Homenaje

José Luis Roca, a los 10 años de su muerte

Abogado, historiador, político y periodista José Luis Roca tuvo una importante contribución al país y de ello da cuenta su hijo Miguel Antonio.
domingo, 28 de abril de 2019 · 00:00

Miguel Antonio Roca   Ingeniero civil y economista

El pasado 7 de abril se cumplieron 10 años del fallecimiento del abogado, historiador, político y periodista José Luis Roca García. Buena parte de su obra historiográfica, de sus planteamientos sobre diversos temas de política estatal y de sus siempre polémicos artículos y editoriales de prensa tiene plena vigencia y relevancia en este año electoral de 2019. El presente artículo refleja, más que su obra escrita, el pensamiento de mi padre, transmitido durante más de 40 años de tertulias familiares.

José Luis Roca nació en 1935 en Santa Ana del Yacuma, donde transcurrió su primera infancia. Criado en Santa Cruz hasta salir bachiller en 1952, formado en la universidad en Sucre y radicado por los siguientes 40 años en La Paz, mi padre tuvo el privilegio de poder interpretar el país desde sus propias vivencias de los sentimientos regionales. 

Quizás esta experiencia personal fue el germen de lo que sería el primero de sus libros en interpelar a la intelectualidad boliviana: Fisonomía del regionalismo boliviano, publicado en 1979. Fundamentado en la historia nacional vista desde las regiones, el libro causó perplejidad y hasta bronca entre los intelectuales de la época, al desafiar la célebre máxima de Marx con su frase-tesis de apertura: “la historia de Bolivia no es la historia de la lucha de clases. Es más bien la historia de sus luchas regionales”. 

Para JL Roca, las luchas de las regiones frente al centralismo imperante han moldeado la historia nacional. Federalismo, descentralización o autonomía eran para él pequeñas variantes de la misma  y constante fuerza histórica de las regiones, que por dos siglos vienen demandando el derecho a generar y disponer de sus propios recursos para atender las necesidades más apremiantes de su gente. Este 2019, el candidato que ignore este inexorable anhelo de diseño estatal y política fiscal, parece estar predestinado al fracaso electoral.

Es probable que Ni con Lima ni con Bueno Aires (2007), que ya forma parte de la Biblioteca del Bicentenario, sea la opera magna de JL Roca. En ella plantea una original tesis sobre el nacimiento de Bolivia con “la formación de un Estado nacional en Charcas” y el rol primigenio de Casimiro Olañeta en la creación de la república, tesis que rompió con una corriente predominante en la historiografía tradicional boliviana. Al vigor de las regiones que dio forma a la lucha independentista, se sumó en la visión de JL Roca la voluntad de todas ellas de poder comerciar libremente con otras regiones, más allá de los límites virreinales y de los que se convertirían en límites nacionales. En numerosas publicaciones, mi padre propugnaba una liberación total del comercio, eliminando los aranceles a la importación. 

De hecho, como Senador por el departamento de Pando, concibió y propició la Ley de Zona Franca para Cobija. No obstante, dos siglos después de que los revolucionarios paceños declararan que “el comercio es la fuente de la felicidad pública” y decretaran el libre comercio en 1809 (título de otro libro de JL Roca, publicado el año 2000), el Estado boliviano sigue inmerso en una política fiscal originada en la colonia, pese a su rotundo y centenario fracaso en la lucha contra el contrabando. 

Si bien en el siglo XIX la renta aduanera representaba más del 95% del ingreso fiscal, hoy en día significa menos del 5%, pero los sucesivos gobiernos han mantenido el mismo régimen comercial y tributario, poniendo a la gran mayoría de los bolivianos al margen de la ley, en una increíble persistencia en el error. La realidad económica del siglo XXI hace imperativa una revisión de ese pernicioso paradigma, diría con seguridad JL Roca. 

La relación entre los recursos naturales y el Estado fue otra de las constantes preocupaciones de mi padre. Hasta el final de sus días se sintió orgulloso de haber propiciado y firmado, como ministro de Estado en el gabinete del general  Ovando, el decreto de nacionalización de la Gulf Oil Company en 1969. Luego de la apertura democrática y la debacle económica sufrida durante el gobierno de la UDP, apoyó desde su rol de periodista –como columnista y codirector de La Razón– la Nueva Política Económica emprendida por Víctor Paz en 1985. No obstante, desde su misma trinchera periodística y en su libro Bolivia después de la Capitalización (2000), JL Roca fue un duro crítico de lo que llamó “una privatización diferida” de las empresas estatales, emprendida por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Denunció –como resultado de un profundo análisis jurídico de los documentos de la capitalización– que las AFP administraban sin contrato alguno las acciones de los bolivianos y que, como resultado, nadie cuidaba de nuestro patrimonio. “Sólo una persona me hizo caso, la única que valía la pena que lo hiciera”, me dijo varias veces. Se refería a su amigo  Andrés Soliz Rada, el primer ministro de hidrocarburos de Evo Morales. A pedido del ministro, JL Roca redactó los artículos 6 y 7 del DS 28701 “Héroes del Chaco”. Pasada la polvareda de la falaz propaganda oficial del MAS, se evidencia que el artículo 7 es el único que nacionaliza algo: las acciones que le hacían falta a YPFB para controlar el 50%+1 del paquete accionario en Transredes, Chaco y Andina. Esta concepción de empresa mixta –con un eficiente y transparente control estatal y bajo las reglas del mercado– es la que ni Goni ni Evo lograron entender, pero es la que el país necesita y la gente quiere, después del gran desengaño de la capitalización y de la supuesta “nacionalización”.

José Luis Roca amó de manera terca y profunda a Bolivia. Recorrió sus confines, estudió su historia, se consustanció con sus problemas y vivió obsesionado por encontrarles solución. Eso es lo que refleja su prolífica obra, cuyas ideas y planteamientos están hoy más vigentes que nunca. Ha sucedido lo que mi padre más temía: que se dijera de él que “fue un hombre que se adelantó a su tiempo”.

 

Confidencial

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