Matasuegra

Odiadores

La Ley 045 puede ser un aporte para la construcción de una sociedad intercultural, pero jamás se materializará, si ni siquiera las autoridades que la impulsaron son capaces de respetarla.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:00

Willy Camacho Escritor

El pasado lunes, Félix Cárdenas fue removido del cargo de Viceministro de Descolonización, en el cual se desempeñaba desde 2010. Desde ese puesto, la exautoridad fue implacable, de palabra, con todo aquel que osara referirse de “mal modo” al presidente Morales. Tengo la impresión de que la Ley 045, Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, fue promulgada (en 2010, casualmente) para que don Félix pudiese solazarse persiguiendo opositores, aunque, en los hechos, quedó relegado a un puestito de adorno nomás.

No tengo nada en contra de dicha ley, todo lo contrario, porque creo que en un país como el nuestro, donde el racismo y la discriminación se mantienen muy saludables, si no hay conciencia personal, debe haber ley común que luche contra este flagelo. El problema es cuando la norma es aplicada de manera distorsionada o cuando se la aplica de manera discriminatoria, irónicamente.

Recientemente, un internauta (un hater, odiador) publicó comentarios indolentes sobre el deslizamiento ocurrido en La Paz. Este sujeto manifestó abiertamente su odio hacia esta ciudad y sus habitantes, y, por eso, el fiscal Luis Fernando García informó que “el Ministerio Público abre de oficio una investigación en contra de la persona que difundió situaciones ofensivas sobre el desastre natural que sufrió La Paz y que se hicieron virales en las redes sociales”. 

Además, la autoridad indicó que las agresiones verbales por motivos racistas y discriminatorios pueden ser sancionadas con privación de libertad.

Sin lugar a dudas, quien escribió esos comentarios es un idiota, quizá padece algún trastorno mental, pero no veo motivo alguno por el cual tenga que ser perseguido por la justicia. 

El sujeto expresó su odio, ¿acaso no tiene derecho a hacerlo?, ¿acaso eso no entra dentro de la libertad de expresión? El odio es un sentimiento, y si alguien quiere compartir sus sentimientos con el mundo, allá él. Entonces, el Ministerio Público está gastando tiempo, dinero y esfuerzo en perseguir a un atorrante, en vez de ocuparse de asuntos serios.

Lo mismo pasaba con el exviceministro Cárdenas, para quien cualquier dicho ofensivo en contra del presidente Morales era discriminatorio. Por ejemplo, si alguien llamaba tonto a don Evo, don Félix convocaba a la prensa y anunciaba que ese alguien estaba discriminando al Presidente y por la Ley 045 iba a ser enjuiciado y blablablá. Don Félix confundía insulto con discriminación, e intentaba acomodar la ley a su propia percepción de los hechos.

Peor aún, además de distorsionar el alcance y aplicación de la Ley 045, don Félix se hacía de la vista gorda cuando sus correligionarios políticos sí infringían la norma abiertamente. Recuerdo que un caso emblemático fue el de la exministra de Comunicación Amanda Dávila, quien lanzó una ofensiva contra el periodista Raúl Peñaranda, quien, sin lugar a duda, se enmarcaba en lo que la ley establece como discriminación, dado que doña Amanda utilizó como principal arma de ataque la nacionalidad chilena del exdirector de Página Siete, y don Félix ni se inmutó.

La Ministra acusó a Peñaranda de atentar contra intereses bolivianos, y como no contaba con pruebas, recurrió a argumentos falaces construidos sobre la base de la xenofobia. Según ella, la nacionalidad del periodista era suficiente para demostrar sus supuestos afanes prochilenos, con lo cual descalificó su idoneidad profesional. En otras palabras, lo discriminó por ser chileno (y ojo, que él también es boliviano).

Ni qué decir del vicepresidente Álvaro García Linera, quien desde hace años viene descalificando, por ejemplo, críticas y opiniones contrarias al Gobierno, aduciendo que provienen de neoliberales o miembros de la derecha. Bajo la lógica del discurso oficialista, ser o haber sido de ADN, el MIR o el MNR representa prácticamente un delito, y se le da ese sentido para descalificar cualquier iniciativa promovida por (ex)militantes de esos partidos. La criminalización de la filiación política e ideológica (que per se constituye un hecho discriminatorio) se ha vuelto tan normal que los directos afectados ni siquiera llegan a amenazar con formalizar una denuncia.

Asimismo, el ministro Carlos Romero ha ninguneado diversas denuncias vertidas por exfuncionarios que hoy están acusados por cargos de corrupción y extorsión. Para Romero, la palabra de estos ciudadanos carece de valor por tratarse de “delincuentes”, pasando por alto que hasta el momento siguen siendo procesados, es decir, aún no se los ha declarado culpables. 

Fuera de este detalle, las expresiones del Ministro son discriminatorias porque descalifican la opinión de los acusados debido a que, precisamente, son acusados.

Puede ser que eso no esté explícitamente definido como forma de discriminación; no obstante, la sabiduría de los redactores de la Ley 045 consideró este tipo de omisiones, por lo que tuvieron a bien incluir “u otras” al final de la enumeración que detalla las causas más evidentes de discriminación. 

Dentro de esas “otras” se incluye (por sentido común y coherencia legal) aquellas que son menos evidentes (aunque quizá bastante frecuentes), desde la preferencia futbolera (bolivarista, estronguista, orientista...) hasta la situación legal/judicial (acusado, detenido, condenado, exonerado…).

Si bien es cierto que las actitudes discriminatorias no son exclusivas del oficialismo, preocupa especialmente que funcionarios del Ejecutivo incurran en ellas, por el fundamental motivo de que los administradores del Estado deben dar ejemplo de conducta y respeto a las leyes. Al menos ese cambio esperaba la ciudadanía. Y el colmo es que el ministro Romero, con aire de indignado, advierta con procesar a quienes los descalificaron en las redes sociales por su ineficiencia en el caso Montenegro, ¿considerará que lo discriminan?

La Ley 045 puede ser un aporte para la construcción de una sociedad intercultural cada vez más tolerante y respetuosa de la diversidad. Pero el aporte jamás se materializará, si ni siquiera las autoridades que la impulsaron son capaces de respetarla, o si se empeñan en aplicarla de manera insulsa o sólo con fines de vendetta política. Ellos son los verdaderos odiadores.
 

 

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