Matasuegra

La secta del Evo

Si bien en un inicio son inofensivas, en algún punto las sectas se vuelven peligrosas, no sólo para sus miembros, sino para toda la sociedad.
domingo, 11 de agosto de 2019 · 00:00

Willy Camacho Escritor

Hace 15 años escribí un cuento, La secta del Félix, que fue publicado en 2007, y recuerdo que en ese entonces Carlos Cordero, en un artículo de opinión, dijo que mi cuento tenía analogías con la realidad que se vivía, y mencionaba que había varios “Félix”: Patzi, Cárdenas y otro que no recuerdo. Además, trazaba vínculos entre la ficción y los hechos que comenzaban a vivirse en Bolivia. Claro, yo no lo escribí pensando en Evo y su séquito, menos en la realidad política del país, pero hoy veo Bolivia enfrenta un peligro que va más allá de la mera picardía y bajeza politiquera.

Es que las sectas, si bien en un inicio son inofensivas, en algún punto se vuelven peligrosas, no solo para sus miembros, sino para toda la sociedad. Y creo que cierto sector del masismo se ha convertido en una especie de secta, o al menos, muestra todas las características de una.

Por casualidades de la vida, y también por el clima político que atravesamos, en los últimos meses me he encontrado con fanáticos seguidores de Evo Morales. Gente joven y no tanto, algunos con estudios superiores, la mayoría residentes en el país y unos pocos que residen en el exterior, es decir, gente de diversos grupos etarios y sociales, que, sin embargo, tienen un común denominador: aceptan y creen sin duda alguna en la palabra del Presidente. Y a partir de ahí, justifican cualquier desliz del jefazo o del proceso de cambio. 

Por ejemplo, si se menciona la corrupción del actual gobierno, rápido argumentan que más corrupción hubo en el pasado y que son sólo algunos los corruptos, que el Presidente no tiene nada que ver. Y así, cualquier mancha del gobierno es invisible a los ojos de la fanaticada.

Dos o tres semanas atrás, fui a la Cinemateca para asistir a la presentación de un libro de Diego Ayo, pero nos sorprendió la noticia de que el acto se había suspendido porque no había sala disponible, lo cual desde ya era una terrible falla de la Cinemateca, pero lo que más indignación causó fue que el espacio se lo habían cedido al Ministerio de la Presidencia. Había muchos jóvenes de mandil que esperaban al ministro Quintana e incluso le hicieron un túnel humano en la puerta de ingreso, que al final fue en vano, porque el Ministro entró por el ascensor del garaje. 

En fin, el caso es que pregunté a una jovencita de dónde era, y me dijo que era estudiante de la Escuela Nacional de Salud, que estaban ahí para ver una película sobre Fidel Castro o Cuba, y a modo de desahogo, me dijo que no era la primera vez, que suelen llevarlos a muchos actos para que sirvan de aplaudidores del ministro Quintana, que hubo veces que fueron a ver hasta tres películas al día (sobre el Che, Hugo Chávez, Evo, etcétera).

 Y fue entonces que recordé lo de la secta, pues los libros y las películas con material especialmente diseñado para lavar mentes, para el adoctrinamiento fanático, son herramientas típicas en la formación de grupos sectarios.

En vez de que esos jóvenes destinen todo su tiempo a formarse lo mejor posible en sus respectivas profesiones, son obligados a asistir a actos políticos y a presenciar películas que buscan adoctrinarlos en una ideología, la del MAS por supuesto. Y claro, también recordé los de las historietas de “Evito” que reparten en las escuelas, que también pretenden encaminar la mente de los niños hacia un pensamiento común: que Evo Morales es el salvador y único líder posible del país.

Sí, Evo cuenta con un nutrido grupo de seguidores fanáticos, capaces de defenderlo contra todo e incapaces de aceptar que el jefazo es un mortal común y corriente, que, como tal, tiene defectos, comete errores y puede ser derrotado por otro mortal. 

En cualquier secta, el líder se deshumaniza, se convierte en una figura mesiánica, en un ser que está en otro plano, pero que, por humildad, acepta convivir entre sus fieles. En cualquier secta, hay un círculo íntimo que conoce toda la verdad, quienes lo integran saben que el líder es un chanta, un ignorante carismático, un vendedor de humo que sólo se aprovecha de la vulnerabilidad de los fanáticos. Ese círculo íntimo, junto con el líder, el mesías, se benefician de su estatus, ya sea en dinero, en explotación laboral y muchas otras formas.

Quienes quieren ser parte de la secta deben dar dinero, vendiendo sus pertenencias, o, como se hace aquí, cediendo un porcentaje de su salario para financiar al partido. Quien no acepta, no es digno de la gracia del líder y, por tanto, debe ser expulsado del sagrado servicio público. Y peor aún, cuando la secta crece, los rebeldes son castigados por un brazo armado, pues esa es otra característica: el ejercicio del poder ya no sólo mediante un discurso que seduce, sino mediante el uso de la fuerza.

Las sectas crean su propio grupo armado con el pretexto de que deben defenderse contra los que pretenden interferir con sus asuntos, y ese grupo armado, que es el encargado del trabajo sucio, también recibe muchos beneficios, casi tantos como el círculo íntimo. Y a eso me parece que apunta el discurso del comandante de las FFAA de Bolivia, general Williams Kaliman, quien da signos de haberse incorporado al séquito del líder y suelta amenazas veladas contra quienes no estén de acuerdo con los planes del líder y la continuidad del proceso de cambio.

Así las cosas, creo que el exgobernador de Tarija, Mario Cossío, se equivoca al plantear que los candidatos opositores no deberían participar en las elecciones y que la lucha debería seguir otras estrategias. Intuyo que esas estrategias tienen que ver con protestas callejeras y otras medidas por el estilo, lo cual sólo nos llevaría a un enfrentamiento fratricida, pues los fanáticos no entienden razones y están dispuestos a morir por el líder. En toda secta, la salida final es la inmolación, si es necesario, pero jamás aceptan haber errado el camino.

En la historia de la humanidad se han registrado casos en los que las personas del círculo íntimo, incapaces de sacrificar sus vidas por el ideal que dicen defender, ven por conveniente “sacrificar” al líder, generalmente cuando la popularidad de este tambalea y consideran que es el momento oportuno de convertirlo en mártir y así seguir beneficiándose de su figura.

Y ahí me surge la duda: ¿qué hará el círculo íntimo si Evo pierde las elecciones?

 

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