Justicia

Manillas electrónicas

Son el gran medio de saltar a la modernidad y contextualizarse con la sociedad. Estos dispositivos van a vaciar nuestras cárceles de gente que merece esa oportunidad.
domingo, 23 de junio de 2019 · 00:00

Gonzalo Lema Escritor

El nerviosismo de algunos jueces, entre otras razones de muchísima más importancia, ha convertido los recintos penitenciarios en un hervidero de gente hacinada, falta de espacio, de aire y cielo, que provoca la angustia del insomnio en nuestra sociedad. 

¿Qué es lo que sucede desde hace años? Que a su juicio ya nadie merece la inteligente y humana medida de libertad condicional, por lo que a todos los investigados y procesados les decretan de inicio la cruel detención preventiva para evitarse pesadillas posteriores. 

En su grave decisión pesan los sabidos temores de toda la vida: la fuga del encausado, la presión social enardecida, la periodística, el enojo cejijunto de la Judicatura y de la misma Policía porque deben volver a aprehender a quienes ya  habían aprehendido  apenas un tiempo atrás. Por esas razones –más de orden práctico que de sabiduría jurídica–, se ha impuesto la detención como hábito. El resultado es, lo sabemos, lamentable: más de la mitad de la enorme población carcelaria nacional tiene detención preventiva. Estamos muy mal. 

 Debe decirse, sin embargo, que todos tienen algo de razón, incluidos los que abogan por la libertad condicional. Debido a los tiempos que corren y que asumimos únicamente en parte, muchos de los beneficiarios de esta medida piensan primero en escapar y no en solucionar sus problemas frente a la sociedad. 

Nuestra sociedad se ha ensanchado, pero ha diluido casi todos sus principios y valores debido a la escasez de educación familiar y escolar. En ese sentido, nos hemos achatado. El honor, el buen nombre familiar, la vergüenza ante el medio social, parecen no importar. 

Si se puede escapar, se escapa a la primera. Tenemos sabrosos ejemplos en nuestras cumbres y cimientos sociales. Así que ese comportamiento impropio y depredador, confabula contra la bienintencionada medida de la libertad provisional. Es decir,  favorece los argumentos de quienes aplican la detención preventiva de buenas a primeras.  

 Pero no es esa la solución, porque también están los otros. Es decir: los que tropezaron y quieren pararse cuanto antes para vivir de pie. Ellos son los que necesitan la libertad provisional para trabajar, para limpiar su buen nombre, para resarcir su daño y restañar la lesión jurídica.

 Y debemos pensar que todavía son la mayoría. ¿Qué sentido tiene humillarlos entre las paredes de la cárcel cuando su sencillo deseo es ponerse a trabajar? ¿Acaso no se trata de que la persona se rehabilite de verdad? 

No va a lograrlo en ese ambiente donde cualquier iniciativa se subsume en el desborde de la población creciente. Imposible. Esa persona necesita estar en la calle, en su trabajo, reintegrarse a la vida social mientras ventila su caso en los estrados judiciales. Si la sentencia lo condena, pues irá a la cárcel. Si más bien lo favorece, él habrá avanzado parte de su camino como todo ser humano, encendiendo luces a sus sombras.

 El esencial Órgano Judicial, siempre venido a menos, tiene en las manillas electrónicas la gran oportunidad de saltar a la modernidad y contextualizarse con la sociedad y estos tiempos que vivimos por parcelas. Somos modernos, somos premodernos. Somos vanguardia, somos arcaicos o estamos fuera de la Rueda del Tiempo.

 Todo eso somos dependiendo del tema que nos ocupe. O el oficio. O a quien apuntamos. Depende, digo. Pero la administración de justicia bien llevada nos sacará de la honda miseria, de la pobreza, del desánimo como nación y, junto a una Policía íntegramente profesional, nos otorgará seguridad y confianza para desarrollarnos. 

Que no se detenga por dinero, después de todo incluso le sobra al Gobierno para tanta obra sin sentido o escasamente prioritaria.

 Las manillas electrónicas van a vaciar nuestras cárceles de gente que merece esa oportunidad. Para su implementación se requiere dinero, pero se requiere, con más urgencia, voluntad. Capacitación técnica. Organización. Cooperación con la Policía.

En numerosos países del mundo se trabaja con este recurso técnico y funciona de lo más bien, nuestros juristas lo saben.

 El Gobierno nos dice que ha dado un primer paso en ese sentido. Nos sobran dudas para saber si dará el segundo. Curiosamente, no parece tan convencido de dar el enorme salto que la sociedad reclama a gritos. 

¿Por qué le falta firmeza? ¿Quién sale perdiendo si se aplican las manillas? Creo que nadie, porque la otorgación de la libertad provisional con manillas electrónicas estaría sometida a un reglamento harto cuidadoso, muy bien elaborado.

 Quizás no exista otra manera de vivir esta realidad. Las manillas son, como el celular, imprescindibles.

 

 

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