Reivindicación marítima

A un año de la derrota en La Haya, la amnesia colectiva se impone en Bolivia

El estrepitoso fracaso sufrido en La Haya, infelizmente, ha sido prácticamente olvidado, nadie habla del tema. Ha pasado casi un año y todos parecen ignorar, con su silencio, la gravedad del asunto, opina un exdiplomático.
domingo, 29 de septiembre de 2019 · 00:00

Página Siete La Paz

El 1 de octubre de 2018  la  Corte Internacional de Justicia (CIJ) con sede en  La   Haya , Holanda, determinó que Chile no tiene  la  obligación de negociar con Bolivia un acceso soberano al mar, luego de que Bolivia presentara una demanda marítima. Ha pasado un año de una de las derrotas diplomáticas más sonadas y dolorosas para  el país, porque toca una sensible fibra, el anhelo eterno de los bolivianos de recuperar una salida soberana a las costas del Pacífico.

  A lo largo de este tiempo, expertos en relaciones internacionales señalaron que  la  demanda marítima boliviana fue mal planteada, y el Gobierno nunca dio explicaciones certeras de por qué se perdió en  La   Haya.

Un abogado y exdiplomático de carrera ligado al oficialismo, que pidió mantener su identidad en el anonimato, analiza y critica esta realidad.

Para él, “el estrepitoso fracaso sufrido en La Haya, infelizmente, ha sido prácticamente olvidado, nadie habla del tema. Ha pasado casi un año y todos parecen ignorar, con su silencio, la gravedad del asunto, porque se trata del principal tema de nuestra Política Exterior (o por lo menos lo fue hasta el 1 de octubre de 2018) y a nadie parece interesarle”.

Considera que “la amnesia colectiva es verdaderamente indignante y es hora de pedirles a los responsables una explicación pormenorizada del juicio perdido, más aún, en vista de que el proceso eleccionario se aproxima; no es posible permitir una omisión semejante que todo el pueblo boliviano no merece, y, de paso, tener que soportar que el régimen gobernante siga mintiendo y haciendo campaña para una reelección indefinida con los mismos actores incompetentes y fracasados causantes de la peor derrota diplomática, política y jurídica sufrida por Bolivia luego del despojo chileno sellado en 1904”.

“Los bolivianos tenemos derecho –luego de casi un año– de pedirles a las autoridades gobernantes explicaciones sobre el trágico daño que el gobierno de Evo Morales le ha infligido a Bolivia entera, para que, a través de la denuncia valiente, frontal y comprometida, en medios de prensa,  se  pueda exigir una detallada explicación fundamentada y asentada en criterios técnicos, jurídicos, estratégicos, políticos y diplomáticos acerca de la derrota, para que el país sepa –debate mediante– el porqué de ese resultado”.

“El tema marítimo y la derrota vergonzosa en La Haya, hoy más que nunca, debe posicionarse en la agenda electoral boliviana para debatirlo a fondo, para saber si los bolivianos estamos de acuerdo con que sigan siendo los mismos personajes los que continúen administrando las RREE del país y sus intereses estratégicos; para saber qué es lo que se va a hacer con nuestro reclamo marítimo a partir de ahora, para ver cómo se encarará la relación con Chile luego del juicio, las estrategias y las alternativas que deben tomarse para el futuro de nuestra Política Exterior seriamente dañada por el resultado del juicio ante la CIJ”.

El exdiplomático resume varios aspectos de la demanda boliviana en los siguientes criterios:

1. El fracaso de la demanda marítima en La Haya no ha sido siquiera debatido mínimamente como corresponde en los parámetros adecuados. La culpa es de todos, para fortuna de Evo (oposición, opinión pública y la prensa no supieron mantener ni posicionar en la agenda política algo tan delicado, tan vital y tan sensible para Bolivia entera. Nadie habla del tema).

2. El pasado 6 de agosto, en el mensaje presidencial nada menos, el presidente Morales, deliberadamente, no hizo ninguna referencia importante al asunto (porque no le conviene) y nadie cuestionó tampoco dicha omisión. 

Por añadidura, en la conferencia de prensa del pasado martes 13 de agosto de 2019, Evo dijo que “eso ya está resuelto, encaminado y se está ejecutando y no es un tema importante”. ¿Qué tal? ¿Podremos los bolivianos aceptar callados semejantes afirmaciones?

3. La demanda marítima y la derrota ante la CIJ es un tema importante, fundamental. Actualizarlo en la agenda a casi un año del fallo –sobre todo, porque el gobierno de Evo Morales no dio las explicaciones pertinentes ni satisfactorias al respecto a todo el pueblo boliviano–, es un imperativo ético de los gobernantes, los ciudadanos y de la prensa también.

4. Si bien hay temas de actualidad informativa que concentran la atención de los medios en la agenda (como los lamentables incendios en la Chiquitania), no es menos cierto que otros tantos, también, exigen ser tratados paralelamente. A propósito, Evo señaló: “…lo primero es apagar los incendios, después se verá responsables…”, correcto. Pero, en la misma lógica, extrapolando idénticos criterios, a casi un año del fallo de la CIJ en La Haya “no hay responsables ni descargos sobre la derrota”, pese a que el régimen, a través de sus múltiples voceros, se comprometió a dar explicaciones técnicas, jurídicas y de estratégica acerca de la derrota sufrida por Bolivia en estrados judiciales internacionales.   

5. En primer lugar, sería bueno que ahora dé la cara y explique todo lo ocurrido no sólo el presidente Morales, sino también el “adalid” de la demanda (Héctor Arce), el que lideró, mandó, decidió, ordenó y dispuso todos los pasos que Bolivia ejecutó en La Haya, el que pontificaba la “demanda victoriosa y vencedora”, “la obra maestra jurídica que Bolivia nunca pudo hacer en su historia”, el que dijo que “Bolivia estaba lista para ejercer su derecho en el Pacífico” y otras tantas sandeces triunfalistas que quedaron en nada.

6. Arce Zaconeta fue secundado por la decepcionante declaración de Rodríguez Veltzé cuando tuiteó que “el 2019 Bolivia tendría las mejores condiciones para su acceso al mar” (olvidando que el término “acceso” fue largamente debatido en la construcción de la demanda al interior de la Diremar porque era enormemente delicado, pues Chile siempre se ufanó de que nos otorgaba las mejores condiciones de acceso); ahora resulta que el objetivo habían sido y eran los “accesos al mar”, así en plural y en abstracto, una verdadera vergüenza para todos los bolivianos que a la luz de tales declaraciones fuimos embaucados, engañados y se nos vio la cara de imbéciles (Acceso hubo y hay, lo central en nuestro objetivo era “soberanía” y no se cumplió nada con la lapidaria sentencia).

7. Otro que debería dar la cara es García Linera, para que explique sobre la manipulación triunfalista y demagógica que hizo del juicio y para que aclare en qué consistía aquello que dijo en marzo de 2018 sobre que “Bolivia ya estaba en la fase de obligar a Chile a negociar… siempre nos gusta adelantarnos a las cosas dos, tres años antes de que sucedan”. Es decir, que la estrategia de negociación que Bolivia estaba en la obligación y el deber de proyectar y desarrollar ya estaba lista (se suponía que a través de Diremar, institución que nunca movió un pelo desde el 24 de abril de 2013 para diseñar la misma porque sólo obedecía las órdenes de Héctor Arce para quien “todo era jurídico”); lo cierto y evidente es que nunca se trabajó en esa estrategia porque no les interesaba y porque fueron, asimismo, incapaces de hacerlo.

8. Diremar, apéndice de Cancillería en los papeles –aunque dependía y depende hasta ahora de Héctor Arce– se conformó con creer que (con el breve juicio por incompetencia planteado y perdido por Chile en 2015) y luego haber presentado los alegatos de marzo de 2018 se tenía ganado ya el juicio, descuidado una fundamentación con mayor rigor y contundencia apoyada en criterios más técnicos y que documentalmente fueran demostrables como prueba.

9. Se descuidó e ignoró el trabajo de “lobby diplomático” para acompañar la demanda y, además, prever todos los escenarios posibles, incluso el de la derrota.

10. En lugar de asesorar adecuadamente a Evo, Diremar (oficina estratégica sólo de nombre) nunca fue capaz de recomendar moderación para allanar el camino de la negociación que era lo que pedía Bolivia, pensando tercamente que todo pasaba por lo “jurídico”, soslayando el trabajo de prospección y proyección previa de estrategia que se sugirió en su momento para activarlo paralelamente a la demanda.

11. Entre los años 2011 y 2013, la Diremar (antes de los infundados cambios en su orientación sufridos luego de presentada la demanda), elaboró a su interior múltiples documentos, informes y recomendaciones para la estrategia diplomática marítima en tanto “lobby diplomático” y diversas acciones tendentes al éxito de la demanda boliviana, los mismos que fueron ignorados por quienes consideraron esos estudios como irrelevantes, pensando que todo era jurídico, cuando el asunto con Chile es y siempre fue en su solución de carácter político y diplomático (lo jurídico sí era importante para acorralar a Chile, pero lo fundamental siempre fue la habilidad político-diplomática que Bolivia estaba en la obligación de ejercer y no lo hizo).

12. A propósito del juicio como tal, tampoco la transparencia en gastos que el gobierno de Evo declaró, en ningún caso corresponde a la verdad (14 millones de dólares, cuando por lo menos deben ser 60  millones para el fracaso tan vergonzoso que sufrió Bolivia). Es un deber del pueblo boliviano y de toda la ciudadanía, plantear una auditoría legal y económica de la demanda en La Haya –ya no por los conductos legislativos que todos sabemos que no sirven para nada por la mayoría parlamentaria “masista”– sino, a través de los medios de comunicación para que la ciudadanía y el pueblo discierna, juzgue y castigue con su voto a los responsables de este indignante silencio, para obligarlos a que nos digan la verdad de lo que sucedió y para que dejen de reírse, mofarse y burlarse de todos los bolivianos eludiendo y mintiendo sobre su deficiente gestión, tanto en los resultados como en los gastos que se efectuaron. (Hay formas de develarlo todo con una investigación periodística seria).

13. Nadie parece reparar en lo verdaderamente grave que fue la derrota en La Haya para nuestros intereses como país (es el revés diplomático más severo, vergonzoso e indigno que se le ha provocado a Bolivia). Este tema merece una interpelación exhaustiva de los responsables, de todos y cada uno de ellos a través de una auditoria jurídica, un debate técnico explicativo y el porqué se ignoró todo lo que se trabajó en Diremar entre los años 2011 y 2013, además de aclarar dónde están esos estudios y documentos que deberían quedar para la memoria institucional de todo lo que se exploró, estudió y proyectó, para contrastarlo con lo que al final se hizo (hay indicios serios de que toda esa valiosa documentación fue destruida, cuando eso representa un delito penado por ley porque no se pueden quemar ni hacer desaparecer documentos del Estado).

14. Aunque suene a paradoja, oscura, siniestra y dolorosa para todos los bolivianos, la derrota en La Haya tiene un lado que podría llamarse positivo: Es el verdadero talón de Aquiles del régimen “masista”, el tema fundamental que si es posicionado correctamente en la agenda eleccionaria (sólo por la prensa valiente y comprometida), puede significar lo único que frene las ansias prorroguistas de un régimen ruinoso para el futuro de Bolivia (callar es igual que mentir, decía Luis Espinal).

 

Punto de vista
gonzalo mendieta  Abogado

No es solo un problema jurídico

Cuando se va a cumplir un año del fallo de la CIJ en La Haya, lo primero que hay que reconocer es el fracaso; considerarlo así es lo primero que tiene que hacer el país. Lo segundo es algo –decía bien el diplomático chileno Eduardo Rodríguez Huarachi hace poco– que Chile está entendiendo que Bolivia no va a cesar en su pedido de salida al Pacífico, es la realidad que todos tendrán que entender, que Bolivia tiene intereses históricos sino prácticos de un acceso al Pacífico y eso es también un asunto de consideración realista de todas las partes.

 Lo que he visto en el último año es por un lado algunas señales de endurecimiento chileno (la falta de respuesta de Piñera a la carta del Presidente), creo que es la más significativa, aunque después quizá esto se compensó con la invitación que le ha cursado para participar en la conferencia de medioambiente que se llevará a cabo en Chile, pero hay una carta sin respuesta que en términos diplomáticos es bastante elocuente.

Más que la demanda en sí, la agresividad del presidente Morales quizá tuvo un perjuicio que pudo controlarse

Veo mensajes mixtos chilenos; José Miguel Insulza dijo, a propósito del discurso de Evo Morales en la ONU, cualquier cosa que se quiera hacer tiene que ser negociada, como abriendo la puerta a que quizás eso no está del todo descartado.

La puerta cerrada en La Haya es un hecho gravísimo, y si se ve en términos jurídicos es inabordable; pero discrepo mucho con la interpretación de la sentencia, porque éste no es solo un problema jurídico, es un problema real, que la salida natural boliviana más breve  es por el norte chileno, la ruta para nuestra mercadería de exportación, sin perjuicio de intentar otras salidas por el Atlántico.

Más allá del asunto jurídico y del fracaso, hay un problema real que resolver y yo entiendo que no es un problema solo de los bolivianos, sino también de las relaciones internacionales de Chile y me aventuro a pensar que así como después del fracaso de las negociaciones del año 50, no faltará el día en que con una estrategia sensata de nuestra parte podamos plantear los temas de fondo, que como digo son temas no solamente jurídicos, son temas de necesidades geopolíticas, geográficas y de comercio que no se pueden poner a un lado solamente por un deseo.

 

Confidencial

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