Drogas

Al Capone y El Chapo: el fracaso de la Prohibición

Encarcelar a los narcos en países como México es ocioso y Estados Unidos nunca podrá procesarlos a todos; prohibir no elimina ni controla la producción.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:00

José Ramón López Rubí C.
Politólogo mexicano  Latinoamérica21

El narcotraficante Joaquín Guzmán fue condenado a prisión perpetua en Estados Unidos. Muchos celebraron. Yo no veo el gran beneficio social de la sentencia, aunque no prefiero que El Chapo esté libre. Lo que prefiero positivamente: que las drogas sean legales y, por tanto, no aparezcan “chapos”. O “capones”. 

Muchas veces se critica a “la izquierda” (como si fuera un monolito) por no ser realista y no seguir la evidencia para hacer leyes y políticas públicas. Ciertamente hay izquierdas o supuestas izquierdas –México hoy– que no son amigas de los datos y la ciencia. Pero también hay derechas reacias a abandonar sus preferencias públicas contradichas por análisis científicos. En temas como la desigualdad, el sexo, las mujeres y las drogas. 

El reciente Informe Mundial sobre Drogas de la ONU puede resumirse en que la Prohibición “disfunciona”, pero las derechas liberales o antiliberales no aceptan alternativa. Así protegen esa disfunción,  el hecho de que prohibir no elimina ni controla la producción, no impide el acceso, no desincentiva el consumo y sí viola libertades, pudre dinero público e incentiva la corrupción y la violencia.

México sigue hundiéndose en la violencia, desatada por el escalamiento de la “guerra contra las drogas”, y esas derechas siguen siendo prohibicionistas –el presidente López Obrador, como en los casos del aborto y el “matrimonio gay”, queda unido a la derecha nacional en su cerrazón ante el fracaso de la Prohibición–.

El encarcelamiento de Guzmán no es tan buena noticia porque:

1. No desaparece, agota, cierra ni reduce el negocio narco. Porque la condena no hace nada de eso contra la Prohibición, que es la causa del negocio. La Prohibición continúa, indiferente a la suerte personal de El Chapo. 

2. No era el único líder narco. Y su lugar será ocupado. Porque el negocio seguirá ahí, mientras siga la Prohibición. Es la cabeza de la Hidra.

3. Desde su nueva cárcel no podrá operar en el mercado pero otros lo harán por él. Muchos otros seguirán haciendo lo que hacían, dentro o fuera de la organización de El Chapo, y quizá más violentamente para aumentar su reputación y afianzar su posición. Si estuviera en México, encarcelado continuaría su operación, que es exactamente lo que pasa con todos o casi todos los narcos en las prisiones mexicanas. Es un acento local del fracaso de la Prohibición y la “guerra”. Encarcelar a los narcos en países como México es ocioso y Estados Unidos nunca podrá procesarlos a todos.

4. El caso de El Chapo puede fortalecer la creencia en el supuesto valor de la Prohibición: crea el espejismo de que “sí sirve” o de que podemos vencer a los narcos y las drogas con derecho penal y una simple “aplicación de la ley” punitiva. ¡Tremenda ilusión! La única forma de vencer a los narcos aplicando la ley es si la ley aplicada no representa Prohibición... 

Entendamos que el narco es un tipo especial de delito. Diga lo que diga la ley, diferentes tipos de robo y asesinato siempre existen y existirán; el narco, tal cual lo conocemos, sólo existe si, paradójicamente, una ley dice que no puede existir o quiere que no exista. 

Los prohibicionistas no entienden lo que entendió Capone sobre sí mismo: que su madre institucional-económica era la Prohibición. La máxima expresión delincuencial-criminal de Capone se dio con y por la Ley Volstead. En las propias palabras del capo en una entrevista poco recordada (Liberty, octubre 17, 1931):

“Los legisladores pasaron la decimoctava enmienda. Hoy hay más gente bebiendo alcohol en los lugares clandestinos que la que antes de 1917 cruzaba en cinco años las puertas de todos los locales del país. Eso es lo que la gente piensa del respeto a la ley. Y de todos modos, la mayoría de esas personas no son malas. No pueden llamarse criminales, aunque técnicamente lo sean”.

“La Prohibición me parecía, y me sigue pareciendo, una ley injusta. En un sentido, llegué naturalmente a la ilegalidad y supongo que ahí permaneceré hasta que la ley sea derogada”.

“Mientras la ley siga vigente y quede alguien dispuesto a romperla habrá un lugar para gente como yo, que descubre que depende de ella que se mantenga la llave abierta. A los que no respetan nada les aterroriza el miedo. Por eso he basado mi organización en él”.

Sin merecer apología por ello, Capone pudo reconocer cabalmente las causas externas de su éxito “profesional” y el papel básico y principal de la Prohibición en ellas.   

En 1931 fue sentenciado a 11 años de prisión por evasión fiscal. La Ley Volstead fue derogada en 1933. Esta medida, no el encarcelamiento de Capone, resolvió el problema del contrabando total de alcohol + contrabandistas violentos. 

La Prohibición del alcohol fue un fracaso social, la Prohibición actual también lo es. Lo debido y necesario es que las drogas sean reguladas abiertamente por el Estado, con participación y vigilancia de la sociedad.

 

 

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