Rumbo a las elecciones de 2019

¿Temor? ¿Arrogancia? ¿Falta de capacidad? ¿Estrategia? ¿Por qué Evo no debate?

El Presidente es un gran comunicador pero podría perder el control, los estribos y molestarse. El marketing político indica que el que encabeza las encuestas no debate; éstos y otros argumentos explican por qué el Presidente huye a la confrontación de ideas.
domingo, 14 de julio de 2019 · 00:00

Fernando Chávez V.  Periodista

¿Temor? ¿Arrogancia? ¿Falta de capacidad? ¿Estrategia? Evo Morales se niega y siempre se ha negado a contraponer ideas con sus adversarios políticos. Atrás quedaron las épocas en la  que los candidatos debatían con el impulso de la Asociación de Periodistas de La Paz y con la moderación de Carlos Mesa. Ese Mesa que hoy, sentado desde la otra vereda, le exige al Presidente sentarse a discutir. Por supuesto, la respuesta es un rotundo no.

Pero, ¿por qué? Casi todos los analistas coinciden en al menos dos criterios; uno, porque al verse como favorito en la intención de voto, “él no debate con segundos”. Dos, porque sabe que su contrincante (en este caso Mesa) está mejor preparado y el candidato del MAS no puede arriesgarse a “perder puntos”.

“La teoría del marketing electoral y en la experiencia de países que han inventado y aplicado el tema del debate, dice que el que está  primero en las encuestas no debate porque puede perder votos. Y esto viene a raíz del famoso debate Nixon-Kennedy, en el que  el primero estaba liderando las encuestas, fue al debate y Kennedy lo sobrepasó. La gente atribuye esa derrota al debate”, explica y recuerda el analista Carlos Cordero.

Según Cordero, los asesores y estrategas del MAS creen en esa máxima. “Hay otro tipo de argumentos, como que el Presidente es un gran comunicador pero podría perder los estribos, o molestarse, porque puede muy fácilmente perder el control y por eso salen rápidamente a desechar la posibilidad de un debate.  A la inversa, la teoría también dice que para  los que no están liderando las encuestas  el debate les da la posibilidad de superar políticamente a sus adversarios” , explica.

En Estados Unidos, el debate presidencial entre los candidatos es una institución. En octubre de 2016,  84 millones de personas vieron el primer debate presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton y unos 66,5 millones el segundo encuentro cara a cara de los candidatos. Ese primer encuentro fue el más visto en los 60 años de historia de los debates en ese país. Un votante norteamericano no acostumbra a ir las urnas sin haber escuchado, o visto, un debate de propuestas.

 En la gran mayoría de los países de la región se realizan este tipo de eventos. Se ha introducido en los sistemas mediante la tradición o cultura política, como es el caso de Perú, Chile y México, por mencionar algunos. Mientras que en otros casos  es de carácter obligatorio, es decir, impuesto por ley, como sucede en los países de Brasil, Colombia, Costa Rica y Panamá, por ejemplo.

En mi opinión, continúa Cordero, “el país no necesita debates, creo que esto es un juego político, lo que el país necesita es una adecuada rendición de cuentas. El país necesita explicaciones de las autoridades de gobierno de distintos temas que preocupan a la ciudadanía, la corrupción, el Lava Jato. Hay ciudadanos que lo que esperan es eso, una rendición de cuentas”. 

El debate es un elemento importante de las campañas electorales. En Estados Unidos está institucionalizado, pero no es obligatorio. El corazón de la democracia es la participación ciudadana y el respeto al voto ciudadano. “Por ahí algún candidato, luego del fracaso de Nixon, ya no quiso debatir. En España los debates también son bastante usuales, ya forman parte de la cultura política. Para nosotros sería muy importante que hubiera un intercambio de ideas, pero los candidatos en Bolivia no están obligados”, aclara.

Ricardo Paz, estratega de campaña de Mesa, opina que “Evo Morales no quiere debatir porque esa es una característica típica de los caudillos autoritarios, que establecen un tipo de comunicación de un solo lado. No les gusta, en ningún caso, la comunicación bidireccional. No establecen diálogo, les gusta el monólogo. No les gusta recibir alguna respuesta, o discrepancia, y no se adaptan a gente que piensa diferente a ellos. Entonces es una consecuencia; el hecho de que Morales no quiera debatir es simplemente la consecuencia de su talante autoritario, de su forma de ser. Él está acostumbrado a la dictadura sindical; a mandar. Para él, el mundo se divide entre amigos, adláteres,  vasallos y enemigos. No hay matices; solo tiene enemigos  o solo tiene vasallos”.

Para Paz, el hecho de que Morales encabece la preferencia en las encuestas y  no tenga que debatir es un mito de las campañas electorales y de las elecciones. “No es verdad. En la mayoría de las legislaciones electorales en el mundo se establece el debate como un derecho de la ciudadanía. Los ciudadanos tienen el derecho a escuchar en un debate público  la contrastación de propuestas e ideas de los candidatos. Eso pasa en casi todos los países del mundo”.

El periodista Mario Espinoza sostiene que “hay que partir de la “primaria política”, que dice que el que está ganando en las encuestas no debate con nadie. Pero es la teoría; no se ha aplicado en mucho tiempo. “Lo que pasa es que Evo Morales no quiere debatir porque se va a enfrentar a Carlos Mesa, que sabe debatir, sabe hablar y sabe manejar los temas, aunque el Presidente ha aprendido (hay que reconocer que ha aprendido algo en estos 13 años). Me imagino que no debate por consejo de sus asesores, para no exponerlo a un papelón”.

Espinoza recuerda que Mesa moderó uno de los grandes debates  en la Asociación de Periodistas, cuando en 1989 se enfrentaron  Jaime Paz Zamora,  Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Banzer. En aquella oportunidad  “Gonzalo Sánchez de Lozada destrozó a sus adversarios a base de humor, tenía mucho conocimiento, pero el humor hizo las delicias del público. Banzer fue muy cauto, quizá demasiado, no quería ir a la discusión con nadie. Y el que perdió fue definitivamente Paz Zamora; se enojó un par de veces y golpeó la mesa. Allí, el que se enoja, pierde”.

Según Espinoza, el último debate que vivió el país fue en radio Fides, en 2003, cuando se vieron las caras Evo Morales y Sánchez de Lozada. “Evo lo sacó de sus casillas a Goni cuando lo acusó de utilizar dinero del narcotráfico. Y Sánchez de Lozada hizo lo que nunca debió haber hecho; se enojó”. 

Para el analista Carlos Toranzo, “en toda democracia el debate y la deliberación  son centrales, mucho más en épocas electorales, donde los candidatos deben mostrar sus ideas principales, los puntos nodales de cómo enfrentar los retos del país. Pero, cuando en lugar de democracia de calidad existe gobierno autoritario, de caudillo fuerte, éste eludirá todo tipo de debate, despreciando la deliberación y a los oponentes”.

Los estrategas y autoridades del Gobierno asumen una posición radical en torno a un posible debate. Gustavo Torrico, asambleísta del MAS, dijo esta semana que “no hay nada que discutir con Mesa”. “Lo que él quiere es que le armemos una tarima política para que se suba. Eso no lo vamos a hacer. Si encontramos un compañero bipolar en nuestro partido se lo presentaremos para que se entiendan”, dijo en tono burlesco refiriéndose a esa característica ambivalente que le achacan al candidato de Comunidad Ciudadana.

En esa línea, el ministro de Comunicación, Manuel Canelas, cuestionó   las incoherencias del candidato de CC.  “La convocatoria al debate que realizó Mesa sólo es un intento para recuperar la iniciativa después de una semana política negativa”, dijo y  le pidió “ordenarse primero”. Canelas recordó que  en los últimos siete días  Mesa incurrió en una serie de contradicciones y dubitaciones que hicieron recordar al electorado la inestabilidad e inseguridad que caracterizaron su gobierno.

El politólogo Jorge Dulon dice que rechazar el diálogo “es parte de la estrategia de la campaña del MAS desde el 2006, cuando se estableció que el candidato Morales no debata con nadie”. “Esto, porque no tiene la capacidad de debatir, de intercambiar ideas con otros candidatos, quizás por una carencia de oratoria y de virtud. Y además porque Morales está acostumbrado a repetir consignas políticas que son permanentes y recurrentes en el tema de la lucha contra el imperio, la victimización permanente del MAS. En realidad no puede debatir asuntos más técnicos, o en relación a políticas públicas”.

“Seguramente sus asesores, y él mismo, creen que si se enfrentan en un debate, donde le van a plantear aspectos técnicos, por supuesto que va a perder y eso es muy riesgoso para él como candidato porque puede perder puntos. Entonces, como no le conviene estar en un debate, prefiere no hacerlo”, dice Dulon.

En definitiva, el país tendrá que esperar hasta la siguiente elección para conocer propuestas, evaluar posibles debates  y decidir su voto.

 

La importancia del debate
Según la abogada dominicana Fernanda Frías  la importancia del debate radica en cinco factores:

1. Promueve el ejercicio del derecho al voto de forma consciente, a partir de la información suministrada;

2. Los candidatos cumplen con su rol de dar a conocer y discutir  sus ideas y planes de gestión;

3. Le ofrece al votante/televidente comparar, de manera inmediata, las propuestas y a los mismos aspirantes, pudiendo incluso detectar cuáles propuestas se ajustan a la realidad de un país;

4. Se nivela la cobertura mediática entre los candidatos;

5. Se contribuye a la eliminación de los mecanismos clientelistas que habitualmente se utilizan para promover a un candidato y, a la vez, influir en la intención del voto.

“En el ámbito político pocas cosas arrojan más claridad que el debate. El mismo ofrece una oportunidad excelente para la exposición y comparación de la oferta política entre contrincantes. A la vez, realiza una importante contribución a la democracia, toda vez que el ciudadano está mejor informado al momento de decidir sobre su voto”, opina el analista Mario Franco. 

Y el   colombiano Alejo Vargas  dice que “el debate político es algo fundamental en democracia, no sólo para que se expongan los diversos puntos de vista, sino también para que se haga control político de los gobernantes y de las instituciones en su funcionamiento y para que se conozcan propuestas diferentes para manejar los asuntos públicos”.

 

 

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