Paradoja patriarcal

Por qué el plan del Gobierno para detener los feminicidios no es creíble

Los “pactos” para detener la masacre de mujeres por sus parejas tiene su propia limitación delineada por la incontinencia machista de Morales.
domingo, 28 de julio de 2019 · 00:00

Elizabeth Peredo Beltrán
Psicóloga y activista  por los derechos ambientales y de las mujeres

El lunes 15 de julio sesionó el gabinete especial para la mujer que encabeza el mismísimo presidente Morales para aprobar el “Plan de Acción de Lucha Contra el Feminicidio y la Violencia Machista”, elaborado con los ministerios de  Comunicación, de Justicia, de Educación, de Relaciones Exteriores, el despacho presidencial y de Gobierno. Fue Morales el encargado de comunicar que el plan consta de “10 pactos” que se proponen para enfrentar la ola feminicida que asola el país. 

Más de 70 feminicidios en menos de siete meses en Bolivia es para alarmar a cualquiera, así lo reclaman la sociedad civil y los movimientos feministas que han exigido acciones urgentes ante lo que muchas llamamos “una guerra contra las mujeres”.

El mismo día, suponemos que horas más tarde (daría lo mismo si lo hubiera hecho antes) el presidente Morales se burlaba de Sayuri Loza, hija de la fallecida parlamentaria chola Remedios Loza, cuando leía la lista de nombres propuestos por el MAS a la Asamblea Plurinacional: “Sayuri Loza, historiadora; suplente: Omar Zambrana. Hija de Remedios Loza, en vez de Sayury Loza debería llamarse Sayuri Palenque Loza  pues (risas)… ese compadre se ha comportado como el cura. En el pueblo todo el mundo dice padre, padre, menos su hijo; su hijo (dice) tío, tío” (risas, risas de varones que acompañan). 

Sin darse cuenta –amparado en la impunidad de macho alfa en el poder que él mismo ha construido en más de 10 años de mandato– sacó a flor de piel una de las características principales de la violencia machista: la incontinencia, la falta de autocontrol, el deseo desbocado y violento, la testosterona detrás del batacazo. 

Morales es apenas la punta del iceberg; en la base millones de hombres replican el abuso misógino y machista creyendo emular al líder y seguros de que como “esito nomás es” no tendrán castigo o sanción. Sus actos de discriminación y violencia no tienen consecuencias. Así, la acción política de crear un conjunto de “pactos” para detener la masacre de mujeres por sus parejas tiene su propia limitación delineada por la incontinencia machista de Morales. Esa es sólo una de ellas. Las hay de mayor complejidad.

Un “pacto”, por otro lado, es un término patriarcal, se usa mucho en la política y en la Iglesia Católica; en términos coloquiales se habla de “pacto de caballeros”. En Bolivia se usó para la alianza impuesta de las dictaduras militares con los campesinos. ¿Por qué este plan utiliza esta jerga que tiene una historicidad concreta asociada a las dictaduras en nuestro país? Además, un pacto supone una claridad sobre los términos de lo que se está pactando. ¿Cuáles son las bases del pacto con los diferentes sectores?  ¿Están recuperando las miradas de los feminismos que están encarando los feminicidios y la violencia machista en el día a día? ¿Vamos a seguir repitiendo lo mismo que no ha dado resultado en tantos años? ¿De qué trata el “pacto” con las familias y los sistemas de valores? ¿De qué familias estamos hablando? Se deberían cambiar hasta las palabras con las que nombramos una acción política para transformar uno de los nudos más violentos de la sociedad.

Pero, además, una de las áreas “pactadas” es definir un mayor porcentaje del IDH para estas políticas, aparte del que dispone la Ley 348 que –por demás está decirlo–  ni siquiera tiene un nivel de ejecución coherente y consistente con sus objetivos. 

Este es un tema álgido. Porque el Impuesto Directo a los Hidrocarburos es un fetiche que el moderno Estado Plurinacional está construyendo a costa de la depredación ambiental, a costa de cambiar la legislación de protección de los parques nacionales para ampliar la frontera petrolera y gasífera en alianza con las petroleras multinacionales, a costa del desplazamiento de pueblos indígenas originarios, selváticos y de comunidades rurales que están defendiendo sus territorios de la violencia extractivista. 

Y estamos hablando de conflictos ecoterritoriales en tiempos de la transición energética ante la gravísima emergencia del cambio climático. En esas áreas de conflicto, generadas por la política de ampliación de la frontera petrolera, las mujeres sufren una gran arremetida patriarcal por doble partida (como en el caso de las mujeres de Tariquía): por las políticas depredadoras del Estado y por las relaciones de pareja y familiares que apelan a sus “sistemas de valores” para cuestionar las libertades y rebeldías que estas mujeres están construyendo para resistir al extractivismo.

No se puede pensar en combatir el feminicidio sin asegurar la justicia social y la justicia ambiental, sin deconstruir las masculinidades violentas, sin plantearse la organización social de los cuidados, sin transformar el sistema educativo desde esas perspectivas, sin pensar en la transición energética, sin construir indicadores alternativos de prosperidad, sin respetar y cuidar a la naturaleza. 

Un Estado como el que están empeñados en construir Evo Morales y Álvaro García Linera, que impone políticas energéticas depredadoras con megahidroeléctricas y un imaginario de la “súper potencia” regional, que nos planta una central nuclear con los rusos, pisoteando la Constitución y amplía las actividades extractivas mineras como la minería del oro; o amplía su base política electoral con la violencia de los choferes del transporte urbano privado, no será capaz de detener los feminicidios y la violencia contra las mujeres porque las estructuras operativas que están construyendo como base de su economía son violentas y misóginas.

Para  esto  hay que ver el último informe de Unicef ICCO sobre la violencia y trata a niños y niñas en las rutas de la minería del oro; porque las estructuras estatales y políticas que están construyendo son autoritarias y violentas para asegurar ese modelo. Y porque están amparadas en el abuso y la impunidad.

En estas condiciones, ¿qué les hace pensar a las integrantes del gabinete de la mujer que este plan así diseñado dará resultado?

 

 

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