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Paola Gareca: guerrera del agua, el territorio y la vida

Tariquía está forjando las más heroicas luchas contra el extractivismo hidrocarburífero y esta épica revuelta está liderada por las mujeres.
domingo, 07 de julio de 2019 · 00:00

José Luis Saavedra Profesor universitario

Actualmente en Bolivia se están generando una serie muy importante de resistencias y movimientos indígenas y campesinos en contra del extractivismo depredador de la Madre Tierra (cfr. “Extractivismo: Hay resistencia a proyectos”, El Día, 6 agosto 2017). Y una de las revueltas anti-extractivistas más significativas es sin duda alguna la que se está desarrollando en la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía, que se encuentra en la región sureste del departamento de Tarija, en las provincias O’Connor, Arce, Gran Chaco y Cercado.

Hoy, Tariquía no sólo está forjando las más heroicas luchas contra el extractivismo hidrocarburífero –tanto que los comunarios mantienen y persisten en la vigilia y el bloqueo de caminos durante ya más de 90 días e impidiendo el ingreso disruptivo de las petroleras a la Reserva de Tariquía–, sino también es en verdad notable que esta épica revuelta de las comunidades en resistencia sea liderada fundamentalmente por las mujeres.

El núcleo preponderante de la actual e intensa coyuntura de luchas anti-extractivistas en el país  es, pues, que la principal dirigente de la resistencia, secretaria ejecutiva de la Subcentral de Tariquía, es Paola Gareca, una líder verdaderamente extraordinaria, tanto por sus asombrosos dotes de liderazgo: combatividad y consecuencia ética y política, como por su maravillosa calidad humana. Y es precisamente con esta admirable mujer líder que vamos a conversar en este artículo.      

Una primera cuestión tiene relación con cómo es que Paola Gareca asume la dirigencia de la resistencia en Tariquía y este tema, a su vez, está relacionado con la importante e histórica marcha “Por la dignidad de Tariquía”, realizada en abril de 2017, en rechazo de la exploración y explotación hidrocarburífera. 

En este complejo contexto defeccionó cobardemente el (por entonces) dirigente de la subcentral, Anselmo Cardoso. Según Paola Gareca, “cuando hicimos la marcha, cuando salimos hasta Tarija, el ejecutivo (de la subcentral) ya no nos acompañó porque él ya se había reunido con el Ministerio de Hidrocarburos y con el alcalde (oficialista) de Padcaya”.

Al retorno de la marcha, “los comunarios han visto la necesidad de que hay que cambiar este ejecutivo, (cuestionaban) por qué él se reúne, a puertas cerradas, con el Ministerio de Hidrocarburos y con la autoridad (alcalde) de la provincia y por qué no ha ido a acompañar a la marcha. Y han decidido pues ponerme a mí, como ejecutiva de la subcentral. Yo también, como he marchado, he visto que había necesidad de una dirigencia firme y resistente en esta lucha y que hay que defender nuestro territorio, nuestra casa común”.

Una segunda cuestión tiene relación precisamente con la insurgencia del liderazgo femenino en la dura lucha contra las empresas petroleras y las consecuentes agresiones, ataques y violencia  gubernamental que sufren las mujeres líderes, además de revelar el carácter profundamente patriarcal y machista del capitalismo en su fase más salvaje: el extractivismo depredador de la Madre Tierra. 

De acuerdo con Paola Gareca, “es muy difícil ser autoridad de las comunidades y, con este tema de la defensa (del territorio), es bastante riesgoso. Lo primero es que, a una, como mujer, tratan de desprestigiarla, de hacerla quedar mal, primero con su familia y después con las comunidades. Y siempre salen habladurías y denuncias contra una, pero todo eso una tiene que saber sobrellevar y soportar. Y si somos de poco espíritu, yo creo que no vamos a poder ser autoridad, (menos) para creernos de cuentos, de habladurías, porque las habladurías son para hacernos pelear”.

Agrega que “el otro riesgo es deshacernos de la familia, porque a una la desprestigian como mujer. Si bien una va a la reunión, la otra parte, la contraria, ya está hablando que a nosotras no nos importa la familia. Y por ahí ya empiezan los problemas en la casa, en la familia. Y cuesta mucho hacer entender estas cosas y es muy duro para una, como persona, como mujer; aunque una es consciente qué es lo que está haciendo y qué es lo que no está haciendo”.

“Así que a nosotras nos duele mucho porque por ahí ellos (los afines al gobierno), los de la otra parte, contraria, se reúnen y ya están hablando contra nosotras, ‘las mujeres son las que están a la cabeza (de las movilizaciones) por salir de su casa’, ‘por estar con otros hombres’, así nos calumnian (nos denigran y nos vilipendian), cosas muy feas. Y todo por hacernos quedar mal y por desprestigiarnos como mujeres”.

“Pero, ¡no tenemos miedo! Así nos amenacen de hacer lo que ellos dicen (incluso matarnos), nosotros no vamos a bajar los brazos. Y ¡tenemos que ganar esta lucha!, ese es el objetivo, hacer anular los contratos (del gobierno con las petroleras). Por eso estamos a la cabeza de esta lucha (de resistencia) como mujeres y no tenemos miedo porque es una lucha justa”. 

La tercera y, por hoy, última cuestión tiene relación precisamente con la firme decisión de las comunidades de continuar con la lucha contra las petroleras y en defensa del territorio, tanto que “hasta el momento –dice Gareca– no han entrado (las petroleras) y no vamos a permitir que entren. Está muy frío, allá, en el punto de bloqueo, pero aun así la gente está resistiendo. No se va a levantar el punto de bloqueo, hasta tomar alguna otra medida (alternativa)”. 

“Por eso seguimos resistiendo hasta el momento y no hay ganas para levantar el bloqueo, porque la gente ha tomado una fuerza tremenda. Y nosotros no estamos solos, estamos en una lucha a nivel de todas las áreas protegidas, así que ellos también nos apoyan desde donde están (cfr. Comunarios de áreas protegidas suman fuerzas con Tariquía, El País, 11 junio 2019). Y eso nos hace dar más ánimo para seguir ahí, en el punto de bloqueo, en la vigilia. Así que también, por eso, nosotros no vamos a parar esta lucha, ¡vamos a seguir!”.

¡Viva Tariquía libre de petroleras!

 

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