Reino Unido fuera de la UE

To Brexit y 90.000 textos

Hay una intrincada red de normas adoptadas desde los años 70 y que ahora conforman la Ley europea, aplicable en 28 Estados.
domingo, 09 de junio de 2019 · 00:00

Marco Lazo de la Vega D.  Abogado corporativo

Ya pasaron tres años desde el momento en que el Reino Unido (RU) decidió salir de la Unión Europea (UE), como resultado de un referéndum aprobado por el 51.9% de los votantes.  

Si bien se anunció oficialmente la British exit, tal propósito ha demostrado ser mucho más complejo de lo imaginado, al extremo de que a la fecha no se han podido acordar los términos de la separación, en tres diferentes oportunidades. 

Atisbando un tinte de subterfugio, mentes ingeniosas han acuñado un nuevo y divertido verbo: to brexit, cuyo alcance involucra a aquella persona que se encuentra en una fiesta, anuncia que se va, pero se queda.  

La imposibilidad de concretar el acuerdo de salida entre RU y la UE ha generado otra importante dimisión, esta vez muy emocional, justo en el pórtico No. 10 de la calle Downing, demostrando que el proceso no tiene nada festivo, sino el semblante de un espinoso divorcio. Shakespeare acierta otra vez: “Es mejor ser rey de tu silencio, que esclavo de tus palabras”. 

Si bien es interesante especular por qué la mitad de los votantes decidió revertir un proceso integrador que añejaba casi medio siglo, esa empresa la dejo a políticos e historiadores. 

No pretendo analizar si el Brexit es un simple instrumento político o contiene un objetivo real (respeto a la soberanía o mejora en la economía). Tampoco quisiera indagar sobre solidez plebiscitaria, ni sobre el respeto a la voluntad popular, la desinformación o la división de una nación.  

En realidad, el oficio de abogado me impulsa a indagar sobre algunos aspectos jurídicos que probablemente aquejen the rule of law en la antigua Britannia, en caso de que el Brexit se concrete.
 
Aspectos numéricos 

 La BBC estima en 12.000 las regulaciones de la UE en actual aplicación y vigencia en RU.  Ian Forrester QC, juez de la Corte General de la UE, hace referencia a 90.000 textos que conforman el cuerpo del derecho europeo, y que tienen influencia legal en RU.  Tales textos representan una intrincada red de normas adoptadas desde los años 70, y que ahora conforman la Ley europea aplicable en 28 Estados.

Estos textos regulan asuntos casi infinitos, que van desde normas sobre reconocimiento de sentencias, extradición, comercio, agricultura, medioambiente, educación, hasta llegar a temas tan específicos como los componentes químicos para fabricar juguetes.

Si RU concreta el Brexit, ¿qué hará con los miles de textos de la UE? La solución pragmática plantea ratificar los textos en jurisdicción británica, manteniendo su redacción actual.  Este “rebautismo” jurídico, ocioso a primera vista, es en todo caso, más aceptable que la hercúlea tarea de generar miles de textos nuevos, en forma paralela al Derecho de la UE.  En todo caso, la tarea no deja de ser, al menos, discutible.

 
 

Aspectos de independencia jurídica  

La verdadera cuestión de ser o no ser, se presentaría a futuro.  Para ciertos juristas, el mismo Estado de Derecho británico se encuentra en riesgo, ya que el Brexit podría poner en peligro la misma independencia del Poder Judicial.

Debido a la falta de desarrollo regulatorio interno, existe una gran incógnita sobre cómo los jueces británicos coordinarían o coexistirían a futuro, con los jueces de la UE y el sistema jurídico europeo.  Así también no resulta clara la forma por la cual los ciudadanos podrán impugnar actos administrativos de las autoridades a través del judicial review.  En el campo contractual, se podría negar el cumplimiento de obligaciones invocando causales de caso fortuito o cambios en la ley. 

El Gobierno británico ha planteado otorgar amplias facultades discrecionales a los magistrados para que resuelvan en cada caso, si procede o no, el uso de las decisiones de la Corte Europea de Justicia, como fuente del Derecho interno, una vez que RU abandone su jurisdicción.

Según Lord Neuberger, expresidente de la Corte Suprema de RU, los jueces británicos estarían más cerca de valorar aspectos diplomáticos o políticos sujetos a su discreción, y más lejos de valorar un patrón exclusivamente jurídico.  La posición individual de jueces a favor o en contra del Brexit se materializaría en el fondo de la administración de justicia. 

Esta hipótesis atisba eventuales arbitrariedades al momento de emitir fallos judiciales, en cuanto a una posición dividida de jueces que decidan aplicar el Derecho de la UE y los que no.  Esta división de convicción podría reflejarse en sentencias contradictorias, sin coherencia estructural y con menoscabo de la independencia judicial. 

Los jueces son los operadores del derecho, los que deciden el sentido último de la ley.  Son personas con juicios de valor a veces dictados por una subjetividad que determina sus principios y convicciones. Sobre esa base, se generan respuestas disímiles a preguntas cardinales como:

 ¿Cómo debo aplicar el Derecho?; ¿qué significa soberanía e independencia?; ¿estoy de acuerdo con el Brexit?

Con lo explicado, no es desatinado pensar que las personas que conjugan el verbo to brexit han sopesado los retos y valladares de caminar solas en caso que decidieran traspasar el umbral que separa el salón de la fiesta, de la intemperie.

 

 

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