La paridad hombre-mujer no asegura políticas equilibradas de género

Lo que ha pasado es que junto a la representación, las mujeres han igualado en subordinación a los hombres; no han igualado en libertad. La paridad no tiene mucho significado si es que hay un gobierno con una narrativa y una personalidad profundamente machistas.
domingo, 21 de julio de 2019 · 00:00

Fernando Chávez V.  Periodista

Participación y representación son palabras clave en el protagonismo de las mujeres en la política en  democracia, pero pese a que existe la normativa, la presencia e influencia reales de las mujeres en los poderes y en la vida pública aún no se ha consolidado, por diversos factores, que tienen que ver sobre todo con un escenario claramente machista que aún predomina en el país.

La paridad de género es el principio que se utiliza para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres en el acceso a puestos de representación política. En Bolivia, las listas de candidaturas deben estar conformadas por el 50% de mujeres y el 50% de hombres, en cumplimiento de los criterios de equivalencia, paridad y alternancia, establecidos en la Ley N° 026 del Régimen Electoral. Según el cronograma, la entidad electoral tendría que comenzar  la verificación de los requisitos el 20 de julio.

Según la ley 026, “la democracia boliviana se sustenta en la equidad de género e igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres para el ejercicio de sus derechos individuales y colectivos, aplicando la paridad y alternancia en las listas de candidatas y candidatos para todos los cargos de gobierno y de representación, en la elección interna de las dirigencias y candidaturas de las organizaciones políticas, y en las normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos indígena originario campesinos”.

Pero pese a los avances en legislación, la realidad muestra otra cara. Para la socióloga feminista Sonia Montaño, la paridad va de la mano con la búsqueda de mayores derechos. Eso, en el caso boliviano, no ha ocurrido, dice. “Bolivia aparece en el mundo  como el país más avanzado en paridad. Es prácticamente aparte de España, un país donde el Parlamento es paritario, pero lo que ha pasado es que junto a esa representación, las mujeres han igualado en subordinación a los hombres; no han igualado en libertad, porque las mujeres, al igual que los hombres, han terminado obedeciendo al Poder Ejecutivo”.

Montaño explica que esa situación, para el caso boliviano ha significado un retroceso en el sentido de que la presencia de las mujeres no ha significado avances significativos para sus derechos.  “Por ejemplo, no se ha fiscalizado el cumplimiento de la ley 348; han aprobado muchas leyes por consigna, igual que los hombres, pero no se ha fiscalizado el cumplimiento. Ahora, para la oposición resulta muy difícil superar el desafío. El escrutinio público, a hombres y mujeres, tiene que ser muy estricto. Lamentablemente, como hay un sesgo machista, uno tiende a mirar más a las mujeres cuando se equivocan, que a los hombres. Por prejuicio. Y ahí se preguntan, ¿para qué sirven las mujeres? Y yo digo, ¿para qué sirven los hombres en el Parlamento?”.

“El desafío de la oposición es incluir mujeres que hagan la diferencia; que actúen con autonomía, no solo respecto del Poder Ejecutivo, sino respecto de los hombres de su partido. Ese es el desafío. Ojalá haya mujeres en todos los poderes del Estado eso es lo que hay que lograr, pero por lo menos que cuando estén en el Legislativo piensen con cabeza propia”, reflexiona. 

Según esta socióloga, “las mujeres han igualado, en sumisión, a los hombres. Muchas mujeres son mucho más duras y protagonistas en el parlamento, pero eso no hace ninguna diferencia porque ellas están obedeciendo al Poder Ejecutivo”.  

“Cada que el Presidente dice una tontera a las que nos tiene acostumbrados, machista y ofensiva, las parlamentarias miran a un costado. No han fiscalizado las leyes de violencia contra las mujeres; no hay propuestas interesantes  para mejorar el empleo, la independencia económica de las mujeres. Más allá de la ley de paridad, que viene del ámbito internacional y la de violencia, que tiene muchos años, no hay contribuciones importantes.  Es muy poco lo que ellas han hecho para beneficiar a la mujer”, critica. 

“En otros países, donde hay paridad, las mujeres hacen bancadas transversales, por ejemplo, aquí en Bolivia creo que no se juntan ni entre ellas, y menos con la oposición para  tratar temas urgentes. Lamentablemente, la paridad en Bolivia deja mucho que desear. Ojalá, si tenemos un nuevo gobierno, las mujeres tengan la fuerza de ser independientes respecto del gobierno y de su propio partido, por lo que está visto que los partidos siguen siendo machistas”.

 

Exclusión de las mujeres

La psicóloga social Ely Peredo va por el mismo camino. “Está bien la paridad, el tema es que el sistema político, como está construido ahora, está orientado a excluir el poder de las mujeres. La paridad no tiene mucho significado si es que a la cabeza de un gobierno  tenemos una narrativa y una personalidad profundamente machista y hasta misógina como lo ha estado demostrando durante estos años el presidente Morales”, opina.

“Pasa lo mismo con el plan de emergencia para la mujer, justamente esta semana. Creo que ese es un buen ejemplo. Esta semana se han reunido ante la alarmante cifra de mujeres que son asesinadas por feminicidas; tenemos más de 70 en siete meses, eso quiere decir que hay diez feminicidios cada mes. Esto ha provocado una gran alarma. Han lanzado un plan que consta de 10 pactos, pero el mismo día el presidente Morales se ha hecho burla de Sayuri Loza, la hija de la emblemática parlamentaria Remedios Loza, haciendo esos comentarios cuando recibía las listas electorales”, recuerda esta experta.

“El mismo día en el que se pretende lanzar un plan basado en la igualdad de derechos, en el derecho de ciudadanía, de seguridad y de respeto de la vida de las mujeres, el Presidente no se controla y lanza un comentario que es claramente misógino y tiene una carga machista muy fuerte que claramente da cuenta del escenario en el cual  el tema de la paridad, de los géneros, está discurriendo”. 

Para Peredo, un aspecto importante es el trabajo en la cultura política de las organizaciones políticas. “Hay todavía en la mayoría de las organizaciones un sesgo machista por el que se piensa que asegurar la paridad con la participación de la mujer es como una concesión que se está haciendo a las mujeres. Y hay varios estudios y evidencias de que a pesar de que se han establecido normas para que haya una paridad del 50%, esto no necesariamente ha funcionado”, opina.

Hay un reporte de la Asociación de Parlamentarias, de hace dos años, que muestra con mucha claridad los grados de violencia a los que se ha llegado para poder inclusive remover o desplazar de su  puesto de representación política a una mujer, dado que esto podía facilitar la participación del segundo en la lista. 

En ese sentido, asegura que cualquier norma que se tenga que aprobar para  asegurar la presencia de mujeres en términos de igualdad, no en términos de concesión. “Hay una experiencia acumulada en términos de propuesta política enorme desde las mujeres. Y hay una mirada diferenciada que hay que recuperar para el bienestar de la sociedad. Para lograr eso, es importante mirar a la especificidad de la problemática que se vive en cada realidad. Y en el caso boliviano, hay estas experiencias”. 

¿Cuáles son las medidas que se tienen que tomar? Justamente deben tomarse en base a estas experiencias que no han sido de lo más positivas para la participación de la mujer en la política. 

Peredo recuerda que hay innumerables casos de hostigamiento, de acoso, de cercamiento político, o de condicionamiento político. Y por otro lado está el tema de que la paridad no necesariamente asegura el desarrollo de propuestas que den lugar a políticas equilibradas de género.  

“En este periodo hemos tenido una presencia enorme de mujeres en el Parlamento y tenemos una presencia significativa de mujeres en el Ejecutivo, es algo que hay que celebrar, rescatar y reivindicar, pero al mismo tiempo eso no ha garantizado que esta lectura desde lo femenino se esté planteando”. 

En Twitter, el candidato a la presidencia por Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, (que propuso  que las primeras senadurías de los nueve departamentos de su partido serán ocupadas por mujeres), dijo esta semana que  “es evidente que la violencia de una sociedad machista se ha mantenido en un gobierno machista, que no ha tenido la capacidad y la voluntad para enfrentar un problema cuya gravedad se refleja en informes de organismos internacionales que nos indican que Bolivia encabeza la lista de 13 países de Latinoamérica con más casos de violencia física contra mujeres y el segundo en cuanto a violencia sexual”.

Para la directora de la Coordinadora de la Mujer, Mónica Novillo, “los avances en el ejercicio de los derechos de las mujeres son interdependientes y el acceso de poder político es clave para cambiar el sistema machista-patriarcal”.

Recientemente,  Lucila Mendieta, candidata a la  vicepresidencia por el Movimiento Tercer Sistema (MTS), liderado por Félix Patzi, dijo a Página Siete que “en el marco de las elecciones nacionales, hay  mecanismos que vigilan el cumplimiento de la  paridad  y alternancia que apoya     una mayor participación política de las mujeres. Esto hace que se genere una amplificación -en la agenda electoral- de los temas y demandas de nosotras”.

“Pero si bien se ha logrado  contar con un mayor  número de mujeres candidatas y en la Asamblea Plurinacional, la transformación del Estado hacia un modelo más equitativo  aún está pendiente y requiere de la intervención de toda la sociedad. Una muestra es que aunque el porcentaje  de mujeres en las  listas electorales alcanza  el 50%,  esta cifra no garantiza nuestra  representatividad  en la agenda  del país. Hace falta que no sólo las mujeres, sino los hombres se comprometan a tomar acciones para garantizar que todas puedan ejercer sus derechos, tener oportunidades”.

Para la activista María Galindo, la idea del empoderamiento “es que careces de algo, que te falta algo para tener esa libertad, esa dignidad que quieres y que, por lo tanto, empoderándote adquirirás, por arte de magia, eso que te falta. La matriz del empoderamiento desdibuja las injusticias y retorna la responsabilidad a quien ocupa un lugar de debilidad”. 

Según Galindo, “la técnica electoral de la paridad y alternancia un fracaso histórico. Las mujeres ‘deben’ ocupar un lugar equivalente al de un hombre en los términos en los que los hombres, desde el punto de vista patriarcal, han determinado. Las mujeres que allí entran no tienen derecho de cambiar las reglas del juego, sino que deben limitarse a jugar el juego bajo la premisa de que son unas recién llegadas y que de todas maneras lo están jugando mal”.