Medioambiente

La radicalización transgénica del régimen masista

José Luis Saavedra analiza los peligros de ampliar la frontera agrícola para la producción de biodiésel con soya transgénica.
domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:00

José Luis Saavedra Profesor en la UMSA

El pasado reciente 17 de abril de 2019, el gobierno del presidente Evo, a través del Decreto Supremo 3874, ha autorizado al Comité Nacional de Bioseguridad evaluar y aprobar el uso de los “eventos transgénicos” Soya HB4 (resistente a la sequía) y Soya Intacta (resistente a plagas), para su uso en la producción de biocombustibles, en el plazo de 60 días; formalizando así lo que ya, el mes pasado, 18 de marzo, autorizara la implementación de los dos nuevos tipos de soya transgénica en el país, destinados a la producción de biodiésel, a partir del aceite de soya.

Según el ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, se avanza pues “a paso firme” hacia la soberanía energética en gasolina y diésel, “cuidando el medioambiente, brindando mejor rendimiento a los vehículos y generando ahorro económico tanto al Estado como al bolsillo de los usuarios”, se lee en el artículo “El Gobierno autoriza la soya transgénica para el biodiésel”, publicado en  Página Siete el pasado  19 marzo 2019.

¿Son en verdad tan asombrosas -soberanía energética, cuidado del medioambiente, mejor rendimiento y ahorro económico- las ventajas de la soya transgénica? A la dilucidación de esta interrogante nos dedicaremos en el presente artículo. Y para no limitarnos a la mera especulación, acudimos a conversar el pasado 19 de marzo  con la experta ambientalista, Sara Crespo.

La cuestión primordial a ser dilucidada es que para aprobar cualquier evento de organismos genéticamente modificados, según el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología, ningún Estado lo puede aprobar de un día para otro, ¡menos en 60 días!, tiene que realizarse pruebas de campo y de adaptabilidad que deben durar de ¡uno a tres años!, dependiendo del proceso. Así, el pedido que hacen los productores para poder producir esta soya en la próxima campaña no tendría que ser así si seguimos las normas básicas de bioseguridad, se necesitaría -a partir de la aprobación del decreto- que se inicien los procesos de prueba en el país y que se sigan todos los controles rigurosos que ya existen.

En relación con la pregunta de ¿cuáles son las principales consecuencias de la ampliación de cultivos de soya transgénica?,  la primera consecuencia es que se va a deforestar, es decir que se va a ampliar la frontera agrícola en al menos 250 mil hectáreas (para la producción de 100 millones de litros de biodiésel), “lo cual -según Sara Crespo- implica una mega deforestación, es decir acabar con 250 mil hectáreas más de bosque de los que ya se están dañando con el etanol (recordemos la promulgación de la Ley de Aditivos de Origen Vegetal Nº 1098 el 15 de septiembre de 2018), o sea seguimos sumando el grave tema de la deforestación”.

La autorización de los transgénicos resulta pues contradictoria, al menos en sus intencionalidades cardinales. Si bien la aprobación de nuevos eventos de soya transgénica germinó y emergió con la excusa y el pretexto que se necesita una soya resistente a la sequía porque los productores estarían teniendo pérdidas por la sequía, la ampliación de la frontera agrícola va a generar una mega deforestación. Y los agro-negociantes no hacen, ni quieren hacer el análisis elemental de que los bosques y las selvas son los que aseguran la humedad y son también los que aseguran la lluvia. Como bien dice Crespo, “si cada año tenemos más sequías es precisamente por este avance de la frontera agrícola, por esta deforestación descontrolada e irracional, que es activamente impulsada por el agro empresariado y el gobierno”. Este es pues el primer punto esencial: la mega deforestación y la ampliación de la frontera agrícola implican la severa disminución de la humedad y la mengua de las lluvias; por ende, la escasez del agua, ergo mayor sequía.

Segundo, la soya transgénicaen general implica mayor uso de agroquímicos, está comprobadísimo (en todo el mundo) que la producción de transgénicos lo último que genera es la disminución en el consumo de agro tóxicos (como y sobre todo el glifosato, que es uno de los principales químicos asociados a la producción de transgénicos), sino todo lo contrario. Así, “todos los transgénicos que nos venden están asociados a algún agro-tóxico y estos agro-tóxicos nos contaminan los suelos”. Las 250 mil hectáreas que se van a destruir va a ser por la contaminación de los suelos y así se van a contaminar aún más las aguas. Estos son pues los impactos socio-ambientales que implican las 250 mil hectáreas más de destrucción, de contaminación, de mayor sequía, de más vientos en Santa Cruz.

Tercero, a nivel económico, los burócratas del Gobierno dicen que es para dejar de importar diésel. Pero, no toman en cuenta que para el avance de la frontera agrícola, es decir para tirar abajo todo el bosque, las formas en que lo hacen es con cadenado, es decir con dos tractores que van arrastrando con cadenas y derribando todo el monte, ¡esos tractores utilizan diésel! Y para todo el proceso de producción agrícola se utilizan maquinarias que usan diesel. Aquí, una vez más, escuchemos a Crespo, “existen muchos estudios que prueban que el consumo de diesel para la producción de biodiésel de soya, en el caso de la soya, es mayor; o sea, no es rentable, no vamos a dejar de importar diesel, sino vamos a necesitar más diesel para poder alimentar toda la maquinaria que va a utilizarse para la producción de más soya transgénica”. 

Cuarto, el tema del empleo, los mismos burócratas del gobierno nos hablan de que es para mejorar las condiciones de vida de los productores, y eso no es cierto. Las 250 mil hectáreas no van a ser para que produzcan pequeños productores, la soya no es de producción campesina, familiar o comunitaria, ¡es de producción industrial!, es decir que utilizan muy poca mano de obra y mucha maquinaria.

En síntesis, económicamente la soya transgénica no es una propuesta rentable para el país y ambientalmente es catastrófica para la vida de las personas y de los ecosistemas.