Matasuegra

Miedo a debatir

Si viviéramos en una democracia plena, en vez de andar por ahí haciendo campaña populista, don Evo se estaría preparando para dar la talla en un debate con Mesa y los demás candidatos.
domingo, 09 de junio de 2019 · 00:00

Willy Camacho Escritor

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “debatir” tiene dos acepciones: 1. tr. Dicho de dos o más personas: Discutir un tema con opiniones diferentes. 2. intr. Luchar o combatir. U. t. c. prnl. “Se debate entre la vida y la muerte”.

La primera acepción puede ampliarse, de acuerdo a lo que se señala en diversos libros sobre oratoria: “El debate es un acto de comunicación que consiste en la discusión de un tema polémico entre dos o más personas, tiene un carácter argumentativo, está dirigido generalmente por una persona que asume el rol de moderador para que de este modo todos los participantes en el debate tengan garantizada la formulación de su opinión y, aunque no se trata de una disputa que busca un ganador, sino más bien de poder conocer las distintas posturas sobre un determinado tema, normalmente, siempre se habla de quién lo ha ganado. Esto último se medirá por quién es el que mejor sostiene una idea, más que por quién tiene la razón”.

Todos sabemos, o deberíamos, que debatir es esencial en procesos electorales democráticos, pues ayuda a la ciudadanía a tomar una decisión definitiva en las urnas. Quizá el país donde mayor importancia se le da al debate es Estados Unidos; allá incluso tienen un ranking de los debates presidenciales que entraron a la historia, como los que se dieron en 1992 entre George Bush y Bill Clinton. En el segundo de ellos (recuerda centropolitico.org), “el presidente Bush debía a ir a la ofensiva contra el gobernador Bill Clinton; sin embargo, el presidente se encontró con la dificultad de hablar asuntos sobre temas domésticos y economía, sus puntos débiles. El predominio de la situación del Gobernador de Arkansas fue indudable durante el debate. Sobresalió su seguridad al hablar en público y su forma natural de expresarse”,  ya sabemos quién ganó esa elección.

También en España hay una larga tradición al respecto, y muchos ciudadanos aún guardan en la memoria los debates entre Felipe González y José María Aznar en 1993. Según indica el sitio politicaexterior.com, “el entonces presidente (González) acudió al primer debate, organizado por Antena 3, sin preparación. Esperaba liquidar a Aznar con su reconocida oratoria, pero su rival se había preparado  a conciencia para el encuentro y le noqueó con una avalancha de cifras económicas y acusaciones de corrupción”.  No obstante en el segundo debate, el confiado fue Aznar y eso le costó la elección.

Digo todo esto a propósito del proyecto de ley que los diputados de la oposición Wilson Santamaría y Rafael Quispe presentaron este lunes al presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, referido a obligar a los binomios presidenciales a debatir sus propuestas electorales, en miras de los comicios del 20 de octubre. La iniciativa es buena, pero, podría apostar todas mis fichas a que no prosperará, ya que el MAS nunca, desde que asumieron el gobierno en 2006, ha permitido que su candidato estrella, Evo Morales, participe en debates, pese a la insistencia de los rivales de turno.

De hecho, la diputada Betty Yañíquez ya declaró que el pueblo es la prioridad de Evo Morales, “consiguientemente, él debate cada día con el pueblo (…).  Debemos respetar que es parte del pueblo, debate cada vez con el pueblo”. En resumen, el guión habitual que repiten los adláteres de don Evo cada vez que se lo desafía a debatir.

Evo Morales parece protagonista de un reality,  pues casi toda su jornada es televisada en vivo y directo: va a inaugurar una canchita, y lo trasmiten, da un discurso en un acto sindical, y lo transmiten… y en todos estos años, nunca he visto que transmitan uno de los mentados debates que, según dicen, don Evo mantiene con el pueblo a diario. Siempre lo he visto hablar como loro, cosas con y sin sentido, pertinentes y de las otras, pero jamás lo he visto, sentado en una mesa, argumentado y escuchando argumentos. 

Incluso estoy casi seguro de que sólo se reúne con ese “pueblo” que no le reclama nada, porque con el “pueblo” que tiene alguna crítica no se junta nunca. ¿Acaso recibió los marchistas del TIPNIS, a los discapacitados, a los médicos?

La diputada oficialista Valeria Silva afirmó que no corresponde que Morales debata con otros candidatos, porque los candidatos de oposición “necesitan un poco más de fuerza” para hacerle frente al candidato del MAS, y que deberían debatir entre los que están por debajo de Evo en las encuestas. También algo que repiten desde hace un par de comicios, y que, básicamente, son excusas para que el jefazo masista no tenga que sentarse a debatir con ningún opositor.

La verdad, que la saben todos menos Evo, es que los masistas tienen terror de poner a Evo en un debate, pues el Presidente no tiene muchas luces ni conocimientos. Es chispudo, sí, pero suele pecar de impertinente, o, como se dice vulgarmente, orina fuera de tiesto. Claro que a él le hacen creer eso de que debate con el pueblo o que ningún otro candidato está a su altura, porque nadie tiene las agallas de mirarlo a la cara y decirle la verdad: que en un debate quedaría al descubierto su poca capacidad intelectual, y eso sería fatal, ya que en los debates los indecisos definen su voto.

Si viviéramos en una democracia plena, en vez de andar por ahí haciendo campaña populista, don Evo se estaría preparando para dar la talla en un debate con Mesa y los demás candidatos. Pero, claro, vive en una nube, creyendo que está por encima de todos, gracias a los adláteres que se encargan de poner excusas ridículas en su nombre, ocultando así el pavor y la vergüenza que les da pensar siquiera en la posibilidad de exponer a su jefazo a un debate.

Los oficialistas se llenan la boca hablando de democracia, pero cuando tienen que demostrar sus principios en el mundo real, le quitan la nalga a la jeringa. Democráticos eran los debates de la “terrible” época neoliberal, donde cruzaban ideas entre todos los candidatos (y en ese entonces eran muchos). Democrático sería que Evo no discrimine a sus rivales aduciendo algún tipo de superioridad y más bien se siente a debatir con todos ellos, y claro, más importante y previo, democrático sería que Evo y su partido respeten el voto del pueblo, aunque sea ese “pueblo” con el que el Presidente nunca quiere hablar.

 

 

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