Elecciones 2019

La patria no espera, ¡pactemos carajo!

La idea de que “por lo menos vamos a sacar 2/3 de los votos” es una de la peores ideas. Nos adormece y estupidiza, dice el autor.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:00

Diego Ayo  Politólogo

Cuando veo que Soledad logra un acuerdo con Evo me doy cuenta que algo grave ha pasado o cuando veo a Oscar Ortiz equivocando al enemigo y tirando a matar a Carlos Mesa, ratifico la gravedad del asunto. Vamos a perder. Sí, dudo de que podamos revertir la tendencia a la bajada de Mesa y al estancamiento de Ortiz. Evo nos va a sacar más de 10 puntos y ésta será una crónica de una muerte anunciada. 

Frente a ese panorama, que es mejor advertirlo y no ser cómplices de un descalabro anunciado, es imprescindible decir alto y fuerte: aún podemos unirnos. Debemos pensar en Bolivia y en su arrebatada democracia y unirnos. No hay excusas y sobran los cálculos electorales. Creo que se ciernen algunos mitos o medias verdades que impiden sobrepasar esta estrategia de (torpe) inmolación. 

He identificado 10.

Uno, la idea de que Mesa está mejor de lo que pensamos y que todo es un complot del gobierno para hacer decir a las empresas encuestadoras lo que quieren hacerles decir: que Mesa ha sido ya derrotado. ¿Verdad? Claro, el gobierno usa lo que tiene en manos para generar esa imagen de candidato derrotado. 

Sin embargo, es necio no darnos cuenta de  que más allá de la evidente manipulación en curso, Mesa es la sombra de lo que pudo ser y la explicación metodológica de Ricardo Paz  es un despropósito a estas alturas.

Dos, la idea de que “por lo menos vamos s sacar 2/3 se los votos” es una de la peores ideas. Nos adormece y estupidiza. No hay 2/3 que valgan. Al día siguiente de la elección, el MAS sale de shopping y se compra a 20 diputados además de amenazar a otros 20 y/o cercar la Asamblea. No hay consuelo con esa cifra mágica. En Venezuela la oposición tuvo la mayoría en el congreso y no le sirvió de nada. O vamos a la segunda vuelta o no nos sirve nada.

Tres, la idea de que Mesa “fue arrogante y por eso no me junto ya con él”. Ese es el argumento de Ortiz que no deja de ser válido. El consejo de los asesores de Mesa fue “nada con Costas” (y consecuentemente con Ortiz. 

A estas alturas parece claro que aquello fue un error monumental. Le sirvió a Mesa para sentirse insustituible y único. Le tocó la vena narcisa y el hombre cayó redondo. ¿Basta eso, sin embargo, para que Ortiz le diga “no me quisiste cuando te quise, ahora te cago a palos? No lo creo. El país está al frente y no sólo los resentimientos infantiles de quien fue rechazado. Hay que dejar ese trago amargo (de ambos lados) y unirnos.

Cuatro, la idea de que es tarde, ya no se puede hacer nada. Esta tesis es posiblemente la más estúpida. Aún respiramos y podemos decirles a Ortiz y Costas, “che hermanos, cuando seamos gobierno, les vamos a dar mayores transferencias fiscales, cerramos algunas de las desastrosas empresas públicas y con montos ahorrados del despilfarro fortalecemos la región metropolitana cruceña, El Oscar va de gobernador y el Costas de alcalde”. Sena quina y podemos hacer eso esta noche.

Quinto, la certeza de que la guerra sucia nos está dañando y por eso estamos perdiendo. Nada que ver, esa es la excusa, ¿qué esperábamos? ¿Que el MAS nos regale un milímetro de poder? Nunca pues. Por eso sé con firmeza sólo por poner un par de ejemplos que, si estuviésemos aliados, la Sole no nos hubiese abandonado transando con Evo y/o la persecución contra Ximena Valdivia, estaría jugando a nuestro favor pues podríamos mostrar este acto como parte de la guerra sucia (y de la impotencia) del MAS. Ergo: no es la guerra sucia la que nos jode, sino nosotros empeñados en dar rienda suelta a los egos.

Sexto, una de las ideas más perjudiciales es aquella de que está bien que haya más de un candidato pues estamos en democracia y tenemos el derecho a elegir de entre muchas opciones. 

¿En serio? No, este argumento parte de una premisa absolutamente errada: no estamos más que en un simulacro de democracia y nuestra vocación plural debe ceder terreno a la necesidad de tener un solo bloque no de oposición sino de resistencia. Ese argumento nos hace mal y termina favoreciendo al divisionismo promasista.

Siete, la idea de que el talento verbal de Mesa y su excelente programa electoral (que por cierto, lo encuentro de lejos el mejor) deben ser las puntas de lanza. Es así que vemos a Mesa argumentar por ejemplo últimamente sobre el litio. 

¿Cree alguien en su sensato juicio que los electores que se desprenden cada vez con más fervor de Comunidad Ciudadana están atentos a las noticias sobre el litio? No, no podemos perder de vista que el programa ayuda, pero no gana nada. Lo que gana es la posibilidad de consolidar una coalición poderosa.

Ocho, la idea de que Evo es indispensable y sin él volverían las marchas y demás, es miserable. Pero siendo miserable es posible por el estado de debilidad del contrincante. Si no se ve suficiente solidez al frente, la gente opta por lo menos malo. 

Nueve, la certeza de que la democracia depende de nuestros votos. Este es un axioma trillado hasta la saciedad. ¿Es cierto? Tan cierto como que todos moriremos, pero por ello bastante obvio e innecesario de decir. La democracia depende hoy más que nunca de que dos señores se pongan de acuerdo y cedan a sus pretensiones personales. La patria y la democracia antes que nada. 

Y 10, la última que tiene que ver con argumentos como el que “la Sole nos ha traicionado” o cosas por el estilo. No hay tal, la Sole es una política seria, inteligente y ética, pero no es una monja tibetana. Debe hacer política y no se puede hacer política con quienes huelen a derrota. Simple. O nos unimos o las Soles pactando con Evo se convertirán en la regla y no en la excepción.

 

 

Confidencial

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