Pensamiento

La burguesía roja y la pirámide de Marx

Según Inka Chukiwanka, la izquierda latinoamericana con aires marxistas es una gran estafa para los pueblos oprimidos y explotados.
domingo, 15 de septiembre de 2019 · 00:00

Pablo Mamani Ramírez Sociólogo

El 5 de septiembre se presentó en la UPEA el último libro de Inka Chukiwanka titulado El indio frente a Castro y el Che. La mentira del socialismo y comunismo latinoamericano... Es un libro interesante particularmente frente al mito del Che y el socialismo y comunismo cubano, dado que esto se nos ha presentado como un ideal de un tipo de sociedad, pero que, según el relato del autor, tiene serias contradicciones en relación, por ejemplo, con el Manifiesto Comunista de Marx y Engels de 1848. Esto pese a las  diatribas contra el indianismo de Fausto Reinaga y el tupakatarismo de Felipe Quispe. 

El uso de un nuevo lenguaje y el relato de su vista a Cuba en 2003, junto a A. Tola como diputado del MIP (Movimiento Indígena Pachakuti), aunque fue presentado como diputado del MAS por el periódico La Razón, es relevante.

Se habla del “imperialismo boliviano” en sentido de que éste domina y explota en su propio territorio a los pueblos aymaras quechuas o guaraníes, que para otros autores sería el colonialismo interno. Este apelativo tiene referencia también para el caso cubano, dado que allí es aún peor el hecho en contra del pueblo. Así, los imperialismos internos serían una ocupación extranjera de los territorios indios, pero bajo la revolución socialista; esto diferente al colonialismo interno que se produjo después de las guerras independentistas de 1820-30.

Lo anterior estaría dado por la “oligarquía socialista” o monarquía al existir en Cuba solamente un solo partido: El Partido Comunista de Cuba. En vez de hablar de oligarquía, nosotros preferimos llamarla  burguesía roja, constituida por Fidel y Raúl Castro que produjo un efecto impensable a las ideas de Marx porque esta revolución creó lo que yo llamaría la pirámide de Marx. 

Esta pirámide en Cuba, según el autor, se expresa en tres clases sociales: 1) la “monarquía socialista” o también lo llama “burguesía comunista” ,para nosotros burguesía roja, a este lo llama los privones, que es la clase dominante “con propiedad privada de los medios de producción” bajo la forma del Estado. Este grupo “detenta la plusvalía estatal”. 2) la clase media de profesionales y técnicos, a la  que llama los acallones. Están acallados. Es un sector al servicio de la burguesía roja. 3) los campesinos, los negros, los taynos, que son explotados materialmente por la clase revolucionaria, dado que viven sin propiedad de sus bienes, en condiciones miserables en los lugares alejados de La Habana y trabajan a destajo para el estado cubano. Son el lumpen proletariado. Y bajo ese régimen el silencio es un requisito absoluto de la vida social. 

Es decir, aquí continua la lucha de clases y la desaparición de ella como propuso Marx no ocurrió justamente con la revolución socialista. Y además este es un sistema totalitario porque la sociedad está controlada en todos sus niveles. Pululan los servicios secretos del estado en todos los lugares. No hay manifestaciones sociales más que las progubernamentales. Los grupos críticos son acallados, encarcelados o incluso asesinados. Ejemplo de esto son las últimas detenciones de más de 40 disidentes el domingo 8 de septiembre de 2019 junto a su líder José Daniel Ferrer. Es la perfecta anulación de las libertades individuales y colectivas. La sociedad civil no existe.

De este modo, no hay la igualdad ni solidaridad revolucionaria o solidaridad de clase, tal como pregonaba el Manifiesto Comunista. En este tipo de régimen los pueblos indios o indígenas son los que más sufren. Los taynos han sido literalmente anulados en su cosmovisión, cultura, lengua. El racismo socialista es una realidad que ha sido estudiada en el trabajo de Zurbano (2015). El primero se hizo mediante la famosa alfabetización del campesino a lengua española o de Castilla. Todo bajo la imagen revolucionaria de los Castros que son hijos reales o imaginados de la España imperialista; la madre patria.

El buró político del PCB lo ocupan 15 miembros, todos  blancos. El negro, el mulato, el indio son utilizados como soldados o espías. O son destinados a hacer santerías africanas. Y esto es posible porque uno de los iconos de la revolución cubana, el Che, pertenece a la alta alcurnia por su ascendencia colonial. El padre, según el autor, ha sido un gran hacendado explotador de indios guaraníes en Paraguay y la madre es la bisnieta del Virrey de la Serna de Lima. 

El Che tenía una mentalidad colonialista criolla; no veía al indígena como guerrillero, sino a lo sumo como sirviente o cargador. El testimonio de Eusebio Tapia quien escribió   Piedras y espinas en las arenas de Ñancaguazú (1997) refleja ese detalle. También  lo muestra el propio Diario de Campaña del Che, y su libro La guerra de guerrillas (1968). 

Según Chukiwanka, la izquierda latinoamericana con aires marxistas, es una gran estafa para los pueblos oprimidos y explotados como los negros, los indios, las mujeres, y el propio proletariado. Así se cae uno de los grandes mitos del socialismo, o comunismo, dado que nos fue presentado como el principio y final de toda forma de explotación, dominación y la salvación de la tiranía clasista de la burguesía criolla.  

Y, ¿qué pasó con el propalado socialismo con la justicia social, igualdad-hermandad, libertad de los pueblos, democracia radical o democracia del pueblo, dignidad? Pues nada. Más bien se muestra una tragedia en dichos regímenes que terminó oprimiendo al mismo pueblo a nombre del mismo pueblo. Y también a nombre de sus héroes, a nombre de sus símbolos y lenguajes subversivos y a nombre del bienestar material o espiritual.  

Miles han sido asesinados a nombre de la revolución que no siempre son los burgueses, sino es el propio pueblo. Los Castro han fusilado muchos de sus excompañeros a nombre de la revolución o con diatribas de traición a la patria para hacerse del poder real. Puede ser el caso de Camilo Cienfuegos que fue su compañero de armas muerto en un “accidente” aéreo. 

Finalmente, pues, el libro me hizo recordar la primera guerra independentista de América dada por los esclavos negros en Haití escrito por Robert James titulado Los Jacobinos negros. Allí sobresalen los nombres de Dessalines, Maurepas, Rigaud, además de Toussaint y otros exesclavos negros que logran su libertad frente a la otra paradoja de la historia como es la revolucionaria Francia del siglo XVIII.

 

 

Confidencial

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