Análisis internacional

Vecindario en elecciones

En Argentina hay un test en la segunda semana de agosto; Perú vive una crisis de legitimidad y Bolivia celebra elecciones en octubre.
domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:00

Gabriel Gaspar Político y analista chileno.

El presidente peruano, Martín Vizcarra, anunció el envío de una reforma constitucional que permitiría elecciones adelantadas legislativas y presidenciales. De aprobarse, tendríamos renovación del poder político en Argentina, Uruguay, Bolivia y Perú.  Eventualmente podrían añadirse en Venezuela si prosperan las negociaciones entre Gobierno y oposición.  

En efecto, en octubre próximo Argentina, Bolivia y Uruguay tendrán elecciones generales, si nadie obtiene mayoría, en todas iremos a segunda vuelta. 

En Argentina el epicentro de las elecciones es la economía.  Con una inflación que oscila entre el 2 y el 3% mensual y una tasa de interés cercana al 60% no hay que ser economista para entender cómo se siente la población.  La ecuación es simple: si la economía da muestras de estabilizarse (ideal si repunta), ello favorecería la reelección del presidente Macri.

  Está difícil, porque queda poco tiempo, pero algo ha logrado en las últimas semanas con la generosa ayuda del FMI y del presidente  Trump.  Si la pobreza sigue creciendo, con el desplome del empleo y el consumo, entonces la bronca crecerá y eso lo cosechará el principal candidato de la oposición: Alberto Fernández quien lleva a Cristina Fernández como vicepresidenta. 

En Argentina tendremos un test en la segunda semana de agosto: las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), donde los ciudadanos consolidarán sus formulas electorales.  Las primarias permitirán detectar volumen de participación, votación por provincias y distritos electorales, también movilizarán “infantería” para la recta final. En suma, después de las PASO viene lo medular de la campaña.

En Bolivia las elecciones también serán en octubre, con días de diferencia con las argentinas (una buena cantidad de bolivianos viven en ese país).  Para los bolivianos la economía no es el centro de sus preocupaciones, tienen una inflación en torno al 2% anual y un crecimiento cercano al 4%. Tampoco la campaña está centrada en la corrupción y la seguridad ciudadana.  Las encuestas dan hoy a Evo con un 37% y a Mesa con un 30%.  

La campaña está centrada en temores, a la posibilidad de un autoritarismo creciente de parte del oficialismo si es que triunfa.  También el temor a que un triunfo de la oposición termine con los subsidios que hoy llegan a los más pobres. 

La oposición es fuerte en las ciudades, pero Evo lo es en el campo, donde las encuestas no miden con exactitud. La oposición va dividida en ocho candidaturas, su unidad es difícil, solo realizable si es que hay segunda vuelta.  

Otra preocupación es el deterioro del equilibrio de poderes, que a la fecha ha afectado a los organismos de control electoral, sembrando la duda sobre la legitimidad del proceso, empezando por el desconocimiento del referéndum del 21F cuando Bolivia dijo No.

En Perú se vive hace rato una crisis de legitimidad que afecta a las principales instituciones del Estado.  Todos los expresidentes procesados, muchos jueces y parlamentarios ídem.  La causa es la misma: la corrupción desatada. Odebrecht es una de las principales causas pero no la única.  Sería largo describir cómo se llegó al actual punto, la síntesis es que la ciudadanía está indignada y al mismo tiempo descreída de sus gobernantes. Ello se suma a un entrampamiento entre Congreso y Ejecutivo que ha llevado a la última iniciativa presidencial de llamar a elecciones anticipadas tanto de congreso como de presidente.  

Las alternativas ante esto son múltiples, pero el factor tiempo corre inexorable.  El mandato presidencial y legislativo actual termina en julio de 2021.  Una reforma constitucional debe debatirse en el Congreso, luego someterse a un referéndum, y si se aprobase, recién entonces convocarse a elecciones. ¿En que fechas estaríamos? Suponiendo incluso un fast truck, estaríamos en una dudosa fecha de adelanto, porque obviamente, toda elección tiene que ser convocada con tiempo suficiente para que se conformen las diversas candidaturas legislativas y presidenciales. Por cierto, está por verse qué pasaría si el Congreso rechaza la reforma. 

Lo que sí es predecible es que Perú entrará en una comprensible etapa de incertidumbre respecto al poder.  El efecto inmediato será la cautela en materia de inversiones, especialmente las grandes y de largo plazo.  Aclaremos que estas ya estaban medio paralizadas por diversas resistencias regionales, como lo fue en el pasado el proyecto Conga,  y más recientemente en el proyecto Tía María en el sur.  Ambas de gran minería y de capital internacional.  Asimismo, la burocracia ante la incertidumbre de quien vendrá, no se arriesgará a implementar grandes decisiones. ¿Resultado? El que nada hace nada teme, y la economía lo puede resentir. 

En el republicano Uruguay también tendremos elecciones en octubre.  Los partidos acaban de realizar sus primarias el 30 de junio y se conformó la papeleta electoral. La principal interrogante es si el Frente Amplio logra retener el poder o no.  El candidato oficialista que triunfó en las primarias es Daniel Martínez, sus principales contendientes son el candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, y Ernesto Talvi por el partido “colorado”.

La novedad electoral es la merma de la convocatoria del Frente Amplio.  En las primarias sufrió una sensible disminución de votantes, y también lo reflejan las encuestas recientes.  Si bien éstas arrojan que Martínez ganaría la primera vuelta, lo haría con un 36-37%. Diferente sería la situación en segunda vuelta, donde hasta la fecha, las encuestas pronostican que sería derrotado ya sea por Lacalle o Talvi. Este último, representante de la derecha más clásica, derrotaría con mayor holgura a Martínez. 

Sumando y restando en el panorama vecinal, tenemos elecciones muy competitivas en los países rioplatenses, y en menor medida en Bolivia.  Incertidumbre electoral y política en Perú. 

La economía argentina camina por el Callejón de la Amargura y la de Perú entrará a una fase de calma.  El desempleo en el vecindario se puede elevar, y ante ello, es probable que emerja una presión migratoria.  En primer lugar se dirigiría en contra de los migrantes, especialmente venezolanos en el caso peruano.  A su vez, el desempleo en Argentina golpeará a las colonias boliviana y paraguaya. Pero también el desempleo genera expulsión de población.  Adivinen a dónde mirarían los desempleados peruanos. 

Todo lo anterior se daría en el contexto de una economía cruzada por las disputas comerciales entre China y EEUU.  En el Atlántico compiten los avances del Acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, con la influencia de los EEUU que es potente en el socorro financiero a Argentina, acompañada de las simpatías entre los presidentes Trump y Bolsonaro. 

De este modo, el sur de Sudamérica entra mayoritariamente en una etapa electoral que puede reconfigurar su composición política.

 

 

 

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