Awqa Pacha

AGL es el ideólogo del extractivismo colonial

La soya transgénica es ambientalmente insostenible, pero económicamente, “¿es justificable producir biodiésel?
domingo, 14 de julio de 2019 · 00:00

José Luis Saavedra  Profesor universitario.

El vicepresidente Álvaro García Linera  es conocido, dentro y fuera del país, por su verbosidad revolucionarista y alevosamente marxista. Sin embargo, tal como vamos a demostrar en el presente artículo, es un vulgar ideólogo (doctrinario y sectario) del extractivismo colonial y anti-indígena, implantado aquí, en nuestra pacha, por los invasores y genocidas europeos desde y a partir del largo siglo XVI.

Una de las más recientes –que no creo las últimas– intervenciones públicas de García Linera es la referida al impulso, obviamente devastador y en realidad catastrófico (por las características edafológicas, físicas, químicas y biológicas de los suelos de la Amazonia norte), del monocultivo de la caña de azúcar y, peor aún, de la soya transgénica para producir biodiésel (cfr. “Vice anuncia la producción de etanol en el norte paceño y sugiere plantar soya para biodiésel”, Página Siete, 6 julio 2019).

¿Cuáles son las principales y más graves consecuencias de esta temeraria sugerencia? Son diversas y complejas; pero los límites estrictos del presente artículo no nos permiten desarrollarlas con la debida amplitud y profundidad. Por ello vamos a limitarnos a exponer dos de las más graves consecuencias de la expansión de la frontera agrícola que, según las estólidas mociones de Linera, significaría el aumento de las hectáreas de este monocultivo (de la soya transgénica), proyectadas a 11.000  para los primeros años de la década de 2020, y que “fácilmente puede expandirse a 20.000, 30.000, 40.000 y 50.000” (Ibíd.).

En primer lugar, Linera, al proponer sembrar soya para biodiésel en la Amazonia norte (específicamente en el departamento de La Paz), perpetra –impune y flagrantemente– una gravísima violación de la Constitución, por cuanto  el Art. 390 (en el Capítulo Octavo referido precisamente a la Amazonia) establece irrefutablemente que:  

“I. La cuenca amazónica boliviana (entendida como espacio territorial selvático de bosques húmedos tropicales) constituye un espacio estratégico de especial protección (...) por su elevada sensibilidad ambiental, biodiversidad existente, recursos hídricos y por las eco-regiones”.

En la Amazonia norte (de La Paz) también está el área protegida más megadiversa del planeta: el Madidi (Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado) y, según el Art. 385 de la misma Constitución: “I. Las áreas protegidas constituyen un bien común y forman parte del patrimonio natural y cultural del país; cumplen funciones ambientales, culturales, sociales y económicas para el desarrollo sustentable”.

En segundo lugar están los gravísimos impactos socioambientales (de los monocultivos y de las agriculturas intensivas) en la vida de la gente y de los correspondientes ecosistemas y biodiversidades (en inminente riesgo de ser arrasados por la pujante maquinaria del desarrollo capitalista, depredador y devastador).

Para el tratamiento sintético (esquemático) de la problemática de los impactos del agro extractivismo, vamos a recurrir a la palabra de un experto, Miguel Ángel Crespo, director de Probioma (Productividad Biósfera Medio Ambiente), quien, en una interesante conversación, nos refiere que “una de las causas de estos impactos es la relación con el uso de agroquímicos, que se ha incrementado en nuestro país (Bolivia) a raíz de la introducción de transgénicos (como y principalmente la soya) y que ahora se quiere continuar incorporando y agudizando mucho más estos impactos”.

A ver, señor Crespo, explíquenos un poco más. “La soya que quieren traer para la producción de biodiésel es una soya que es resistente al glifosato y glufosinato (de amonio )y que puede soportar hasta ocho kilos o litros de estos dos herbicidas, es decir que es un grano altamente tóxico. Y es por esta razón que (entre otros impactos) el índice de cancerigenidad se ha incrementado ostensiblemente en nuestro país”.

En relación con las consecuencias de la producción de más soya transgénica, Crespo nos habla de que “la primera consecuencia va a ser la deforestación. Dónde se va a deforestar, en los bosques de la Amazonia norte, que no son aptos para las actividades agrícolas, sino para la actividad forestal. O sea, primer impacto, deterioro y degradación de suelos, deforestación de bosques, que va a generar cambios climáticos sin precedentes, como los que ya estamos viviendo, y los va a agudizar, es decir (tendremos) sequías permanentes y lluvias torrenciales más concentradas en sólo unos pocos días”.

La soya transgénica es pues ambientalmente insostenible, pero económicamente “¿es justificable producir biodiésel?, no. Si nos ponemos (a pensar) en términos económicos producir esa soya va a demandar aproximadamente 30 millones de litros de diésel y 11 millones de litros de agroquímicos adicionales. Entonces, dónde está el ahorro, dónde está el aporte al medioambiente, ¡no existe!, es un discurso que cae por su propio peso”.

“Lo más grave de esto, José Luis, es que Bolivia, el Gobierno boliviano no tiene una agenda en términos de una política de Estado en temas de seguridad y soberanía alimentarias, prácticamente el Estado boliviano se ha subordinado al agronegocio de las grandes corporaciones (transnacionales). Se habla mucho de la Madre Tierra y la Pachamama, pero es una falsedad, una mentira, una impostura, en realidad el Estado boliviano se ha sometido al agronegocio”.                

En definitiva, “la base de la vida son las semillas y si un país pierde sus semillas, como lo está haciendo Bolivia, a través de la introducción de semillas transgénicas, es un país que deja de tener soberanía alimentaria, es un país que pierde la soberanía científica y es un país que en definitiva pasa a ser dependiente de las empresas transnacionales”.

Queda pues claro el carácter colonial y anti-indígena de la “promesa” de García Linera.

 

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