Estructuras comunitarias

Devenir político: “otro” y “nuevo” pluralismo

Estas dinámicas han relajado la gravitación hegemónica del gobierno de Morales para dar lugar a un escenario e imagen de hegemonía incompleta.
domingo, 21 de julio de 2019 · 00:00

Fernando L. García Yapur Analista sociopolítico

Este año 2019 se cumplió una década de la aprobación del nuevo texto constitucional en el que se establece el carácter plurinacional del Estado y, con ello, la institución de un conjunto de dispositivos normativos que replantean el desempeño de las dinámicas políticas e institucionales del Estado. 

Las connotaciones del texto constitucional no han sido abordadas ni discutidas con amplitud; quizás, los tiempos y acontecimientos del proceso constituyente y posconstituyente en sus distintas fases no permitieron  contar con el espacio para el análisis y reflexión. 

Lo cierto es que a lo largo de la década han operado transformaciones institucionales que lograron asentarse como los factores y/o determinantes del proceso político; algunos, directamente vinculados a la puesta en marcha del texto constitucional: la reorganización del Estado y, en su mayoría, como irrupción evanescente en el devenir político.   

De esta manera, en el balance, existen nuevos factores y/o condiciones que en los hechos replantean y ponen en vilo el ejercicio lineal de la hegemonía política o, mejor, de la gestión que lleva adelante Evo Morales con relativo éxito. 

Un factor continuo y, quizás, nuevo para el lenguaje político es la presencia de un “otro” pluralismo que, asimismo, se complementa con la instalación de renovadas expectativas e imaginarios: un “nuevo” pluralismo que emerge como resultado de los efectos de la gestión hegemónica. 

En primera instancia, para dar cuenta de esta realidad es importante marcar la diferencia entre el “otro” y el “nuevo” pluralismo. La noción de “otro” expresa la presencia de dinámicas político-institucionales que están más allá de la idea convencional de pluralismo partidario u electivo que en general define al performance del sistema político.

 En todo caso, habla de la incidencia de un “segundo circuito” (Arditi, 2005) en el campo político; esto es, en nuestro caso, de estructuras comunitarias, asociativas y/o corporativas que subvierten y/o puentean a las estructuras partidarias e institucionales en la intermediación e intercambio político.

 Estas estructuras y sus formatos de acción fueron considerados bajo la anterior nomenclatura como “no propias” de lo político; es más, como factores que debieran superarse o bien domesticar y civilizarse. 

Empero, sin ellas, a pesar de todos los intentos de subsumirla, no sería posible una caracterización satisfactoria de las dinámicas de juego e intercambio que acontecieron y suceden en el campo político y, por ende, en el desempeño de las relaciones gobierno/oposición, Estado/sociedad civil, etcétera. 

Sin este “otro” pluralismo no habría una lectura que explicite el actual devenir político que acontece en el país.

Por otra parte, una tendencia que empieza a visibilizarse es la resignificación de un conjunto de clivajes discursivos que expresan la reconfiguración del viejo pluralismo y la emergencia de un “nuevo pluralismo”. 

Por “nuevo pluralismo” no debe entenderse la sustitución, agotamiento y/o abandono de los ejes discursivos sobre los que se movían las interacciones políticas: “proceso de cambio”, “incorporación y democratización social”, sino la introducción suplementaria de nuevas estructuras de significación: “institucionalización democrática”, “ciudadanía”, “Estado de derecho”, “garantías”, etcétera. 

En una palabra, ha ido aconteciendo una ampliación y redefinición de los recursos simbólicos del campo político para el despliegue de las interacciones hegemónicas que pudieran ser capitalizadas por cualquier sujeto con voluntad de articulación e interpelación discursiva.

En suma, estas dinámicas de un “otro” y “nuevo” pluralismo han relajado la gravitación hegemónica del gobierno de Evo Morales para dar lugar a un escenario e imagen de hegemonía incompleta. 

El “otro” y “nuevo” pluralismo son, paradójicamente, los frutos y/o resultados de las transformaciones que se fueron asentado en el campo político a lo largo de la última década y, por ello, van más allá de las dimensiones y formatos convencionales de hacer política de un lado y otro. 

El gran desafío para adelante es, nuevamente, lograr combinar la articulación del “otro” pluralismo: las estructuras y formatos de acción colectiva de raíz comunitaria, asociativa y corporativa que buscan tener “parte en la distribución de las partes” (Rancière, 2000), con el discurso de un “nuevo” pluralismo de raíz ciudadana y garantista que busca resignificar o reinventar la gestión hegemónica.

 

 

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