “y tampoco uso papel higiénico, para eso me sirven los periódicos del cartel de la mentira”.

¿Acaso don Luis no sabe que la canasta familiar contiene productos necesarios para las familias en general? No se trata de que si una familia no consume carne, su canasta es más barata, pues seguramente reemplazará esas proteínas por otras de origen vegetal, quizá incluso más caras. La canasta familiar no depende de los gustos particulares del ministro, sino de las necesidades de la mayoría, y se estima a partir de hechos nutricionales científicamente comprobados.

Pero, quizá don Luis quiso hacernos creer que él gasta muy poco en sus propias necesidades, que es un hombre tan sacrificado como el presidente Morales, que solo piensa en el pueblo y no es tan superficial como para gastar plata en leche. Tal vez mandó un guiño a sus jefes, haciéndoles notar que su sueldo es muy bajo, como lo hizo Marcelo Zabalaga, expresidente del Banco Central de Bolivia, hace unos años.

Recordemos que Zabalaga había ido a México para dar una conferencia magistral en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), exponiendo los logros económicos, sociales y políticos del gobierno de Evo Morales, y también participó de una mesa redonda  (“¿Hacia dónde van los gobiernos progresistas?: un análisis de la situación en el contexto de la crisis de la economía mundial”), junto con académicos de esa casa de estudios superiores  mexicana.

Precisamente en dicha mesa redonda, el señor Zabalaga reveló que “la mayor parte de presidentes de bancos centrales de gobiernos de izquierda eran de derecha”, pero él se situó como hombre de izquierda y, desde esa posición, defendió la austeridad salarial del sector público boliviano, indicando que la gente, cuando escucha a un funcionario que gana poco, le cree (porque esto demostraría coherencia, pero, si efectivamente la gente midiera la honestidad de los servidores públicos por su nivel salarial, vestimenta o humildad, nadie podría creer en nada de lo que dice el presidente Morales, quien no solo viste ropa de alta costura, sino que no repara en gastos para realizar viajes con todo el confort de un empresario capitalista, a diferencia del expresidente uruguayo, que viajaba en vuelos comerciales o haciendo “dedo” a la expresidenta argentina).

Digresión aparte, don Marcelo Zabalaga hizo hincapié en los bajos salarios de los funcionarios públicos bolivianos (¿indirecteando al jefazo?) y dijo que el éxito del proceso de cambio radica en no pagar bien a las autoridades, “todos los que estamos en el sector público como autoridades ganamos muy mal”, aseguró, y sin ruborizarse, declaró que “uno aprende a sobrevivir, como todo el mundo, con pocos ingresos, y tiene que darle vuelta al cuello de la camisa o retejer los calcetines”.

¡Qué tal! El expresidente del BCB tiene que remendar medias, y el Ministro de Economía apenas gasta 100 bolivianos en el mercado… El primero, en la época cuando dio esa charla en México, ganaba 17.306 bolivianos, y el segundo debe ganar alguito más; si ellos viven tan apretados, ¿cómo vivirán los trabajadores que ganan el salario mínimo? Porque la verdad es que, aunque los salarios han subido y muchos han salido de la extrema pobreza, la brecha entre ricos y pobres ha crecido.

En México, Zabalaga explicó que el gobierno de Morales había implementado varias políticas para lograr la redistribución de ingresos y así reducir la brecha de desigualdad. Mencionó, por supuesto, como medida estrella, el doble aguinaldo, y dijo que gracias al presidente Morales los empresarios aceptaron trabajar duro para pagar ese beneficio. En esto hay dos falacias, porque, en realidad, el sector empresarial no está de acuerdo (por motivos económicos razonables) con el pago del doble aguinaldo. 

Además, aunque es evidente que esta medida favorece la redistribución de ingresos, no es equitativa ni disminuye la brecha entre pobres y ricos, sino todo lo contrario (supongamos que Juan es portero y gana 1.400 bolivianos, y que Pedro es jefe de sección, con un sueldo de  7.000 bolivianos. Entre ambos hay una diferencia salarial de 5.600 bolivianos. Con el doble aguinaldo, los ingresos de Juan y Pedro se triplican, y la brecha también: Juan recibirá  4.200 bolivianos y Pedro  21.000 bolivianos, es decir que la diferencia será de  16.800 bolivianos).

Asimismo, desde el presidente hasta el último vocero del MAS, los oficialistas se empeñan en hacernos creer que han hecho mucho para disminuir la desigualdad y sacar a la gente de la pobreza, cuando lo cierto es que sólo han beneficiado a élites que emergieron con el auge económico de la última década. Así, contrabandistas, cocaleros, funcionarios públicos, entre otros, tienen ingresos muy por encima del trabajador formal o informal. Incluso algunos pueden darse el lujo de hacer fiestas fastuosas de tres días, sin que la UIF investigue el origen de los fondos que financian semejante alarde de riqueza.

Pero como los mandamases de la economía nacional andan tan desconectados de la realidad, qué se puede esperar. Quizá les hace falta esas famosas “pastillas de ubicatex”, aunque tal vez sí las tomaron, pero resultaron ser truchas, porque con sus pobres salarios solo pueden comprar medicinas de contrabando, ¿no?
 

 

Confidencial

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