Reelección

El último discurso

“El camino fue largo y no estoy dispuesto a rifar mi liderazgo, aún si el precio a pagar sea el futuro de este país...”.
domingo, 30 de junio de 2019 · 00:00

Carlos A. Cardozo Lozada Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático

 En una fría sala del Palacio de Gobierno, el Ministro de Comunicación organiza los pormenores previos a la entrada del todopoderoso presidente, que ante tantas críticas provenientes de la oposición política y la sociedad civil en general decide por primera vez comparecer ante los medios de comunicación para él mismo hablar con su pueblo, disipar todas las dudas y por primera vez despojarse de esa figura mesiánica presidencial.

El murmullo de la gran sala se ve interrumpido abruptamente cuando ven aparecer a lo lejos un reducido contingente de seguridad alrededor del gran líder, este a diferencia de otras ocasiones elude cualquier contacto previo con la prensa y encara decidido en dirección al podio con un rostro totalmente vacío de emociones.

Toma la palabra, no sin antes murmurar algo a uno de sus asesores más cercano, éste se alejó discretamente y tomó posición rápidamente entre los pocos efectivos que formaban parte de la delegación que lo acompañaba.

Habla el todopoderoso dejando de lado los papeles que contenían su discurso; “Queridos compatriotas, a pocas horas de iniciar una nueva elección general donde ustedes, el pueblo, decidirán darnos su confianza por otros cinco años más nos jugamos el desarrollo y el crecimiento del país. 

Sin embargo, luego de 13 largos años en el poder habiendo ganado con un caudal de votación tan grande allá en 2006, 2009 y 2014 creo necesario hoy dirigirme sinceramente a todo el pueblo para disipar las acusaciones que cuestionan mi idoneidad como presidente de este país.

Muchos escándalos han salido a la luz, relacionando con el narcotráfico a miembros de mi Gobierno, como también a compañeros dirigentes sindicales muy cercanos a mí, quiero decirles que efectivamente existen graves indicios contra estas personas y yo tenía conocimiento pleno de esta situación. ¿Por qué no hice algo al respecto? Simplemente porque no tenía otra opción, una de las razones que me motiva a permanecer en el poder es el deber máximo de cualquier sindicalizado, velar por los intereses de su sector.

Sería incapaz de traicionar la confianza de mis compañeros, tenemos un pacto inquebrantable de lealtad, por menos que eso he visto a muchos compañeros perderlo todo. 

Los hidrocarburos ya no generan los ingresos necesarios para que sigamos cumpliendo con nuestro plan de gobierno, los compañeros se han malacostumbrado a recibir aportes del Estado y hemos tenido que sacar hasta de donde no había. La situación es crítica al punto que no sabemos qué haremos al año, vamos a tener que ser más disciplinados en el uso de los recursos porque no alcanza y más compañeros nos van pidiendo, respetamos, pero van a tener que entender.

Hemos tropezado con muchos problemas con esos supuestos ambientalistas y en buena medida con algunos compañeros dirigentes indígenas que se han dejado influenciar, se han volcado contra el Estado y se niegan al desarrollo, no quieren represas, no quieren más exploraciones en sus territorios que les van a dejar recursos. No puedo entender, pero aquí debemos pensar primero en el bien de todos los compatriotas por encima de algunos cuantos compañeros, así que estos megaproyectos tienen que ir y no hay lugar a discusión.

La industrialización es un proceso como me ha explicado el Ministro de Economía, va a tardar, pero tenemos que seguir este camino si queremos tener empleo. El Estado debe seguir invirtiendo, ahora con el litio estamos avanzando para producir aquí las baterías, un anhelo más del pueblo que se va a cumplir si depositan nuevamente su voto en este proceso.

Para terminar, manifestar a todo el pueblo mis verdaderas aspiraciones como líder: así como Simón Bolívar liberó a los pueblos del sur, Fidel a Cuba y Chávez a Venezuela, yo fui elegido por los movimientos sociales, por ese pueblo indígena campesino oprimido para liderar este proceso que es irreversible. Me habrán oído decir muchas veces que deseaba retirarme de la política y volver a la tranquila vida de campo allá en mi chaco. 

Hermanas hermanos, hoy dando la cara al pueblo quiero decirles que no concibo una vida fuera de la presidencial, así como el proceso el líder sufre cambios irreversibles que ni la democracia ni las leyes pueden remediar. 

La derrota no es una opción para mi partido, para mi gobierno, porque los compañeros saben que luego volverán a su triste realidad con las manos vacías. Pero para mí, su líder, es una cuestión de vida o muerte, de esta silla no podrán sacarme, el líder que tuvo sus raíces en un pequeño pueblo rural que tuvo que migrar para buscarse la vida y encontró en el sindicalismo una palestra para escalar hacia los puestos más altos de la política no planea volver. El camino fue largo y no estoy dispuesto a rifar mi liderazgo, aún si el precio a pagar sea el futuro de este país, desigual, empobrecido y sin respuestas.

Muchas Gracias”. 

En ese momento el todopoderoso líder levantó la mirada y ante él solo había un espacio vacío, todos los medios abandonaron el lugar, volteó a buscar a alguien de su delegación y nada. 

El todopoderoso líder se encontraba solo al fin con él mismo. Solo en su palacio, sólo el silencio acompañaba sus tribulaciones, espantado no por el efecto político de sus declaraciones, sino por encontrarse en una posición donde ya no era capaz de distinguir entre sí mismo y sus propios demonios, demonios que siempre susurraron en los oscuros pasillos de su inconsciente.

 

 

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