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La conversa continúa

Gonzalo Lema comenta y analiza algunas ideas inscritas en el libro de Fernando Mayorga: Antes y después del referendo. Política y democracia en el Estado Plurinacional.
domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:00

Gonzalo Lema Escritor

Después del referendo 21F, el concepto de democracia ha devenido en cuestión. Debido a la estrecha proximidad existente en el resultado entre el Sí y el No, el gobierno se ha propuesto redefinirla obviando el parecer de la mayoría absoluta expresada en urnas. Es decir: escatimando nada menos que la base esencial, fundamental, del Estado de Derecho que todo pueblo  ansía: la soberanía popular. 

Los mismos revolucionarios suelen respetarla, pero casi siempre sólo en principio, porque luego, y hay sobrados ejemplos en la región, se afanan en montarse sobre ella.

 Este hecho ha dado lugar casi de inmediato a un clivaje (palabra que no figura en el Pequeño Larousse pero que se entiende de lo más bien) en dura pugna: democracia/dictadura. ¿Cuál es el signo del actual gobierno? 

 El pertinente libro de ensayos de Fernando Mayorga: Antes y después del referendo. Política y democracia en el Estado Plurinacional, analiza en profundidad al respecto abordando, además, todo el panorama político y social estructurado a partir del gobierno del MAS (2006-¿?). Considero que su (estudio) lectura ha de ayudar a esclarecer, en muy buena medida, este tiempo oscuro en el que, a manotazos, buscamos la luz.

 ¿Cuál es el fundamento que explica la voluntad de perpetuación en el poder del binomio presidencial? Los más ilusos seguidores del gobierno se esmeran indicando que el proceso de cambio (ruptura con el pasado) y la revolución en democracia son faroles aún encendidos que alumbran nuestro camino. 

Se debe ir por partes: Mayorga, a propósito de las necesidades del Estado boliviano que se expresan tanto en lo interno y en lo externo, opina: “…que se destaca un aspecto que no remite necesariamente a su carácter plurinacional, sino que pone de manifiesto la continuidad histórica del actual ‘proceso de cambio’ respecto a la Revolución Nacionalista de 1952 y al nacionalismo revolucionario como doctrina de fortalecimiento del Estado en consonancia con las nociones de soberanía e independencia, anticolonialismo y antiimperialismo, invocadas por el MAS”. (Las cursivas son mías.) 

Quizás la agenda 2025 es el mejor ejemplo de continuidad de un Estado que, si bien ha cambiado de nombre, sigue siendo en semilla el mismo y se apresta a celebrar el bicentenario de la República. Al respecto, el mismo autor indica: “En el caso boliviano se han transmutado las ideas de nación, democracia y ciudadanía como parte de una fase que debe ser analizada en clave de continuidad histórica puesto que no se trata de una ‘refundación’ del Estado, sino de su transformación institucional en varios niveles del Estado”. (Las cursivas, etc.) 

Por supuesto que el libro advierte la inclusión social en el andamiaje del Estado como un logro significativo, así como la redistribución de la riqueza de forma más ecuánime que nunca antes. Estos hechos deben ser tomados en cuenta en cualquier diagnóstico que se realice a la hora de poner puntos sobre las íes.

 Pero la savia del proyecto oficial se ha llamado siempre “democracia intercultural”. Mayorga señala que la noción “es una respuesta al desafío de combinar distintas concepciones y modalidades de democracia prestando atención a las instituciones indígenas y campesinas y se combina con las reflexiones sobre el Estado Plurinacional”. 

Bueno: nunca se puso voluntad en el tema y, claro, no funcionó. Las marchas de los indígenas reclamando sus tierras comunitarias, su autonomía, respeto a la Madre Tierra, son pan de cada día, igual que la represión.  La atención nítida que deslumbra es al capital afincado en el oriente, que se expresa en modernas condiciones para incrementar fortunas. De lo otro, poco. Se diría que nada.

 La Ley de Organizaciones Políticas acrecienta la diferencia entre lo que unos y otros entendemos como democracia. Cual aplanadora municipal en faena, aplastó a las plataformas ciudadanas, intenta borrar de la memoria el estupendo resultado del 21F y golpea de muerte a los ciudadanos que repelen al partido político, pero pensaban con esperanza en agrupaciones ciudadanas. El clivaje democracia/dictadura está en pie y forma parte de los discursos que desde entonces, y en más, disputarán el voto. 

 Pese a tanta incongruencia, a más errores que aciertos, la inscripción de candidatura del binomio oficialista es el tema que resume y articula toda preocupación política. La oposición es fragmentada porque considera que el MAS es electoralmente nada sin Evo Morales y que cualquiera podría ganar. El problema es que Evo Morales ya está inscrito y nadie halla el mecanismo para dejar su inscripción sin efecto. De ilusiones vive el hombre y de agonías la esperanza.

 

 

Confidencial

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