Campañas Vs. realidad

Problematizar a los despreocupados

La oscuridad de las medias verdades augura un difícil periodo para lo que pretendía ser una nueva historia.
domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:00

Roger Carvajal Saravia Investigador Emérito de la UMSA

Hay gente que se pregunta si la situación actual amerita un cambio. Clásicamente, los cambios sociales drásticos y las revoluciones han sido impulsadas por situaciones de crisis evidente, con disconformidad social acuciante. Lo que conviene preguntarse es si actualmente esto está ocurriendo y, si es así, en qué medida debe darse una transformación: radical o parcial. 

Efectivamente, si observamos a la población en su diario vivir, pareciera que la situación es llevadera y mucha gente está embalada en la carrera por ascender socialmente en el marco de un sistema político capitalista atrasado, es decir, en la persecución del éxito, donde se asume la existencia de ganadores y perdedores. 

Los menos favorecidos ejecutan estrategias de sobrevivencia y los otros forjan procedimientos para quedarse con parte de la torta que aún queda del boom de las materias primas. Pero en apariencia, no existe una situación que conduzca a la conflagración y a la lucha política violenta. 

La existencia de dinero circulante es suficiente para promover actitudes individualistas de apropiación, sin preguntarse de dónde viene o cómo se originó dicho recurso. Eso explica por qué la clase media, al no ser afectada en sus bolsillos, no tiene instalado un espíritu de rebeldía más que el que pueda espetar en las redes sociales. 

Los grupos sociales que clásicamente han exhibido espíritu de lucha están, efectivamente, luchando, pero por cambiar de clase social, o al menos hacerse de algún bien que nunca han tenido, aún a expensas del vivir mal o de afectar a la naturaleza o a otros humanos. Por lo que se ve, bastante gente que cree que, aún viviendo en la informalidad, el desarrollo se hace evidente en las instalaciones del teleférico y en la estabilidad monetaria la tranquilidad, por lo que está persuadida que todo está bien. 

No es parte de su objetivo contar con un empleo digno ya que bien puede ser contrabandista o conductor y así ganar lo suficiente para sus gustos. Muchos comerciantes callejeros ya no se sentirían cómodos en un empleo en la industria, aunque tengan seguro y AFP y horarios para comer y descansar, lo que es compatible con la idea de que el trabajo informal, aunque sea en extremo precario (“son autos chutos pero tienen auto”), es un trabajo, y sirve para entrar en las estadísticas de INE.

Todo lo anterior parece indicar que el pasar por la vida sobreviviendo a los problemas, con alguno que otro momento de solaz, puede adormecer a mucha gente de tal manera que no entran en su diaria preocupación problemas tales como el que se esté construyendo un centro con reactor nuclear sobre una falla geológica, o que seamos uno de los países más deforestadores y emisores de gases que provocan el cambio climático o seamos los que más feminicidios tengamos que soportar. 

Problemas tales como la extinción de jaguares y con esto el desequilibrio eco-sistémico que conlleva problemas como la aparición de enfermedades tropicales transmitidas por vectores, ahora convertidos en plagas, o la desertificación que rodea ya casi la mitad del territorio o el derretimiento de los glaciares por las quemas intensiva y los automotores liberando hollín, no parecen quitar el sueño a la mayoría. La corrupción en la justicia y  en la policía solo preocupa cuando a uno le afecta, en fin, el narcotráfico parece ser completamente inocuo hasta que la criminalidad consecuente aqueja a alguien conocido.

Hay quien cree que esta suerte de anomia, que afecta a un segmento importante de la población, puede ser aprovechada por una campaña que muestre que todo está bien y avanzamos a mejor. En ese orden, si se muestra incisivamente que es un enorme beneficio exportar carne o soya, sin mostrar que eso puede conducir a la destrucción de nuestras selvas e incidir en el régimen hídrico del país, o si se induce a pensar que los indígenas del TIPNIS “viven como animalitos” y que requieren motosierras y caminos para desarrollar, es posible que desde la modorra mental se pueda despertar hacia dicha idea sentada por la única información, pícaramente puesta e insertarla en el ambiente por los interesados. 

Como producto de lo anterior, quedará como un enorme avance la idea de que la construcción de la sede de Unasur es benéfica porque permite la ejecución de fiestas, y la de que las canchas, hospitales y escuelas encarnan por sí mismas el florecimiento del deporte, la salud y la educación. Por tanto, se espera, no sin razón, que una vigorosa y millonaria campaña que se oriente a inyectar cierta “información” a los ocupados en sobrevivir, a los jóvenes aún no politizados o a los que les importa poco la política, asegurará su voto masivo en las próximas elecciones. 

Sin embargo, también flota otra idea en el ambiente: existe un importante segmento de la población que, aunque tenga solucionados sus problemas económicos, está fuertemente preocupado por los problemas que aquejan al país. Y, en muchos casos, aunque no exista afectación directa e inmediata sobre su quehacer cotidiano, advierte que estamos avanzando rápidamente hacia el precipicio. 

Se da cuenta que el crecimiento económico no es sinónimo de progreso o desarrollo, que el consumismo no es necesariamente lo mismo que bienestar o que la competencia feroz no es mejor que la colaboración entre humanos. También discurre sobre los peligros de afectar el planeta y sus consecuencias futuras cada vez más cercanas y piensa en las generaciones futuras. 

Entiende que la deforestación que se requiere para producir agro-combustibles tiene consecuencias gravísimas para el régimen hídrico  y para la salud; se indigna por el hecho de que este nefasto proceso sea promovido desde las más altas esferas de decisión gubernamental al aprobar decretos que autorizan el desmonte en la Amazonia para sembrar especies transgénicas con uso masivo de agro-tóxicos. 

Discurre sobre los daños a los ríos, lagos, suelo y atmósfera por la contaminación creciente, particularmente desde los sectores aliados al Gobierno (cooperativistas mineros, cocaleros y otros). En este orden, parte importante de la población ha tomado conciencia sobre la situación de la salud y la pobre inversión realizada en deplorablemente concebido SUS, que no es sistema ni conceptualiza adecuadamente la salud. También entiende que, no obstante que el dinero que inyecta el narcotráfico trae estabilidad económica y promueve el consumo, sus consecuencias en términos de incremento de la criminalidad, la ostentación de riqueza, como distorsión de valores, no son algo que deba permitirse, aunque los interesados tengan todo el poder en sus manos. 

En la intención de darle vida a una democracia efectiva, todo lo anterior debiera ser ampliamente debatido y las conclusiones de los debates deben necesariamente ser recogidas por los políticos  y los encuentros con los ciudadanos deben mostrar la capacidad y el caudal de conocimientos con los que cuenta el que dice poder resolver los problemas. Tal hecho es determinante si se considera que la construcción de políticas y la toma de decisiones en la democracia moderna siempre es producto de la deliberación amplia que usa como herramientas fundamentales el conocimiento y los intereses superiores de la patria, no de los grupos de interés/poder. De no ocurrir esto, la oscuridad de las medias verdades augura un difícil periodo para lo que pretendía ser una nueva historia.

 

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