Política

Blanco y negro

domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:00

Willy Camacho  Escritor

Dicen que   ninguna guerra es limpia, que el concepto “guerra” da carta blanca a cualquier estrategia con tal de obtener la victoria. Y eso, precisamente, es lo que vamos a ver, como siempre, durante la campaña electoral boliviana. Los ataques contra Carlos Mesa se multiplican, lo cual demuestra que es un candidato que preocupa a muchos.

De hecho, el oficialismo lo ataca desde hace mucho, pretendiendo vincularlo con algunos casos, aunque, hasta el momento, no han tenido éxito. Y también el candidato opositor, Óscar Ortiz, ha decidido ensañarse con quien debería ser un posible aliado, en caso de llegar a segunda vuelta, pero parece que Ortiz no quiere que haya balotaje y prefiere que Evo gane de entrada. Porque el senador Ortiz tiene que ser consciente de que él no es rival ni para Morales ni para Mesa, que la pulseta se decidirá entre esos dos candidatos y él solo tendrá la posibilidad de orientar a sus seguidores si es que se llega a segunda vuelta, en la que él no competirá, eso es seguro. 

Por eso, tratar de mellar la figura de Mesa solo beneficia a la candidatura del MAS, no a Ortiz, quien debería apuntar sus dardos contra el objetivo lógico a vencer. Lógico, digo, porque para cualquier opositor el candidato a vencer debería ser Evo Morales. Pero Ortiz anda en otra, es evidente.

Lo más reciente es la denuncia de la diputada Susana Rivero, que ha “descubierto” una transacción financiera realizada en 2009 entre el coronel Gonzalo Medina y Carlos Mesa. Rivero pide a Mesa que, por transparencia, explique a Bolivia a qué se debió esa transacción, si es dinero ilícito y si está implicado en los narcovínculos. Mesa responde, aclara que fue producto de la venta de un inmueble y que mostrará los papeles correspondientes, pero la diputada cree que la explicación es confusa. ¿Qué tiene de confusa?, ¿es que la diputada no entiende bien nuestro idioma? Claro que entiende, y claro que sabía, desde antes, el origen de la transacción, pero el MAS se está dando a la tarea de salpicar con el barro propio a Carlos Mesa.

Es que la corrupción en la Policía es culpa exclusivamente del gobierno, que ha politizado al extremo la institución del orden. Los méritos para llegar al alto mando policial se reducen a jurar lealtad al régimen, a apoyar el proceso de cambio en actos públicos. Claro, como ocurre en toda la administración pública, donde la meritocracia se ha eliminado, pues  la mayoría de los servidores públicos, capaces o no, tienen que ser serviles al partido de gobierno, dar su diezmo para campañas, acudir a concentraciones políticas y otras actividades que benefician al oficialismo, para mantener sus fuentes laborales.

Días antes de Rivero, la presidenta de Senadores, Adriana Salvatierra, visitaba medios para acusar a Carlos Mesa de solicitar el pedido de inmunidad para militares de Estados Unidos que hubieran cometido delitos de lesa humanidad cuando fue presidente. Salvatierra, sin considerar contextos, apunta con el dedo y dice que Estados Unidos había pedido esa inmunidad a cambio de un préstamo de 40 millones de dólares a Bolivia, lo cual demostraba injerencia del imperio. Para el MAS, denunciar la injerencia de EEUU en los gobiernos denominados neoliberales es una bandera política, pero no considera injerencia o qué ocurre con los préstamos de China, por ejemplo. Recordemos que el año pasado, el gobierno, a través del ministro de Obras Públicas, Milton Claros, defendió el endeudamiento contraído con China, que solo en el caso de carreteras supera los mil millones de dólares y reconoció que son préstamos condicionados.

 Las condiciones que impone China para financiar proyectos a Bolivia son varias, entre ellas: que sean empresas chinas las ejecutoras, que, en su mayoría, llegan al país con sus trabajadores. Claro el MAS está acostumbrado a buscar la paja en el ojo ajeno y no le incomoda para nada la viga que lleva en el propio.

Y unos días más atrás, el ministro de Comunicación, Manuel Canelas, se dio el trabajito de recordar todos los elogios que había hecho Carlos Mesa al presidente Morales, con lo cual pretenden hacer creer que no hay coherencia en el discurso del candidato de Comunidad Ciudadana, pues el masismo ve la vida en blanco y negro, sin matices, o tiene aliados (serviles, amarrahuatos, sin libertad de pensamiento) o tiene enemigos. Nadie puede negar las cosas buenas que ha hecho este gobierno, pero tampoco podemos pasar por alto el atropello a libertad de prensa, el pisoteo de la Constitución, el debilitamiento de la democracia y el desmoronamiento de la institucionalización. De modo que no hay porque borrar todo y, como creen los fanáticos masistas, pretender crear todo de cero, sino más bien corregir lo que está mal y mejorar lo bueno.

A propósito de Canelas, el ministerio a su cargo acaba de lanzar una campaña, “Escuchar para comunicar”, que consta de varios spots; yo pude ver los referidos a Mi Tren, nacionalización de hidrocarburos, vivienda social, jóvenes trabajadores, soberanía alimentaria y gas domiciliario. Sé que hay más, y en todos ellos se destaca algo hecho por el gobierno de Morales, con un toque de dramatismo (son piezas muy bien hechas, por ende, estimo que no son producciones baratas), se contrapone el “hoy” con el “ayer”, con una clarísima intención de favorecer la candidatura de Evo. Es decir que, el ministro Canelas está gastando el dinero de todos los bolivianos en la producción de mucho material audiovisual y su difusión intensiva en televisión para apoyar la campaña electoral del MAS, lo cual también es parte de la guerra sucia, pues el oficialismo usa recursos públicos, y muchos, en beneficio de su candidato. Pero cuando todo esto acabe, porque algún día va a acabar, no debemos olvidar a quienes han dilapidado el dinero de Bolivia, y se debe juzgar y condenar a los responsables con todo el rigor de la ley. 

Ministros, diputadas, senadoras… en fin autoridades del Estado están dedicadas a esta guerra sucia, como si no tuvieran responsabilidades más urgentes. Es que se olvidan que su principal deber y compromiso es con el pueblo, con el país y no con su partido. Para la guerra sucia, el MAS tiene dirigentes que pueden hacerse cargo de embarrar al prójimo, gente que no está trabajando para todos los bolivianos, sino exclusivamente para su partido. Los servidores públicos deberían mantener cierta imparcialidad, pero el masismo ve la vida en blanco y negro: si eres imparcial, eres enemigo. La lógica es: viva Bolivia con el MAS, muera sin él. Antes que perder el mando del país, prefieren destruirlo.
 

 

Confidencial

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