Visión global

Sacando ventaja de la batalla China-EEUU

En medio del enfrentamiento comercial entre China y Estados Unidos, América Latina juega a quedarse con lo mejor de ambos mundos.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:00

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Las bolsas de valores del mundo tambalearon con el más reciente enfrentamiento entre las principales economías del mundo: Estados Unidos y China. En medio de mutuos señalamientos de supuestos incumplimientos de acuerdos, subidas de tono y amenazas de sanciones de lado y lado, varios países de América Latina sonríen con uno y coquetean con el otro, tratando de garantizar lo mejor que pueda salir de esta confrontación.

Una evidencia de esta situación la dio el nuevo mandatario de Panamá, Laurentino Cortizo, quien  pidió más atención de Estados Unidos a Centro América, asegurando que de no hacerlo China seguiría aumentando su influencia en la región. Cuando para nadie es un secreto que el istmo avanza de forma decidida en aumentar su relación diplomática con ambos inversionistas. Como dice el adagio: en río revuelto, ganancia de pescadores.

También ha sido notorio como varios países rompieron la barrera que contenía la posibilidad de relación con China, y que por muchos años fue haber mantenido una relación diplomática con Taiwán. Es el caso del mismo Panamá en 2017, sin importar que era el principal aliado comercial de Taipéi, o de El Salvador en igual sentido el año pasado.

Un episodio menos conocido, pero quizás una de las estrategias más efectivas de China en la región es lo que se conoce como “la nueva ruta de la seda”, una serie de tratados con el gigante asiático que facilita su expansión comercial a nivel global.

La iniciativa del gobierno del presidente Xi Jinping a la que se han sumado cerca de 200 países, y que busca conectar a China con África, Medio Oriente, Europa y, por supuesto, a América Latina, busca a partir de acuerdos y un engranaje de proyectos de infraestructura en todo el mundo, aumentar su presencia económica.

La reciente adhesión de Perú a “la ruta”, evidencia el silencioso pero certero avance de la estrategia diseñada en Pekín. Primero lograron acuerdos con países pequeños, pero, con los peruanos en sus filas, ya empiezan a sumar a los grandes del continente.

La resistencia viene de México, Brasil, Colombia y Argentina, aunque este último no oculta su interés por ser parte del nuevo club asiático. Estos países siguen siendo el eslabón que le falta a su cadena.

A nivel global, Estados Unidos tiene muchos frentes que atender, pero es claro que los avances de China en su mismo hemisferio, si bien no le quitan el sueño, si le producen desasosiego. La avanzada China enfrentó un duro anuncio del presidente Estadounidense, Donald Trump, que no significa otra cosa que el temor a perder el poder de la economía mundial. De ahí que como un grito desesperado en medio de un barco que se hunde, la potencia americana anunció el aumento de los aranceles del 10 a 25% en productos chinos, una decisión que dejó al país asiático fuera de base, obligándolo a negociar.

Para algunos es el cierre de una brecha comercial, para otros significa un aumento de influencia geopolítica de China a través del endeudamiento de los países vinculados. Una fórmula que numerosos países de América Latina han comprado a ciegas.

Ante el péndulo de intereses económicos, Estados Unidos tiene un talón de Aquiles frente a China, un déficit de la balanza comercial, que es el equilibrio entre importaciones y exportaciones, que oscila alrededor de 375 mil millones de dólares y que pone al país asiático en ventaja como economía mundial.

En este panorama es que el cambio de gobierno en Panamá cobra relevancia. Dentro del debate electoral en Panamá, Laurentino Nito Cortizo no puso sobre la mesa el tema de las relaciones diplomáticas y comerciales con las potencias globales, razón por la cual no es clara la forma en que su gobierno tendrá una propuesta con la capacidad de atender esta problemática y salir sin recibir impactos.

Gran parte del interés de las dos potencias mundiales por Panamá es su canal, uno de los espacios más importantes del comercio marítimo mundial que conecta con los océanos Atlántico y Pacífico, de esta manera, el país del canal tiene que navegar en un mar de intereses divididos, por un lado la preocupación de Estados Unidos por la alta y rápida presencia de China y, por el otro, las oportunidades que el gigante asiático ofrece como un posible inversionista en desarrollo de infraestructura que le permitirá economizar costos del comercio.

Paradójicamente, como reseñó el periódico El País citando al economista Eddie Tapiero, los primeros chinos llegaron al istmo a mediados del siglo XIX para participar en la construcción del ferrocarril que conectaría los dos océanos. Ahora “lo hacen como actor fundamental en la inversión y en la financiación de grandes proyectos de infraestructura”.

Este es el panorama actual: Pekín busca que el país del canal sea un punto estratégico para su expansión comercial, relaciones inversionistas y diplomáticas en la región, paralelo a esto, Panamá espera que el país asiático invierta aún más en infraestructura (ya supera los 2.500 millones de dólares) y le abra las puertas a su economía, pero al mismo tiempo, comparte con Estados Unidos programas de seguridad, lucha contra la migración, lavado de dinero, negocios en el Canal y narcotráfico.

La rivalidad de Estados Unidos frente al empoderamiento económico de China obliga a América Latina a encontrar un nuevo plan para hacer negocios en medio de la guerra comercial entre los dos gigantes de los que hoy dependen sus principales relaciones comerciales.
 


América Latina: la galleta de la fortuna para China
 

Estados Unidos y China dieron una pequeña muestra, como apenas un mordisco de una galleta de la fortuna, de lo que se vislumbra para la región latinoamericana en los próximos años: el Gobierno estadounidense, bajo la administración de Donald Trump, anunciaba un incremento aproximado de  200 mil millones de dólares en aranceles para productos de fabricación china. Como si arremetería, un día después, a su vez, China anunció una subida de  60.000 millones de dólares a productos de fabricación estadounidense. Los aranceles serán efectivos desde el próximo 24 de septiembre, según lo reportó la BBC.

Fotos: AFP

La rápida acometida comercial se da mientras el presidente venezolano Nicolás Maduro –con polémica incluida por contratar a un chef de lujo– está acercándose nuevamente al gigante asiático en busca de créditos que den liquidez a una alicaída Venezuela a cambio de ventas favorables de petróleo. Maduro le dará a china un 9,9% más de participación a los asiáticos en la empresa petrolera Sinovesa, donde China ya tenía  40% de participación.

A juzgar por la trayectoria comercial de los asiáticos en Latinoamérica, lo mismo han buscado durante los últimos 10 años gobiernos de la región: tratos comerciales económicos fuera de la esfera de Estados Unidos.

Latinoamérica tuvo mucho que ver en que China se convirtiera en pocos años en la segunda potencia económica mundial que es ahora, en especial porque centró su atención en el financiamiento de proyectos extractivistas, como las mineras, a través de cercanías con gobiernos de la izquierda latinoamericana, como Bolivia.

En unos países como inversionista y en otras como proveedora como ocurrió en Brasil, Ecuador, Perú y Argentina  buscaron en su momento tratos comerciales en la industria de las materias primas –petróleo sobre todo– con China. Sin embargo, de esos tratados también quedaron cuestionamientos. Por ejemplo, el expresidente Rafael Correa y varios ministros son investigados por aumentar el endeudamiento público externo con China hasta 160%.

Otros movimientos políticos recientes ayudaron  a salpimentar la relación entre China y Estados Unidos: la reciente ruptura de El Salvador de relaciones diplomáticas con Taiwán, decantándose por China; siguiendo los pasos de República Dominicana en mayo de este año, y del Gobierno de Panamá en 2017, que actualmente enfrenta críticas públicas por proponer como ubicación de la Embajada china a Amador, lugar que los panameños consideran de una sólida soberanía, ya que fue el lugar donde estuvieron las bases estadounidenses más importantes.

El apoyo de China a proyectos en la región no ha estado exento de polémica y señalamientos de corrupción como el caso ecuatoriano; o el de Bolivia, donde vinculan al presidente Evo Morales beneficiando con contratos a una empresa de capital chino, dirigida por su amante.

¿Ha detenido a los países latinoamericanos en la búsqueda de aliados comerciales? Ni de lejos, como lo demuestran la reciente gira de Maduro y la de Morales, en junio pasado.

China crece en la región mientras su contrincante parece dormido. ¿Y cuál ha sido la reacción del Gobierno estadounidense? Tardía. Ya desde diciembre del año pasado, El País apuntaba a que la falta de estrategia de Trump está posibilitando más la expansión e influencia de China en Latinoamérica. 

“Mientras la administración de Trump rompe acuerdos y cuestiona alianzas, el gigante asiático impulsa los lazos políticos, culturales y sociales con la región”, reseñó el rotativo en clara alusión a la ruptura de tratados comerciales. No sólo eso: Trump se ha generado suficientes anticuerpos ante una retórica abiertamente antiinmigrante. 

De hecho, la subida de los aranceles busca potenciar que los estadounidenses consuman productos locales: America for the Americans.

Como si apenas se diera cuenta del papel de América Latina hasta inicios de septiembre, Trump decidió llamar a los jefes de misión diplomática de El Salvador, República Dominicana y Panamá para analizar mejores estrategias, ante la apertura de relaciones diplomáticas con China.

La lenta reacción de la administración Trump y su falta de reconocimiento público de que Taiwán promovió múltiples casos de corrupción en la región, para granjearse aliados políticos, dejan en claro el avance imparable y definitivo de China en Latinoamérica.

Por su parte China, con tres visitas oficiales a Latinoamérica en tres años, tiene una estrategia más agresiva y clara para conseguir uno de sus objetivos: expansión. Apostarle a las industrias extractivistas como el petróleo, las minas, el gas, el manejo de puertos marítimos y otros en la región mientras su cooperación sea necesaria. Tan rápido y sencillo como abrir su galleta de la fortuna.