Elecciones 2019

La ingenua inteligencia del programa de CC

Transfiere responsabilidades del Estado a la sociedad a través de “pactos” que pecan de ingenuidad e inviabilidad política.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:00

 Jorge Patiño Sarcinelli  Matemático y escritor

En un artículo reciente, Juan Antonio Morales dijo que Comunidad Ciudadana “tiene un buen programa de gobierno (en eso discrepo con Jorge Patiño)… De cumplirse… llevaría a Bolivia a la modernidad”. Recojo el guante para sustentar la opinión con la que discrepa el Dr. Morales. Aclaro que mi crítica del programa del CC no implica una defensa del MAS, sino que expresa una decepción.

El programa es un ejercicio literario que pretende modernidad a base de palabras atractivas. Propone un Estado intervencionista en lo económico, social y moral, pero que renuncia a sus responsabilidades esenciales. Es un programa descolgado de la realidad en lo técnico, financiero y en lo político. 

Lo explico. El programa usa por todas partes la palabra “inteligente”. Se centra en el “desarrollo inteligente” para proponer ciudades, democracia, mecanismos, construcción y territorios inteligentes; como si, poniendo esta palabra, cualquier concepto se hiciera moderno y atractivo. La economía con CC será limpia, sostenible, verde, creativa, digital, ecológica, circular, colaborativa y gastronómica. ¡Un carnaval de adjetivos!

“Desarrollo inteligente significa impulsar el bienestar ciudadano en base a las capas de las inteligencias (ecológica, social, empresarial, cultural y otras) de nuestras ciudades y áreas rurales”. ¿Alguien entiende? 

¿Territorios inteligentes? No se define, pero se deduce: “Promoveremos territorios inteligentes con gran potencial turístico, gastronómico, histórico-cultural y tecnológico. Estos gozarán de ventajas tributarias, regulatorias y atraerán una nueva generación de emprendimientos de la economía verde, digital, creativa-gastronómica, hotelera, de cultura y arte”. ¡Qué buena idea!

Un gobierno tiene áreas de responsabilidad exclusiva, áreas que puede delegar y áreas que puede, si su programa así lo quiere, dejar a la iniciativa privada bajo leyes y regulaciones según corresponda. El programa de CC transfiere responsabilidades del Estado a la sociedad a través de planteamientos absurdos formulados como “pactos” que pecan de ingenuidad e inviabilidad política, y que son una abdicación de sus obligaciones.

Por ejemplo: “La bandera de la ética debe ser enarbolada desde la sociedad civil a través de un pacto ético”. No señores, la ética y el combate a la corrupción es tarea del gobierno, con ejemplo, prevención y sanción, y no con pactos que son saludos a la tricolor. Un comentario del mismo orden merece la propuesta de “un nuevo pacto social para prevenir, sancionar y erradicar la violencia en contra de las mujeres”. Hay más: “pacto social de confianza entre los ciudadanos”. ¿En serio?

Paradójicamente, y en sentido opuesto, el programa propone un Estado que interviene en la formación y organización de la vida de los ciudadanos. Es un Estado que promueve “la agrupación de campesinos”, “una ciudadanía gastronómica” (sic), “la confianza entre ciudadanos”, toma “responsabilidad compartida con las familias en el cuidado de niños”, apoya “la formación de ciudadanos más conscientes y resilientes para la agenda de ciudades verdes”, plantea crear “centros comunitarios ciudadanos que convierten a (sic) la infraestructura en un lugar donde se reconstruye la ciudadanía”. ¡Ciudadanos resilientes! ¡Se reconstruye la ciudadanía! Y dicen que Evo es totalitario. 

Se propone “una red de hospitales inteligentes de segundo a cuarto nivel con equipamiento de última tecnología”, “Parques eco-industriales de última generación”, “Fondo de Promoción e Inversión en Turismo”,  “Fondo Solidario de Salud”, “Fondo Nacional Específico para Enfermedades Amenazantes”, “Instituto de investigación, innovación y tecnología en salud”, “Agencia Bolivia”, “Fondo financiero especial para apoyar a los emprendedores gastronómicos”, “Fondos de estabilización para la agricultura”, “Instituto Boliviano de Biotecnología”, “Centros comunitarios ciudadanos”, “3.000 becas a nivel de pregrado y posgrado (ciencia, tecnología, matemáticas e ingeniería)”, “1.000 becas anuales para mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas a nivel pregrado y posgrado”, “Medición anual de la calidad educativa”, y más.

Como no puede dejar de ser una tarea de esta complejidad, el programa parece haber sido escrito por muchas manos; cada par pone en lo que le toca las metas más ambiciosas, como si lo suyo fuese lo único, como si todo fuese gratis, como si crear entidades fuese trivial, como si todo lo bueno fuese compatible. Un programa de gobierno no es un presupuesto, pero este programa es una lista de buenas intenciones independientes, sin realismo institucional, técnico, político ni financiero. 

El programa se distingue por su sello ecológico. Las palabras “verde”, “ecológico” y “sostenible” aparecen profusamente en todo el documento, incluso donde no caben. Nadie se opone a que Bolivia tenga un desarrollo limpio, pero la transformación de lo actual en “ciudades verdes, creativas e inteligentes (con) ciclovías y áreas verdes”, “parques tecno-ecológicos” y un “parque orientado al desarrollo de pesticidas, herbicidas, fungicidas y fertilizantes amigables con el medioambiente” es ecologismo onírico.

Otro ejemplo del delirio irreal e irrelevante del programa es su propuesta de “Gastronomía y economía creativa”:

“Contribuiremos a la construcción de una ciudadanía cultural gastronómica, con la participación concertada entre el Estado, organizaciones gastronómicas, productores agropecuarios, transportistas, centros deformación, medios de comunicación y consumidores. Impulsaremos la gastronomía como motor de desarrollo inteligente. Promoveremos al país como un destino gastronómico con identidad, convirtiéndonos en la capital mundial de la comida andina y amazónica. Atraeremos la inversión extranjera de restaurantes gourmet y hoteles boutique. Atraeremos (a) las principales escuelas de cocina del mundo para que solas o asociadas con sus pares locales formen chefs, camareros y otros profesionales del sector gastronómico. Fomentaremos la investigación científica, tecnológica y operativa de la gastronomía”.

Y para ser el hazmerreír internacional, “Se creará el Instituto Boliviano del Mar que promueva el desarrollo de capacidades en materia de gestión de puertos, transporte mercante, pesca marina, oceanografía…, así como para que formule estrategias de negociación.” Lo último seguramente a cargo del propio Carlos Mesa. 

En resumen, el programa de CC brilla por la ambición lírica de sus enunciados, pero peca de la ingenuidad a la inviabilidad en la implementación. Tal vez ni siquiera fue escrito para ser implementado sino para presumir de inteligencia verde y creativa; un esfuerzo innecesario, pues quienes voten por CC no lo harán por un programa sino contra un gobierno. Que lo lean o no, da igual.

 

Confidencial

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