Mediciones

Las encuestas electorales y el principio de la incertidumbre

¿Cómo interpretar las 47 encuestas producidas por siete encuestadoras en relación con las Elecciones Generales a realizarse en octubre?
domingo, 15 de septiembre de 2019 · 00:00

Amaru Villanueva Rance Coordinador de proyectos en la Fundación Friedrich Ebert

En el último tiempo muchas personas tienden a creer en las encuestas electorales que coinciden con sus anhelos o expectativas, y desconfiar de aquellas que incluyen datos contrarios a las mismas. Es un fenómeno bien conocido y estudiado, a veces llamado el “sesgo de confirmación”. Ciertamente puede ser válido preguntarse quién encarga y realiza cada encuesta, qué cobertura tienen y qué motivaciones las orientan. Sin embargo, analizando las encuestas en su conjunto, podemos reducir tanto el ruido como la incertidumbre en nuestras interpretaciones.

Pongámonos en la posición de un asesor político, que, independientemente de los anhelos de su contratante, desea transmitir  a un candidato una mirada fría y medianamente objetiva acerca de lo que dicen (y no dicen) los datos disponibles acerca de la preferencia política. Para este propósito será necesario analizar una serie de encuestas de manera conjunta, explorando sus potenciales sesgos y limitaciones, pero también procurando realizar inferencias a base de una aproximación más o menos científica.

En la Fundación Friedrich Ebert (FES), durante los últimos meses venimos monitoreando todas las encuestas de preferencia electoral publicadas en Bolivia desde noviembre de 2016. 

Hasta el 10 de septiembre (fecha en la cual concluye el presente análisis), hemos podido sistematizar datos provenientes de 47 encuestas, realizadas por  siete encuestadoras distintas (ViaCiencia, Mercados y Muestras, Captura Consulting, IPSOS, CIES MORI, Tal Cual, y CELAG), y difundidas por más de 11 medios (Poder y Placer, La Razón, PAT, Página Siete, Los Tiempos, El Deber, RTP, ATB y Unitel, Red Uno y Bolivisión).

 La base de datos resultante incluye el tamaño de la muestra, el margen de error, y la cobertura geográfica que reporta cada una. Para poner en perspectiva lo que nos muestra esta base en su conjunto, tomamos a los tres principales candidatos y las preferencias de voto hacia ellos durante este periodo. Se aplican líneas de tendencia para reflejar algunos patrones observables en la totalidad de los datos.
 
Ponderación

Para lidiar con la volatilidad, podemos afinar nuestra mirada con un par de ajustes. A pesar de que las encuestas aparentan una inmensa diversidad en los tamaños de sus muestras (reportando desde 800 personas encuestadas, hasta 2.439), a partir de nuestro análisis, el dato más significativo para distinguir entre ellas es la cobertura de las mismas, antes que el tamaño de la muestra.

Este dato puede estimarse a partir de los padrones electorales, en nuestro caso el del referendo de 2016. En muchos casos, las encuestas simplemente cubren el eje troncal (en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz), representando cerca del 44% del padrón, o ciudades capitales más El Alto, llegando al 55%. En otros, el muestreo cubre capitales departamentales y ciudades intermedias, lo cual representa aproximadamente el 70% del padrón. 

Las encuestas más serias y (probablemente) caras, cubren además, localidades ubicadas en provincias, lo cual les permite llegar con su muestreo a aproximadamente 82% del padrón, o incluso algo más si les damos el beneficio de la duda. 

Sin embargo, ninguna encuesta a la fecha parece cubrir la parte del país que coloquialmente se conoce como el “área rural dispersa”. Esto incluye aglomeraciones de tres a cuatro casas en la punta de un cerro en el altiplano, o comunidades amazónicas sólo accesibles luego de viajar varias horas en una rústica embarcación. 

Con el fin de tomar un promedio mensual (pues hay meses en los cuales se han realizado hasta seis encuestas distintas), se puede aplicar una ponderación de las mismas a base de dos elementos: la cobertura (60%) y el tamaño de la muestra (40%). Esto reduce en buena medida la aparente volatilidad, en gran parte producto de las variaciones en muestra y cobertura. 

Extrapolación

El siguiente paso consiste en estimar cuáles serían los resultados finales de una elección en caso de realizarse el siguiente domingo. Lejos de ser una nota al pie, poblaciones del área rural dispersa son de enorme relevancia electoral, pues no sólo representan casi la quinta parte de la población nacional, sino que históricamente tienen tendencias de voto marcadamente distintas del resto del país. 

Para poner en perspectiva esta tendencia, si se estima que en el referendo de 2016 el 64,2% de la población en localidades rurales votó por el SÍ, a diferencia del 48,7% a nivel nacional que eligió esta opción, o del 40,4% de la población en ciudades capitales. Parece aplicarse una tendencia de los últimos 14 años que dicta que (con un puñado de excepciones), mientras más pequeña y remota es la población, mayor es el apoyo que existe por el MAS. Esto a su vez indica que incluso las encuestas más bienintencionadas  tienden a subestimar el voto por este partido.

Los datos anteriores pueden usarse para estimar los resultados electorales, en el hipotético caso de realizarse la misma semana en que se obtienen los datos para cada encuesta. 

Tomemos como base la encuesta más reciente realizada por Mercados y Muestras. En su publicación, Página Siete reporta que “la muestra se distribuyó en las nueve capitales de departamento más la ciudad de El Alto y en 31 ciudades intermedias”, lo cual indica que tendría una cobertura cercana al 83% del padrón.

Se toma el 64,2% de quienes votaron por el SÍ en 2016 para estimar la votación por el MAS en localidades rurales que no incluye esta encuesta, y el 35,8% restante se divide de manera proporcional entre el resto de las opciones (otros datos a base del padrón estiman 71/29%). 

Como es bien sabido, los resultados electorales se calculan únicamente basados en  los votos válidos. Por esta razón, como siguiente paso se distribuye proporcionalmente entre los candidatos el porcentaje que corresponde a los “indecisos” en la encuesta (22%).

Estos resultados parecen coincidir con las expectativas del casi 64% de los encuestados, que piensan que Evo Morales ganará las elecciones, a pesar de que una considerable proporción de los mismos votaría por otro candidato.

Ciertamente, hay otros factores que estas estimaciones no toman en cuenta, o suposiciones que podrían reajustarse. En primer lugar, si bien el promedio ponderado se realiza a base de una estimación de la cobertura de la encuesta, esta última podría ser más alta de lo que suponemos. Si tuviera una cobertura del 90%, los promedios ponderados apuntan a un 46% para Morales y 32% para Mesa. 

Tampoco se toma en cuenta la influencia del voto en el extranjero, que cuenta con aproximadamente 4% de los votantes empadronados. Por otro lado, los llamados votantes “indecisos” incluyen personas que responden tanto “blanco/nulo/ninguno” (12%, los cuales se pueden distribuir de forma proporcional para calcular el voto válido sin mucha controversia), y quienes responden “no sabe/no responde - NS/NR” (10%, de quienes sabemos poco acerca de su indecisión o tendencia de “voto oculto”). 

Finalmente, los datos corresponden a julio y agosto, pero no incluyen repercusiones recientes de sucesos tales como los incendios forestales u otros factores que pueden llevar a algunas personas a modificar su preferencia electoral. 

Restan menos de cinco semanas para las elecciones, y como bien nos enseña la historia, todo puede cambiar de manera sustancial en cuestión de días. A final de cuentas, una encuesta es tan sólo una fotografía en el tiempo, y no así una bola de cristal.

 

Posdata 

A manera de conclusión, me parece importante añadir un comentario acerca del meta-análisis de las encuestas y su impacto en los procesos electorales. 

El llamado “principio de incertidumbre” se origina en la mecánica cuántica. Refiriéndose a partículas subatómicas, Heisenberg afirmaba que es imposible conocer en simultáneo tanto la posición como la velocidad de una de ellas al mismo tiempo. Esto se debe a que el acto de medición en sí modifica lo que estamos estudiando. 

Aplicando esta analogía  a las encuestas electorales, y tal como se ha estudiado en otros países, existe bastante evidencia para afirmar que las mismas no sólo son capaces de medir la intención de voto, sino que también pueden incidir sobre las preferencias electorales de las personas. 

En el caso boliviano podemos ir aún más lejos: son precisamente las encuestas las que impulsaron el lanzamiento de la candidatura de Carlos Mesa a pesar de su inicial rechazo a esta posibilidad, dado que lo perfilaban como el único candidato con posibilidades de derrotar a Evo Morales. 

Más recientemente, muchos votantes vienen proyectando la idea del “voto útil”, lógica que los invita a elegir a un candidato que tiene las mayores probabilidades de conducir a una segunda vuelta, independientemente de las afinidades políticas de cada quien. Más allá de la incertidumbre acerca de los resultados finales, estos fenómenos en el fondo se basan en las encuestas electorales, instrumentos tanto de medición como de impacto.

Toda persona interesada en lo que nos dicen las encuestas, en caso de contar con algo de tiempo y curiosidad, puede realizar sus propias estimaciones basado en  los datos disponibles. 

Con el fin de facilitar esta tarea, hemos creado una página simple y en proceso de construcción (www.boliviaelectoral.com). Los invitamos a explorar estos datos, los cuales   continuaremos actualizando a medida que se publiquen nuevos resultados.

 

 

Confidencial

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