Desastre en la Chiquitania

Auditoría y restauración para el bosque chiquitano después de los incendios

La restauración de este bosque tiene que darse desde dos visiones, o escenarios: el primero, que tiene que ser la misma naturaleza la que vaya llevando adelante este proceso; el otro va a depender mucho de una auditoría ambiental, una vez que pase el siniestro.
domingo, 22 de septiembre de 2019 · 00:00

Fernando Chávez Virreira Periodista

Declarar desastre nacional, mitigar y apagar los incendios, hacer una auditoría, abrogar todas las leyes y, además, establecer un modelo de producción totalmente diferente al que hoy practicamos, es la propuesta de Probioma para el manejo de los incendios que ya han consumido más de tres millones de hectáreas de bosques.

 Miguel Crespo es  director de Probioma, Productividad Biosfera Medio Ambiente, una entidad que trabaja desde 1990 en áreas de agroecología, manejo de la biodiversidad y  biotecnología.

 ¿En cuánto tiempo vamos a recuperar todo lo que se ha perdido? La verdad es que eso es muy difícil de predecir, dice Crespo,  porque se han quemado muchos árboles, plantas, animales, muchos microorganismos. Obviamente la restauración de este bosque tiene que darse desde dos visiones, o escenarios: el primero, que tiene que ser la misma naturaleza la que vaya llevando adelante este proceso. 

En tanto y en cuanto permanezca inalterado, es decir, que no haya presencia de actividad económica o actividad humana que altere este proceso de restauración. Como si usted tuviese una herida; ésta tiene que sanar, y para eso no tiene que estar poniéndole cosas encima, nada, o sea, tiene que ser un proceso de restauración natural.

El segundo, continúa, va a depender mucho de una auditoria ambiental; una vez que pase este siniestro hay que hacer una auditoria, una inventariación y establecer sobre esa base un proceso de restauración, no como lo están planteando, de reforestación; no, sino una restauración bajo criterios ambientales, con los ciclos biológicos de la biodiversidad. 

“Hay que seguir un proceso de restauración estableciendo cuáles son las áreas más sensibles por donde hay que comenzar, ayudando a la naturaleza. Esto va a tomar mucho tiempo, puede ser entre 50 y 200 años, eso sólo se verá una vez que se termine de realizar una auditoría y en este momento no se puede hacer ya que  los focos de calor y los incendios continúan y no hay forma en este momento de predecir lo que se tiene que hacer”, dice el experto. “Lo que sí hay que tener claro es que no se puede hablar de reforestación; sino de restauración, tratando de hacer una analogía de lo que había antes, incorporando algunas prácticas agroecológicas donde se pueda”.

 

 El bosque seco chiquitano

Para conocer de qué área de la Chiquitania estamos hablando, y sobre la importancia de esta zona para el equilibrio medioambiental, Crespo explica que, en primer lugar, el bosque seco chiquitano está dentro de un área estratégica en la que comparte dos cuencas: la cuenca amazónica y la cuenca del Plata; está al medio, y por sus características este bosque es único en el mundo porque es el único bosque seco que tiene estas características y que permite ser un lugar de transición de especies que migran de norte a sur y de sur a norte.

 Por otro lado, la parte del valle de Tucabaca es la generadora de agua de la cuenca alta del Pantanal, de agua dulce. Por esas características, el valle de Tucabaca fue, en la época de la glaciación (hace más de 18.000 años) la única área que no se congeló y es donde, por ende, se concentraron las especies, de animales, de plantas. Por esa razón encierra una amplia variedad y diversidad de especies.

 Allí también se encuentran las sendas, o caminos rupestres, que tienen un valor arqueológico incalculable. “Ahí está la interpretación de la Unidad de Patrimonio Arqueológico de la Gobernación, acerca del origen de las migraciones humanas y de animales. El valor arqueológico es muy grande, además de lo que significa el tema de la diversidad genética que encierra en sí mismo”, dice Crespo.

“Cualquier impacto que pueda haber en este bosque obviamente va a tener un efecto multiplicador en el resto de la región, tanto en la Amazonia, como en el Pantanal, porque es un bosque que evidentemente está generando su propia agua; es un regulador del clima; es un banco de recursos genéticos de muy alto valor, no solamente para la industria farmacéutica, sino de la alimentación misma. Es un lugar donde se concentran los polinizadores, que aportan con el 75% de la polinización de alimentos. Ese bosque tiene ese gran potencial, o tenía, porque gran parte se está quemando”, explica.

El biólogo Roberto Vides-Almonacid, experto en ciencias biológicas y en manejo de vida silvestre, declaró recientemente a Mongabay que “solamente en las áreas que son más abiertas del bosque chiquitano, que corresponde al Cerrado, hablamos de 55 especies endémicas, que no sabemos si han sobrevivido a estos incendios”. 

“En fauna hay especies de reptiles y anfibios y de micromamíferos que también son endémicas y de las que hemos visto fotografías de animales calcinados, y hay una inmensa lista de invertebrados que son fundamentales como polinizadores, controladores de plagas, recicladores y recuperadores de nutrientes del suelo que no están adecuadamente registrados. Pero hay muchas especies emblemáticas que están en riesgo o en peligro de extinción, como por ejemplo el jaguar y otros grandes predadores, porque al disminuir la disponibilidad de sus alimentos se dispersan o se reduce el número de su población. Este daño todavía no está evaluado”.

Vides-Almonacid destacó desde hace algunos años, desde la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza se estuvo promoviendo la lista roja de los ecosistemas, con la misma lógica de las especies en peligro y justamente el área piloto de esta evaluación corresponde a la parte sur de la Chiquitania, donde ocurrieron los mayores impactos de estos incendios. No sabemos, dice,  hoy cuál será el resultado del fuego sobre estos ecosistemas que ya estaban en condiciones críticas.

 

Colonizadores y empresarios

El presidente  Evo Morales   convocó recientemente  a los empresarios, a los colonizadores para hacer una evaluación posincendio; pero no ha convocado a instituciones ligadas  a esa área, a especialistas, a conservacionistas.

“No sé por qué hizo esa convocatoria porque ellos son los que están involucrados en este desastre. ¿Qué van a hacer? Ir a sembrar más soya transgénica. ¿Qué conocimiento tienen de un área que además es de vocación forestal? ¿Qué saben los colonizadores, o los empresarios que siembran soya, los ganaderos, de lo que significa la vocación forestal de una área tan rica en biodiversidad? Son las personas que menos conocimiento tienen y que lamentablemente es porque hay muchos intereses para penetrar en esta zona. Y ahí están las consecuencias”.

Manejo de la crisis

Para Miguel Crespo, lo primero que debe hacer el Gobierno es declarar desastre nacional, significa que tienen que abrirse las fronteras para que vengan equipos especializados en apagar incendios. En este momento hay 4.000 o más voluntarios que están haciendo todo lo posible por tratar de apagar los incendios, pero no hay un mando, no existe un comando especializado en apagar el fuego. 

“Obviamente hay que rogar que llueva, porque ya el siniestro es tan grande que ha sobrepasado los límites de control que puedan estar efectuando con todos los esfuerzos que están haciendo estos 4.000 héroes que están en la zona, pero que no pueden hacer mucho”.

  El clima no está ayudando, hay una menor humedad, hay vientos que son cada vez más fuertes y que obviamente se están abriendo más zonas y focos de calor que se están incendiando y es mucho más difícil de controlar.

Lo segundo que debe hacer el Gobierno es abrogar todas las normas y leyes que han sido los detonantes de este desastre.  Y si el Presidente quiere sentarse con los colonizadores o empresarios, tiene que sentarse a reflexionar que el modelo agroproductivo es insostenible, no es sostenible y hay que pensar en cambiar este modelo, totalmente. 

“Este modelo está causando graves problemas al país y  no ha solucionado el tema de la seguridad y soberanía alimentaria; seguimos importando tubérculos, trigo, fruta, energizantes, de los que antes éramos un país autosuficiente. A la vista está mostrándonos que este modelo no funciona. El año pasado hemos importado 700 millones de dólares, datos del INE, lo que demuestra que este modelo no resuelve la seguridad alimentaria. Es insostenible, hace uso de químicos, de transgénicos y por esa razón hay que ampliar la frontera agrícola y obviamente en áreas de vocación forestal”.

Según Silvia Ribeiro, investigadora uruguayo-mexicana del Grupo ETC, ni los monocultivos de soya (u otros) ni la ganadería industrial son necesarias para alimentar a la población mundial. Son solamente negocio de transnacionales con grupos económicos que se han asegurado políticas muy favorables de producción y exportación desde el Sur global, acompañadas de diversos estímulos para aumentar adrede el consumo de cárnicos en muchas partes del mundo. Esto, pese a que tanto los monocultivos agroindustriales como la ganadería intensiva están entre los factores más altos de emisiones de gases que producen el cambio climático. Y eso, sin contar el aumento de emisiones de carbono que significan los incendios ahora en curso.

Para Vides-Almonacid, los que se benefician de las tierras en la Chiquitania son, en primer lugar, los agroindustriales, quienes  ya tienen fuertes inversiones en Bolivia. La ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria indica que la máxima superficie que un privado puede tener es de 5.000 hectáreas, entonces los grandes agroindustriales compran 10, 15 o 20 propiedades con nombres de distintas personas. Existe un caso de un solo propietario de origen brasileño que tiene 80.000 hectáreas y 60.000 cabezas de ganado, ¿cómo se explica eso? También se benefician los grandes grupos exportadores de soya. Y el tener ahora un enorme mercado de carne boliviana en China es un enorme incentivo, con grandes beneficios.

Si el fuego sigue propagándose –advirtió la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica–, no solamente están en peligro los habitantes de 350 pueblos indígenas que habitan el Amazonas, también serían afectados 6,7 millones de kilómetros cuadrados de bosques, 44.000 especies de plantas, 2.200 especies de animales, 2.500 especies de peces de agua dulce y de 17 a 20% del total del agua dulce del planeta, además de que la pérdida de follaje de este ecosistema representa hasta 10% de las emisiones de carbono global.

Punto de vista
cECILIA GONZÁLEZ p.  Especialista en Agrobiotecnología

  “Un ambiente  muy  sensible”

Estos días he escuchado desde las posiciones más radicales, que apuntan con el dedo a quien sea buscando un culpable, hasta las más alarmistas que indican que “tomará 200 años recuperar el bosque”. Para un citadino, que no conoce el ecosistema afectado y que también ignora muchos datos que no están ni a su alcance o bien no son relevantes por su ocupación diaria, esta exposición de imágenes (muchas con fotos de bosques de coníferas en el hemisferio norte), mezclado con la impotencia de no ser ni siquiera el bombero voluntario, han generado un ambiente demasiado sensible.

Hace poco pensé que este era un sentir generalizado en las ciudades de Bolivia. Hasta que conversé con estudiantes, docentes y profesionales que tienen conocimiento del área en Santa Cruz. La verdad es que me reconfortó mucho, que en medio de esa ola generalizada de protestas, frustración y espacio para los mitos, haya gente con propuestas reales, con la información sobre el lugar en específico y no supuestos, con la motivación y compromiso para no levantar las manos de la ardua labor que espera adelante.

 Instituciones como Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano, Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) o el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado tienen el conocimiento y distintas iniciativas. Por ejemplo, FAN reporta que el año 2010, el país tuvo muchas más hectáreas bajo incendios, sin embargo, ¿por qué entonces no se tomaron medidas adecuadas para generar los sistemas de alerta temprana y prevención a todo nivel administrativo?

Y ahora escucho por muchos lados donde abundan estos todólogos que hay que “reforestar” ya no más. Confirmé con los que sí saben del tema, que lo primero es un trabajo previo de evaluación por áreas para determinar qué acciones se deberán llevar adelante. Las múltiples donaciones que están en curso, ¿serán canalizadas a acciones reales con rigor científico? Lamentablemente, en el país, apoyar la investigación es lo último, y este arduo trabajo requiere de financiamiento.

La FAN tiene una página con información y reportes actuales: http://incendios.fan-bo.org/Satrifo/mapa-interactivo/ (Brújula Digital).

 

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