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¿Fueron excepcionales los logros sociales en Bolivia?

Los autores señalan que no se puede decir que Bolivia tuviera un crecimiento excepcionalmente mayor que los otros países de la región. Sí hubo avances registrados desde hace 60 años, y no así sólo desde hace los últimos 13.
domingo, 05 de mayo de 2019 · 02:00

José Peres-Cajías Investigador Beatriu de Pinós, Universitat de Barcelona
  Fernanda Wanderley Directora IISEC, Universidad Católica Boliviana

 

Este artículo es la continuación de uno previamente publicado (“¿Podemos hablar de un milagro económico en Bolivia?”, Ideas, 7 de abril). Para responder al artículo de Claudia Ramos (Ideas, 21 de abril), analista de la Unidad de Análisis y Estudios Fiscales del Ministerio de Economía, cambiamos el orden inicialmente propuesto y nos centramos en la temática social. 

Consideramos que, en su artículo, la analista repite mecánicamente el discurso oficial sobre los logros del modelo económico, no responde satisfactoriamente a nuestros cuestionamientos y cuenta una historia parcial. 

Así, en esta oportunidad argumentamos que los resultados sociales del modelo económico social comunitario productivo no fueron excepcionales en comparación con los de los países de la región y que, además, puede ser más útil entenderlos desde una perspectiva de largo plazo. También remarcamos que las mejoras sociales se debieron principalmente a los ingresos provenientes del extraordinario contexto externo y que las políticas implementadas por el Gobierno tuvieron un efecto menor en la disminución de la pobreza y la desigualdad. 

Como fue mencionado en la anterior entrega, el crecimiento económico no es un fin en sí mismo y debe estar al servicio del bienestar de las personas. Para que los y las ciudadanas disfruten de una vida digna deben contar con, por lo menos, las siguientes condiciones básicas: un trabajo digno e ingresos que les permitan comprar los bienes y servicios que necesitan; acceder a educación y salud de calidad; contar con una vivienda con servicios básicos; alcanzar una jubilación suficiente; vivir en un ambiente sano y tener servicios de cuidado. Más aún, el bienestar de las personas está asociado con el ejercicio de la libertad y de los derechos ciudadanos.

    
Los logros sociales no fueron exclusivos ni mejores en Bolivia 

El Gobierno insiste en que lo distintivo de Bolivia fue la magnitud de la caída de la pobreza extrema y moderada en comparación con los otros países de la región latinoamericana. Sin embargo, nótese que el artículo de Ramos no utiliza estadísticas internacionales armonizadas por paridad de compra para la correcta comparación. Por ejemplo, se resalta que Bolivia contrajo la pobreza extrema en 23 puntos porcentuales entre 2005 y 2018 con datos preliminares de Udape e INE, mientras que en el caso de Perú utiliza la fuente del INE del vecino país (también sin armonización) para decir que disminuyó en 12 puntos porcentuales entre 2005 y 2017. 

Utilizando datos del Banco Mundial, que armoniza las fuentes nacionales, Bolivia disminuyó la pobreza extrema en 13,5 puntos porcentuales y Perú lo hizo en 11,9 puntos porcentuales entre 2005 y 2017 (ver Tabla 1). En el caso de la pobreza moderada, Perú disminuyó en 28,2 puntos porcentuales mientras que Bolivia redujo en 27,4 puntos porcentuales en el mismo periodo (ver Tabla 2). Estas cifras son distintas a las presentadas por la Unidad de Análisis y Estudios Fiscales del Ministerio de Economía. 

Como se puede observar, tanto Bolivia como Perú lograron reducciones cercanas y significativas siguiendo modelos económicos opuestos, lo que refuerza la hipótesis del impacto del shock de ingresos externos. Aún más, las mejoras más significativas en los indicadores de pobreza y desigualdad coincidieron con el periodo de mayores ingresos provenientes de la exportación de recursos naturales. Justo con el fin del periodo de bonanza, a partir de 2013, se observa una ralentización en la caída de la pobreza y de la desigualdad en ambos países. 

Esto muestra que, al mismo tiempo que debemos festejar nuestros logros, no podemos deducir que lo hicimos excepcionalmente mejor que los otros países de la región.   La política social no fue el factor más importante de la disminución de la pobreza y la desigualdad. 

A lo largo de los últimos años, existe interés por entender si la caída en la pobreza y la desigualdad se explican por fuerzas del mercado (oferta y demanda laboral) o por políticas públicas. En el caso de Bolivia se plantea que la disminución de la pobreza monetaria al inicio del siglo XXI se explica principalmente por el hecho de que la demanda de trabajo (es decir, las necesidades de trabajadores que tienen las empresas) dejó de recompensar a aquellos trabajadores con mayor formación educativa. Esto es, se incrementaron los requerimientos de trabajadores menos calificados y en ocupaciones más precarias, con lo cual éstos pudieron incrementar sus salarios reales, es decir, su capacidad de compra (el salario descontando el efecto de la inflación).

En efecto, una nueva investigación del IISEC (2018), con base en datos de CEDLAS y Banco Mundial, muestra que este incremento de los ingresos de los trabajadores en la base de la pirámide social explica el 60% de la disminución de la pobreza extrema en Bolivia entre 2004 y 2014, mientras que las políticas sociales (incluidos los bonos) explican el 22% de esta reducción. En Perú, las políticas sociales explican el 42% de la disminución de la pobreza extrema en el mismo período, lo cual es más que en Bolivia. Las otras fuentes de reducción de la pobreza extrema fueron el bono demográfico y la mayor participación en el mercado laboral de las personas en edad de trabajar. 

Al mismo tiempo los salarios reales de los trabajadores más calificados con nivel universitario cayeron. Aunque esta fue una tendencia regional, Bolivia fue uno de los países en la región donde la pérdida de salarios reales de la población ocupada con nivel de instrucción superior fue mayor (IISEC, 2018). La reducción de la desigualdad se explica precisamente por el cierre de la brecha de los ingresos entre los trabajadores más calificados y con ingresos laborales más altos y los trabajadores menos calificados y con ingresos laborales más bajos.  

Más aún, a pesar del incremento de los salarios, las condiciones laborales en Bolivia no mejoraron en este periodo. La población ocupada en trabajos con baja productividad y al margen de la regulación laboral continúa siendo muy elevada, tal como muestra el capítulo de Enrique Velazco en el libro Los desafíos del desarrollo productivo en el siglo XXI: diversificación productiva, justicia social y sostenibilidad ambiental. 

Está claro que reconocer un rol menos preponderante de las políticas públicas no implica desconocer su importancia. Trabajos como los de Mauricio Vargas y Santiago Garriga (2015), o la comparación regional de la investigación en proceso de Sánchez-Ancochea y Martínez-Franzoni, entre otros trabajos nacionales, remarcan, por ejemplo, que el Bono Dignidad juega un rol positivo en la reducción de la desigualdad y de la pobreza, o en mejoras en la universalización de las pensiones. Recuérdese, no obstante, que el origen del Bono Dignidad es el Bonosol. 

Remarcamos esto porque el desarrollo debe ser entendido como un proceso de aprendizaje, de acumulación de habilidades, tanto del sector privado como del sector público. Así, al igual que un próximo gobierno no podrá desconocer lo que éste hizo en los últimos años, el actual no puede negar desconocer las bases de las que partió y que ayudaron precisamente en ese aprendizaje estatal.

Los logros sociales no se iniciaron en 2006 

El país muestra avances en el bienestar de la población en las últimas seis décadas y no sólo en los últimos 13 años. Si utilizamos el indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), vemos que Bolivia viene disminuyendo continuamente el porcentaje de la población en situación de pobreza desde, por lo menos, la década de 1970.

El NBI agrega las dimensiones de educación, vivienda y servicios sanitarios y es construido sobre la base de los Censos de Población y Vivienda. Si comparamos los censos 1992 y 1976, vemos que la pobreza por NBI se redujo de 85,5% a 70,9%, esto es 14,6 puntos porcentuales. En el 2001, el 58,6% de la población todavía se encontraba en situación de pobreza. Entre 2001 y 2012, la pobreza por NBI bajó otros 13,7 puntos porcentuales alcanzando el 44,9% en 2012. Por tanto, si analizamos la tasa promedio por año de disminución de la pobreza en estas décadas, vemos una aceleración que comenzó en la década de 1990. 

La educación es otra dimensión del bienestar donde se dieron mejoras significativas antes de las administraciones de Morales. Por ejemplo, en los años noventa se avanzó significativamente en la cobertura neta de la educación primaria: hacia inicios del siglo XXI, el 96% de los niños y niñas entre siete  y 13 años estaban inscritos en un establecimiento educativo. Asimismo, con datos de UNESCO observamos niveles elevados del gasto público en educación como porcentaje del PIB en relación a lo que se esperaría del país dado su desarrollo económico, desde los años 90 hasta la actualidad.

 
Todavía son muchos los desafíos sociales en Bolivia

Pese a las mejoras sociales en las últimas décadas todavía son muchos los desafíos en Bolivia. Para tener una visión integral de lo que nos falta, es importante analizar los avances cuantitativos y cualitativos en educación, salud, seguridad de largo plazo y saneamiento básico. 

Como Bolivia no ha participado de mediciones internacionales de calidad educativa desde los años 90, no sabemos el estado actual de la educación en nuestro país. En las pruebas de aptitud académica realizadas en 1997, se observó que los estudiantes bolivianos lograron responder correctamente el 59% de las preguntas mientras los estudiantes cubanos respondieron el 87% de las preguntas (Andersen, 2001). En 2019, el Gobierno entendió la importancia de participar en la Evaluación de la Calidad Educativa –ERCE– y esperamos contar con información para orientar las políticas educativas en los próximos años. 

En salud, las críticas a los insuficientes resultados en términos de universalización de salud no sólo vienen desde el Colegio Médico, sino también desde investigaciones comparativas regionales. Por ejemplo, actualmente 4,2 millones de bolivianos no tienen seguro de salud (37% de la población boliviana) y, según cifras oficiales, el gasto en salud equivale al 6,5% del PIB, muy por debajo del 10% recomendado por los expertos. 

De igual manera y pese a la expansión de la cobertura de la seguridad social de corto y largo plazo, en 2017, más del 70% de la población ocupada seguía sin seguro de salud y acceso a jubilación contributiva. Como muestra el capítulo de Alberto Bonadona, la significativa divergencia entre el número de afiliados (aquellos que tienen un registro en una AFP) y el número de afiliados cotizantes (aquellos que efectivamente cotizan) refleja la insuficiente generación de empleo formal que permita el cumplimiento de los requisitos para alcanzar una pensión contributiva por la mayoría de los trabajadores.  

En relación con  los servicios básicos, la última encuesta de demografía y salud de 2016 indica que sólo el 9,1% de los hogares rurales cuenta con servicios de agua y el 5,9% con alcantarillado dentro de las viviendas. En las ciudades, el 47,1% de los hogares cuenta con servicio de agua y el 65,6% con alcantarillado dentro de la vivienda. Donde se avanzó significativamente fue en el acceso a energía eléctrica, con casi el 100% de los hogares urbanos y el 78,7% de los hogares rurales con electricidad. 

Como muestran los datos, los recientes avances no son excepcionales cuando nos comparamos con el resto de la región y, pese a la excepcional bonanza económica, persisten aún apremiantes problemas sociales. Así, el interés del libro que editamos y de estos artículos que presentamos en Página Siete no es político, tal como menciona Ramos, sino el de ofrecer una perspectiva de largo plazo y lo suficientemente amplia en términos temáticos para entender por qué pudimos mejorar (o empeorar) y cómo podemos asegurarnos que los avances acumulativos que remarcamos no estén sujetos a los vaivenes de los precios de las materias primas.

 

 

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