Modelo de gestión

Si el Vice no tuviera miedo a debatir

Álvaro García Linera tendría que admitir que su famoso modelo económico funciona justo al revés de lo que el Gobierno pregona.
domingo, 07 de julio de 2019 · 00:00

Miguel Antonio Roca Cuentapropista

Desde que llegaron al poder, el presidente Morales y su vicepresidente García Linera se han negado a debatir sobre el modelo económico del MAS. Durante estos 13 años, el Gobierno se ha limitado a difundir falacias discursivas que –contradiciendo los datos que ellos mismos publican– han machacado con miles de millones de dólares en propaganda partidista, pagada con recursos públicos. No obstante, hace unos días el vicepresidente se refirió a la propuesta de la alianza opositora Comunidad Ciudadana (CC), acusándola de pretender aniquilar el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y las regalías. En su breve, tergiversado y descontextualizado ataque a los lineamientos programáticos de CC, García Linera dijo además que “no tienen un modelo alternativo, pero sí tienen un modelo destructivo de nuestro desarrollo”. Si el vicepresidente no tuviera miedo a debatir, más de uno le demostraría con datos oficiales que su “modelo económico social comunitario productivo” –que es como los masistas rebautizaron al obsoleto modelo extractivista primario exportador– no sólo no está funcionando, sino que está funcionando justo al revés de lo que pregona, por ser inconveniente en lo fiscal, inviable en lo económico, insostenible en lo ambiental e indeseable en lo político y social.

 

Modelo en reversa

Según el gobierno del MAS, el modelo se fundamenta en sectores estratégicos (hidrocarburos, minería y electricidad) generadores de excedentes que son captados por un Estado re-distribuidor, para ser distribuidos entre la población más vulnerable y para invertirlos en diversificar e industrializar la economía, buscando la generación de empleos. En la teoría suena muy bien, pero en la realidad funciona justo al revés: por cada dólar que el sector estratégico le ha dado al Estado re-distribuidor, éste ha invertido en aquel un dólar y medio provenientes de los impuestos presentes y futuros (deuda pública) que pagamos algunos bolivianos. 

En relación con  la re-distribución, por cada dólar que el Gobierno ha pagado en bonos desde  2006, la banca nacional ha aumentado en cuatro dólares su patrimonio.

Si el vicepresidente no tuviera miedo a debatir, tendría que admitir que su famoso modelo económico funciona justo al revés de los que el gobierno pregona.

Inconveniente en lo fiscal

En contraste con la cansona y falaz perorata del MAS, diciendo que la bonanza económica y cada obra inaugurada fue gracias a la “nacionalización de los hidrocarburos”, los datos publicados por el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas muestran que durante el “proceso de cambio” sólo el 31% de los ingresos fiscales totales correspondieron a la renta hidrocarburífera y que el IDH financió tan sólo el 14% del total de la inversión pública, pero desde las gobernaciones y los municipios. En el actual régimen fiscal, el Gobierno central vive de los impuestos nacionales (IVA, IT e IUE) en tanto las regiones viven del IDH y las regalías. Lo injusto es que ante el manejo tan incompetente de la política de hidrocarburos por parte del Gobierno, sean las regiones las que hayan tenido que pagar los platos rotos y vayan a pagar también los que están por romperse.

Si el vicepresidente no tuviera miedo a debatir, nos podría explicar por qué el MAS ha profundizado el modelo fiscal centralista y neoliberal, dándole el hueso a las regiones y quedándose con el lomito, para hartarse y desperdiciarlo.
 
Inviable en lo económico

A Bolivia le tomó 25 años pasar del hallazgo de los primeras reservas de gas en los años 70 a su monetización exitosa a fines de los 90, con el concurso de 14 sucesivos gobiernos (sólo la mitad de ellos democráticos). En contraste, en un solo y demasiado largo gobierno del MAS, nuestro sector de hidrocarburos pasó de ser el eje de la economía nacional y el potencial centro energético de Sudamérica, a ser secundario en las exportaciones (la minería exporta más), minoritario en ingresos fiscales y un actor marginal en los mercados regionales.

El sector ahora tiene los años contados, pues con el “proceso de cambio” nuestras reservas probadas han bajado de 27 a tan sólo 10 TCF, apenas suficientes para nuestro consumo interno de una década o cumplir con los contratos de exportación a Brasil y Argentina, países que ahora tienen reservas más de 50 veces mayores a las bolivianas. Es decir, ya no tenemos ni producto ni mercado, razón por la cual el cambio de matriz energética no es una opción de ideología o de elección de modelo, sino una necesidad económica insoslayable.

Si el vicepresidente no tuviera miedo a debatir, se podría disculpar ante el pueblo boliviano porque –a punta de fallidos dogmas ideológicos, demagogia, ineptitud y corrupción– el MAS nos mató la gallina de los huevos de oro.

Insostenible en lo ambiental

Toda actividad extractiva es devastadora para el medioambiente. No obstante, en el pasado, podíamos “gastarnos” de forma irreversible un poco de nuestra pachamama, a cambio de nuestro desarrollo y bienestar. Hoy en día esa ecuación ha cambiado, pues  hemos sobrepasado con creces los límites regenerativos de nuestros ecosistemas y nos enfrentamos a una crisis ambiental nacional, en adición el problema global del cambio climático. 

Ambos factores ponen en riesgo nuestra provisión de agua en las ciudades, nuestra biodiversidad y otros servicios ambientales que son vitales para nuestra sobrevivencia y, además, tienen el potencial de ser nuestros mejores generadores de ingresos y desarrollo económico en el futuro no muy lejano. En Bolivia tenemos al menos tres  millones de hectáreas de concesiones hidrocarburíferas que se encuentran sobrepuestas a áreas protegidas y territorios indígenas, lo cual ya es muestra de tener al revés las prioridades en nuestros objetivos de largo plazo.

Si el Vicepresidente no tuviera miedo a debatir, nos tendría que explicar por qué quiere rifar nuestro futuro a cambio de un mal negocio de corto plazo para los bolivianos, aunque bueno para la rosca gobernante que pretende atornillarse en el poder.

 
Indeseable en lo político y social

El modelo extractivista que tanto defiende el Vicepresidente representa una continuación de todos los males sempiternos de nuestro sistema económico, político y social: centralismo, caudillismo, patrimonialismo, prebendalismo, clientelismo político, corporativismo, etcétera. La profundización del extractivismo durante el gobierno del MAS, intensificada por los altos precios internacionales de nuestras materias primas, ha significado la exacerbación al límite de dichos males. 

Desde la fundación de nuestra república, en gobiernos de derecha o de izquierda, dictatoriales o democráticos, los poderosos, han buscado controlar la renta extractivista y con ello controlar el poder subyugando a la gente. Por eso, como a los actuales gobernantes, nunca les ha interesado ni la descentralización fiscal ni la diversificación productiva. 

Por todo lo anterior, lo más probable es que el Vicepresidente tenga cada vez más miedo a debatir, porque en el fondo sabe que el MAS ha sido para Bolivia un pernicioso “servidor de pasado en copa nueva”, como diría Silvio Rodríguez.

 

 

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