Especial Eurocámara

Elecciones del Europarlamento, entre el nacionalismo y ¿...?

Estos comicios son, por primera vez, cruciales para la existencia de la Unión, habida cuenta de la ola nacionalista que azota al continente y la falta de un nuevo relato europeo.
domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:00

Carlos Decker-Molina Periodista boliviano radicado en Suecia

Se cuenta que un rey que había perdido legitimidad quería reconquistarla para contentar a su pueblo, decidió aprender a volar como los pájaros, si lo lograba, renacería la fe en el futuro y rehabilitaría su reinado. El rey convocó a sus sabios, les presentó la propuesta y comenzó la gran deliberación.

 Los sabios citaron a las aves para encontrar el pájaro más adecuado para arrebatarle el secreto del vuelo. 

Pasó el tiempo, el deterioro del reino era cada vez más evidente; el rey descubrió que sus sabios no veían “el volar”, lo que observaban eran las diferencias entre los pájaros. 

A la Comisión de la Unión Europea le pasa lo mismo que al rey de la metáfora. Y los sabios son los miembros del parlamento. 

Las elecciones parlamentarias del 26 de mayo (en el Reino Unido y los países bajos fue el 23) son, por primera vez, cruciales para la existencia de la Unión, habida cuenta de la ola nacionalista que azota al continente y la falta de un nuevo relato europeo.

Hace cinco años las elecciones parlamentarias mostraron un cierto ascenso en la participación ciudadana porque años anteriores el promedio europeo no pasaba del 35% de participación.  

En ese momento la UE era como la familia de su expresidente Van Rompuy, un poeta liberal, que tiene una hermana que era presidente de los maoístas belgas y un hermano que, en aquel momento, era el mandamás de los nacionalistas, furibundo separatista flamenco, pero la familia Rompuy se reunía en la Navidad y no hablaba de política. 

En la última elección (2014) subió la tendencia al 43% y, se piensa que este año aumentará considerablemente debido a la innegable dicotomía entre nacionalismo y universalismo (¿?). 

Los enemigos de la UE son visibles, lo que no se puede entrever es la contrapropuesta, porque hablar de universalismo es vago, suena a globalismo, para muchos, sinónimo de capitalismo o, peor aún, neoliberalismo.

La familia Rompuy tendría que discutir y enfrentar sus ideas políticas en la Navidad, incluso intercambiar sopapos verbales en lugar de regalos, es decir reemplazar el silencio con la controversia democrática.  

Los enemigos externos tienen nombres como Nord Stream 2 o la nueva ruta de la seda; o la guerra comercial de Trump y su desprecio por la OTAN. Los internos son reflejo de los de afuera y en términos ideológicos se expresan en el nacionalismo. 

 

Rusia 

Nord Stream 2 es la apuesta rusa más importante, le interesa concretar el acuerdo que, multiplicará por dos el aprovisionamiento de gas ruso a Alemania. El problema es que Alemania es el socio más importante de la UE y dentro la unión hay países como Polonia que se oponen al proyecto “por razones de seguridad”, idéntica tesitura tiene la Casa Blanca, aunque por otros motivos.  

El Europarlamento votó una resolución que repite la posición de Washington que tiene sus peones como Polonia y los países bálticos. Nord Stream 2 “incrementa la dependencia europea del abastecimiento con gas ruso, amenaza el mercado  interno europeo y sus intereses estratégicos (…) y, por consiguiente, hay que ponerle fin”. 

La intención de Washington es sustituir el aprovisionamiento energético ruso por el suyo, aunque más caro. 

 

China

La Nueva Ruta de la Seda,  la estrategia de Pekín, necesita socios no solo europeos. No puede negociar en conjunto porque la Comisión Europea (CE) recordó a sus miembros que China  es un socio, pero también un competidor y, lo más importante, “un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza”. A pesar de la advertencia, Italia con el actual gobierno de derecha hizo caso omiso del recordatorio y suscribió acuerdos con China.

Otro elemento considerado como amenaza es la digital. China ligada al desarrollo de las redes 5G  es sinónimo de Huawei, occidente consideran que el objetivo es el espionaje por eso la UE escribe: “salvaguardar las infraestructuras ‘digitales’ críticas ante amenazas potencialmente serias contra la seguridad”. 

La amenaza digital rusa se concentra en el ataque de trolls fabricados en Internet Research Agency en San Petersburgo, publican noticias falsas y coadyuban a los partidos anti sistémicos como el Frente Nacional convertido en Reagrupamiento Nacional (RN) o la Lega (Norte) de Italia. Los rusos metieron el dedo digital en el Brexit e intentaron hacer lo mismo en Francia. 

Europa está más preparada de cara a la amenaza digital rusa, pero, China actúa de otra manera y puede romper consensos en esta etapa de retorno a los nacionalismos. 

El comandante Supremo de la OTAN, el “general” estadounidense Scaparrotti, ha advertido que las redes móviles ultrarrápidas de quinta “generación” están llamadas a desempeñar un papel cada vez más importante en las capacidades “bélicas” de la OTAN y que, debido a ello, no se admiten “ligerezas” de parte de los miembros de ese bloque militar. Una advertencia contra el establecimiento de la empresa china Huawei en territorio de la UE. 

Cuando el peligro chino se compara con la venta de material digital personal de la empresa Cambrige Analytica para favorecer la campaña electoral de Trump, se recuerda que la empresa aludida pudo ser acusada y hasta sancionada porque actúa en un medio democrático algo que no pasaría con las empresas chinas ligadas al régimen?

Los enemigos internos

Los enemigos externos tienen socios que se convierten en los quinta columnistas al interior de la UE, pero, el peor enemigo es la predominancia del hecho económico por encima del político y de la realidad social.

No podemos hablar de una nueva Liga Hanseática, pero, hay un parentesco, porque los estados miembros del norte, incluyo a Suecia, son defensores extremos del pacto de estabilidad que impone la disciplina presupuestaria. 

Los del este, sobre todo los exsocialistas desean pertenecer a un espacio mercantil, aprovechan la ayuda de UE para engordar sus esmirriadas burocracias. Están orgullosos de la piscina de su nueva casa, aunque no sepan nadar. Encabezados por Hungría y Polonia intentan una UE económica antes que política. 

Rumania recibe millones de euros para sus minorías entre ellas la romaní (gitana) que sobrevive de la mendicidad en países como Suecia. Esos millones engordan a sus burocracias corruptas. 

El eje franco-alemán, muy importante desde Mitterrand y Kohl, está a la espera de la nueva canciller, dicen discípula de Merkel, pero hasta no verla en acción sigue siendo una incógnita, además depende de las elecciones alemanas. 

Alain Minc, ensayista, financiero y mentor de presidentes, definió la línea de Macron como un “populismo mainstream”. Macron ha escrito un programa con reflejos populistas, pero manteniendo la policía social de mercado. 

El resto de la UE no son bloques o países hegemónicos, aunque hayan parecidos por ejemplo entre Italia y Hungría, entre Polonia y Chequia, los cuatro pueden convergir con algún otro como Bulgaria o Rumania, pero no actúan como bloque. 

España, Portugal y Suecia tienen el rótulo progresista, pero con más dudas que certezas.

Lo que es evidente son las vías de tránsito, una de ella es la conservadora (PPE) El estancamiento del crecimiento es su obra y pena. Está última década, no ha sido buena para la ciudadanía, a pesar de ello no cambian su visión neoliberal.  

Macron quiere liderarla vía liberal en alianza con el socialismo democrático, pero son olas que embisten el muro alemán sin hacer mella. Hay un bloqueo evidente a las propuestas de Macron, como la creación de la Agencia Europea de Protección de las Democracias, Oficina de Asilo bajo un Consejo Europeo de Seguridad Interior y el Consejo Europeo de Innovación de para nuevas Líneas Tecnológicas. 

La propuesta está considerada como federalista, aunque no se advierte el federalismo cuando Macron habla al interior de Francia.

La ultraderecha recoge los frutos envenenados del desastre social (dumping social), parece unida, pero en realidad cada nacionalismo se afirma con el debilitamiento del nacionalismo del vecino.

 

La Europa de las Naciones

Originalmente planteada por Charles de Gaulle en los 60, es una narrativa que hace 15 años está en poder de la ultraderecha, se expresa en el discurso negativo, contra los flujos migratorios, contra la Europa de los funcionarios, contra la globalización y la pérdida de identidad nacional. 

El anhelo es doble: afianzar los liderazgos nacionales al mismo tiempo que, gracias a ellos, extender su peso en el Parlamento Europeo para terminar aunando, bajo una misma bandera, a los tres grupos soberanistas y populistas de extrema derecha que hoy existen en la Eurocámara y suman cerca de 150 eurodiputados: la Europa de las Naciones y las Libertades (ENL), donde están Salvini y Le Pen: los Conservadores y Reformistas europeos (CRE), donde están los polacos, y el ELDD, Grupo de Europa de la libertad y la democracia directa del británico Nigel Farage. 

Si esto ocurriese, los ultras se convertirían, de la mano de Le Pen y Salvini, en el segundo grupo del Parlamento Europeo, apenas detrás de los conservadores del PPE. 

Contar con un grupo unificado de ultraderecha en el Parlamento Europeo sería para como pasearse con una bomba de tiempo dentro del recinto. Lamentablemente las derechas clásicas se acercan cada vez más hacia la ultraderecha para restarle votos y esta última, para ampliar su aspiradora electoral, modela sus propuestas según el enfoque de la derecha tradicional.

“Si hubiera más crecimiento no habría crecimiento de la ultraderecha, y ¿cómo se podría generar más crecimiento? con más liberalización”, sostiene Robert Menasse, enfatizando en el error de Bruselas. 

Cuando los conservadores hablan de futuro hablan de una prolongación, con un mínimo de contratiempos, del presente y no del futuro.

El discurso de la ultraderecha se alimenta del fracaso neoliberal, del odio feroz al feminismo radical y son declaradamente islamófobos. Su intención es mostrarse como víctima de la represión de los liberales, marxistas-culturales. Su discurso es moralista, quieren ser los restauradores del capitalismo nacional y la moral cristiana.

Lo único a mano para contratacar el avance de la ultraderecha es recordar el pasado de Europa, situado en Polonia, concretamente en Auschwitz, en ese lugar culminó el nacionalismo su tarea criminal. A quienes repiten el “nunca más” de la Segunda Guerra Mundial es bueno recordarles que Srebrenica es otra tumba europea reciente con epitafio nacionalista. 

Si los conservadores no buscan alianzas con los liberales y la izquierda, el Europarlamento será propiedad de los Salvini y Le Pen. Y, nacerán como hongos los euro-destructores, nacionalizadores de sus constituciones, su cultura y su prensa.  Impondrán la moral cristiana lo que importaría sancionar el aborto, la homosexualidad, las células madres y otros avances de la ciencia y el derecho.