Análisis

La izquierda se juega sus restos en América Latina

Dos viejos jugadores quieren reencauzar a la izquierda en las próximas elecciones presidenciales de Bolivia y Argentina, Evo Morales y Cristina Férnandez de Kirchner.
domingo, 02 de junio de 2019 · 00:00

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Con un video de 13 minutos de duración, publicado en su cuenta de Twitter el pasado 18 de mayo, Cristina Férnandez de Kirchner hizo pública su decisión de volver a la política electoral en Argentina. En esta ocasión como fórmula vicepresidencial de Alberto Fernández, quien fue jefe de gabinete del expresidente Néstor Kirchner, líder del movimiento de izquierda conocido como “kirchnerismo”, mayormente peronista.

La noticia tomó por sorpresa a muchos argentinos. La inesperada estrategia de postularse a la vicepresidencia, de quien ya fue presidenta en dos ocasiones (2007-2015), fue un golpe al tablero político de esa nación.

La decisión de Cristina se dio además a pocos días de iniciarse un juicio oral por acusaciones de asociación ilícita en la concesión de 51 obras públicas en la provincia de Santa Cruz. Se prevé que el proceso dure varios meses; e incluso puede coincidir con los comicios electorales de octubre próximo.

A un mes de la fecha límite de presentación de candidaturas, el binomio Fernández-Fernández se presenta como la apuesta para el regreso de la izquierda a la Casa Rosada. Su principal bandera es mejorar la situación económica que, según declaraciones del exjefe de gabinete, es la de “un país en ruinas, una situación ruinosa que tiene un problema central que es el tema de la deuda, el cual  es, sin dudas, un daño enorme que ha causado el gobierno”.

En Bolivia, mientras tanto, los medios registraron  el inicio de la campaña del actual presidente, Evo Morales, en busca de un cuarto mandato.  En un evento masivo en el aeropuerto de la ciudad de Chimoré, Cochabamba, el Movimiento al Socialismo (MAS) presentó a Morales y su candidato a vicepresidente, Alvaro García Linera, como la fórmula para seguir al frente del país andino.

Morales es una de las últimas figuras representantivas del poder de la izquierda latinoamericana. Se recuerda su presencia en las cumbres regionales donde aparecía sonriente y abrazado junto a los exmantadarios Hugo Chávez (Venezuela), Néstor Kirchner (Argentina), ambos fallecidos, Rafael Correa (Ecuador) y Lula da Silva (Brasil), quien hoy cumple una condena de 12 años en prisión por cargos de corrupción.

10 años después, la foto de los encuentros entre los presidentes de América Latina ha cambiado mucho: con menos abrazos y más caras serias se ven a la vanguardia a los dirigentes Sebastián Piñera (Chile), Iván Duque (Colombia), Jair Bolsonaro (Brasil) y Mauricio Macri (Argentina).

Este grupo de líderes de derecha, sumados a los gobiernos de Ecuador, Paraguay y Perú conformó este año en Chile el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) en busca de una “integración suramericana” y como respuesta a la desintegración de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), iniciativa del fallecido expresidente venezolano Hugo Chávez.

Ante este panorama poco favorable para la izquierda latinoamericana, surge la cuestión de cómo serían las eventuales relaciones para un nuevo gobierno kirchnerista en la Argentina y de Evo Morales en un cuarto periodo en Bolivia. Además, qué posturas asumirán ante otros jugadores fuertes de la región, como Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos.

En enero de este año, durante la posesión de Bolsonaro, derechista y exmilitar de 63 años, muchos analistas y medios de comunicación siguieron con interés la presencia del presidente boliviano en Brasilia. Al ser consultado por los periodistas, Morales afirmó que los dos países son “socios estratégicos que miran el mismo horizonte de la Patria Grande”.

Para Inés Capdevila, secretaria de redacción del diario La Nación de Argentina, la estrategia electoral del presidente boliviano depende de su relación con Bolsonaro. En declaraciones a CNN, la periodista explicó que “Evo necesita renegociar un contrato de gas, el contrato de venta a Brasil, que es una de sus grandes fuentes de ingresos”. Además, que busca “asegurarse un año de campaña electoral donde la economía logre compensar el desarreglo institucional”.

En el más reciente sondeo electoral, revelado por un diario de La Paz, faltando  cinco meses para las elecciones generales, Morales encabeza la intención de voto con un 38%, seguido del opositor Carlos Mesa, con un 27%. De mantenerse esta tendencia, el candidato del MAS no necesitaría una segunda vuelta para ser reelegido.

Sobre la relación con otros países del hemisferio, es poco lo que se ha manifestado públicamente hasta ahora por parte de la fórmula Férnandez-Fernández.

Hace unos meses, durante la presentación de su libro Sinceramente, Cristina dejó ver un cambio en su discurso respecto a Estados Unidos al elogiar la política económica del presidente republicano Donald Trump. Aseguró que sus políticas alientan el consumo, el mercado interno y generan “trabajo industrial adentro del país”. ¿Será esto señal de un cambio en las relaciones con la potencia económica?

Desde el lado brasileño, la noticia sobre la candidatura de Cristina a la vicepresidencia no fue muy bien recibida. En entrevista con Infobae, Eduardo Bolsonaro, hijo del actual presidente y el diputado más votado en la historia de ese país, afirmó: “no habrá una relación calurosa como la que tenemos con el presidente Mauricio Macri. Cristina bajaría muchos proyectos de integración regional”.

Las comicios electorales de este año encuentran a Bolivia y Argentina con realidades opuestas y que plantean diferentes retos para los candidatos a la Presidencia de estas dos naciones.

De acuerdo con un estudio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) durante el mandato de Morales (2006-2017) el país andino fue el segundo con el mayor crecimiento de su PIB en Sudamérica, con un 4,9% anual en ese periodo. La promesa de campaña del candidato del MAS es seguir por esta senda que tiene como pilares sus políticas de inclusión, la nacionalización de hidrocarburos y proyectos de industrialización, los cuales espera consolidar.

Por su parte, en Argentina el clima de deterioro de las condiciones sociales y económicas ofrece un panorama electoral favorable para que el kirchnerismo se presente como una fórmula que alivie las dificultades que atraviesa el país. 

Según una encuesta reciente de Celag, 8 de cada 10 argentinos consideran que el modelo económico debe ser cambiado totalmente, y 6 de cada 10 afirman que han descendido socialmente.

A la campaña presidencial de ese país se suma la postura de cada candidato frente al Fondo Monetario Internacional, con el que ese país realizó un préstamo de 57.000 millones de dólares en septiembre pasado. En sus primeros días como candidato presidencial, Alberto Fernández afirmó “el mundo que vivimos no es igual al de Néstor (Kirchner) ni es igual al que le tocó a Cristina. Es otro mundo, donde aparecen además otros actores como Rusia, China y una Europa que se repliega”.

Esta misma reflexión se puede trasladar a las relaciones con el resto de América Latina. El hemisferio en que se encuentra la dupla argentina Fernández-Fernández y el mismo Evo Morales de cara a las elecciones de octubre es radicalmente opuesto. 

Será un gran desafío para ellos posicionar su discurso en medio de una región donde las ideologías conservadoras y de derecha han ganado terreno.

 

 

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