Matasuegra

La magnitud del incendio

Agroindustriales quizá, agricultores, colonos, son los culpables, los autores materiales de esta tragedia, de este biocidio y atentado global.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:00

Willy Camacho  Escritor

El municipio de La Paz tiene nueve macrodistritos, dos de ellos (Zongo y Hampaturi) corresponden al área rural. Los macrodistritos urbanos son Mallasa, Zona Sur, San Antonio, Cotahuma, Periférica, Max Paredes y Centro. Ahora imaginemos un incendio en La Paz y que el fuego devora esos siete macrodistritos, que todos los barrios arden, que Amor de Dios, Mallasa, Muela del Diablo, Mallasilla, Jupapina, San Antonio, Villa Copacabana, Pampahasi, Valle Hermoso, Kupini, Villa Armonía, Callapa, San Isidro, Achachicala, Chuquiaguillo, Villa Fátima, Vino Tinto, 5 Dedos, Santiago de Lacaya, Rosasani, Munaypata, La Portada, El Tejar, Gran Poder, Obispo Indaburu, Chamoco Chico, Munaypata, Pura Pura, Ciudadela Ferroviaria, Casco Urbano Central, San Jorge, Miraflores, Barrio Gráfico, San Sebastián, Santa Bárbara, Parque Urbano Central, Sopocachi, Alto Sopocachi, Pasankeri, Tembladerani, Alpacoma, Belén, Tacagua, San Pedro y Bajo Llojeta desaparecen en un infierno. O sea, imaginemos un incendio que destruye absolutamente toda nuestra ciudad, de extremo a extremo, que no queda ni una casa en pie, nada se salva del fuego.

Esa imagen mental es apocalíptica desde todo punto de vista, pero vayamos un poco más lejos. Imaginemos que el fuego que está incinerando nuestra ciudad salta hacia El Alto, lo cual no sería descabellado, porque, básicamente, La Paz y El Alto conforman una sola mancha urbana, enorme, extensa, aspecto que es evidente desde el aire, cuando uno sobrevuela ambas ciudades. 

Desde un avión se percibe que El Alto es mucho más grande que La Paz, y los sentidos no nos engañan, pues los siete macrodistritos urbanos paceños abarcan 180.1 km2, mientras que el municipio alteño tiene una superficie de 387.6 km2. Quiere decir que el incendio imaginario consumiría 567,7 km2, el fuego se vería desde el espacio exterior, millones de personas quedarían sin hogar… en fin, sería un desastre que se inscribiría en la historia humana.

Las superficies urbanas de La Paz y El Alto equivalen a 56.770 hectáreas, de ese tamaño sería el incendio imaginario, cuya magnitud, sin embargo, apenas representa el 10% del incendio real que se está sufriendo en la Chiquitania, donde más de 500 mil hectáreas han sido arrasadas por el fuego, mismo que comenzó por la irresponsabilidad de los seres humanos, aunque eso resulta muy ambiguo. 

Hay que especificar, y lo cierto es que fueron pocas personas las que desataron ese infierno. Agroindustriales quizá, agricultores, colonos, gente que quería deshacerse del bosque lo más rápido posible y así comenzar a sembrar la tierra. Claro, estos son los culpables, los autores materiales de esta tragedia –de este biocidio y atentado global, pues afecta no sólo a Bolivia, sino al mundo entero–, pero no pueden escapar de su responsabilidad las autoridades del Gobierno, quienes dieron pie a esta barbarie.

Obviamente, los oficialistas quieren hacerse los suecos (y así quieren volverse suizos), como por ejemplo, el ministro de Desarrollo Rural y Tierra, César Cocarico, que explicó que  los chaqueos en el oriente boliviano y en otras regiones, incluso otros países, son “normales”, y sugirió a la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) iniciar una investigación para dar con los responsables del tremendo incendio que está destruyendo el bosque seco chiquitano. 

Cocarico dijo que para “aquellos que no saben de agricultura, es muy fácil hablar”, respondiendo así a las críticas por el permiso que dio el Gobierno para realizar estas quemas. Es que, al parecer, el Ministro considera que otras formas de desmonte no son propias de la tradición agrícola boliviana, por lo tanto, invertir tiempo y dinero en métodos más amigables con la naturaleza son cosas de los gringos capitalistas, no de los hermanos indígenas originarios campesinos, quienes  sí son hijos de la Pachamama y saben cómo cuidarla (y como la cuidan tan bien, deben saber que esas más de 500 mil hectáreas  –no hay que cansarse de repetirlo– que están ardiendo eran el hogar de 554 especies animales y de cientos de personas que han tenido y tendrán que abandonar sus casas).

El presidente Morales, con su infinita sabiduría ancestral, y el vice García Linera, con su inconmensurable sapiencia matemática, creen que hay que ampliar la frontera agrícola porque el crecimiento económico del país así lo exige, y para convertirnos en la Suiza de Latinoamérica haya que quemar los bosques (pese a que en Suiza ni en ningún país del primer mundo se practica el chaqueo), por eso aprobaron la modificación del DS 26075 con el siguiente tenor: “En los departamentos de Santa Cruz y Beni se autoriza el desmonte para actividades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias que se enmarquen en el manejo integral sustentable de bosques y tierra (…). En ambos departamentos se permite la quema controlada de acuerdo a reglamentación vigente en las áreas clasificadas por el Plan de Uso de Suelo (PLUS) que así lo permitan”.

Si se permite la “quema controlada” (aunque desde hace años sabemos que nadie controla, ni los que queman ni las autoridades), es lógico que debería haber un plan de contingencia, pues fuego, temporada seca y vientos son una mala combinación, y es de prever que el fuego podría descontrolarse, pues, aunque don Evo no lo crea, al fuego no le importa la ley. Pero no había plan, ni previsión, ni conciencia ambiental, sólo angurria política, ya que el oficialismo tiene que cumplir con sus aliados orientales y permitirles que arrasen con la naturaleza, pues viene una elección y el MAS no puede darse el lujo de tener amor por la madre tierra, que total, como todas las madres, más pronto que tarden se olvidará del daño que le provocan sus hijos.

Volvamos al incendio imaginario: La Paz y El Alto devoradas por el fuego. Es que es necesario tener una imagen mental para concebir la magnitud del desastre que está destruyendo la Chiquitania. Decir “incendio de 500 mil hectáreas” suena a grande, pero no lo visualizamos. Sin embargo, si hacemos el esfuerzo de imaginar que el incendio consume toda La Paz y toda El Alto juntas, tendremos una visión algo más concreta de la tragedia. Sería especialmente positivo que el vicepresidente hiciera este ejercicio mental, dado que su particular lógica matemática no le permite concebir, en cifras, cuán grande es la superficie arrasada por las llamas. La Paz y El Alto ardiendo sólo representarían el 10% del desastre. Por favor, que alguien le explique a don Álvaro qué significa eso.

 

 

Confidencial

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