Correlación de fuerzas

La Europa de las “medias tintas”

La migración, los gastos y la seguridad encuentran posiciones divergentes entre una pragmática Merkel y el “intelectual” Macron.
domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:00

Carlos Decker-Molina Periodista boliviano radicado en Suecia

El camino hacia adelante de la UE, por lo menos estos cinco años para los que se elige el Europarlamento, no será el de Orbán ni el de Macron.   Vivimos en un continente en el que los compromisos son importantes, las negociaciones y las colaboraciones políticas están por encima de los cambios profundos. Probablemente lo que aquí escribo emerge de la realidad y otro poco es una expresión de deseos, pero, con asidero en la historia. 

Se debe admitir que las “máximas” decisiones no están nunca por encima de Alemania o quizá de Angela Merkel, ella y muchos otros políticos europeos aprecian el entusiasmo europeísta de Emmanuel Macron porque toma en serio las amenazas de la extrema derecha y, según su proyecto, una Europa más federalista eliminaría la plataforma de los extremismos. 

La diferencia con Angela Merkel es que la canciller germana quiere mantener a los países de la UE juntos, no importa que sea un matrimonio mal avenido. Si Macron es más intelectual, Merkel es más pragmática. Si Macron es como el nuevo arquitecto, Merkel es la constructora que deja en pie las estructuras y arregla los muros y las ventanas. 

La respuesta oficial de Alemania al artículo de debate de Macron publicado varios periódicos  no vino de Merkel porque ya tiene heredera, fue AnnegretKramp-Karrenbauer (AKK) sucesora de Merkel en la presidencia de Demócrata Cristiana.

AKK comparte la opinión de Macron de que Europa debe fortalecerse y desempeñar un papel activo en política exterior. El consenso sobre la migración, la política climática y la protección de las fronteras exteriores de la UE son los temas en los que coinciden. 

La duda más importante está en materia  salarial, AKK duda sobre la posible coordinación de los sistemas de seguridad social y las normas con respecto a los salarios mínimos. 

Hay países como Alemania y Suecia, con normas de seguridad social muy altas que, en caso de europeizarlas, tendría que bajar su calidad para encontrarse con el resto de Europa en un promedio que, para los rumanos sería extraordinario. 

En el debate electoral de estos días ha surgido la posibilidad de permitir a los países con promedios altos de seguridad social mantener sus parámetros a condición de que los otros países implementen semejantes políticas sin exigir cuotas y costos de los países del norte. 

En cuanto al tema de las migraciones tampoco hay apoyo a Macron, más bien (otra vez) Alemania y Suecia los países que más refugiados sirios han recibido, han transformado sus políticas dadivosas en restrictivas, sin llegar a las altitudes de Orbán, ni de Salvini, la migración y el refugio están en cuarentena. 

Fue Angela Merkel quien simbolizó el humanismo en la UE, cuando señaló que la unión estaba lista para recibir grandes cantidades de solicitantes de asilo durante la crisis migratoria 2015-2016, pero nadie se imaginó la cantidad, el número de refugiados habló por sí mismo. 

Merkel y Löfven (Suecia) tuvieron que desdecirse y construyeron sobre la marcha frenos migratorios; exigían, a gritos, una mejor distribución de las cargas entre todos los países de la UE;  el único resultado fue el cierre de fronteras, el rechazo inhumano de Hungría, Croacia y Polonia y el surgimiento de la extrema derecha alemana y el robustecimiento de la ultraderecha sueca.

A propósito del tema, Regis Debray ha escrito Elogio de las fronteras, un libro que podría servir para redefinir la política de migraciones. En la Feria del Libro de Madrid en la que coincidimos, dijo: “Las fronteras son puentes, no son muros. Por los puentes se va y se viene, lo que no permiten los muros”.
  
La duda monetaria

Alemania tiene dudas de ir demasiado rápido en la integración de la UE como sugiere Macron justamente por la carga económica que implica. Alemania es el mayor financiador de la UE, se acrecienta el gasto con el abandono del Reino Unido.

Existe ya un grupo de países, en los que convergen los Países Bajos, Dinamarca y Suecia, que han asumido el papel de bloquear todo lo que tenga que ver con el gasto. Han buscado una denominación que tiene mucho de historia, se llaman Hansa 2.0 en alusión a la federación comercial y defensiva de ciudades del norte de Alemania y de comunidades de comerciantes alemanes en el mar Báltico, los países bajos, Suecia, Polonia y Rusia, así como regiones que pertenecen (ahora) a las repúblicas bálticas. Su fundación es de finales de los 1300 y su vigor fue en los 1400. 

Probablemente, el afán de ahorro de Hansa 2.0 puede llegar a reajustar incluso el plantel burocrático. Los países pequeños en el norte y el noroeste del continente están muy nerviosos debido a la propuesta federalista de Macron y al juego nacionalista de Salvini y Orbán.

Con un Reino Unido en camino a dejar la UE y una Angela Merkel que sale del campo de juego, hay un vacío que llenar en el futuro. No se sabe además si AKK podría ganar las elecciones parlamentarias de Alemania; los socialdemócratas y cristianos de bajada y el nuevo partido de extrema derecha de subida presentan un cuadro extraño en la política alemana.

Los Orbán, Salvini, Le Pen y otros tienen viento en popa, por eso me atrevo a decir que el proyecto de Macron quedará como referencia para un futuro lejano. Estos cinco años serán de una permanente negociación siempre y cuando los conservadores no hagan alianzas con la ultraderecha.

 

 

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