¿Es tu envidia mi bendición?

La autora analiza el transporte colectivo formal o institucionalizado, que es también llamado paratránsito, en un recorrido histórico hasta los conflictos actuales por rutas.
domingo, 08 de septiembre de 2019 · 00:00

Lily Peñaranda MSc Directora de Desarrollo, SDSN Bolivia

La problemática del transporte público en Bolivia es algo que compartimos con países como Uganda, Rwanda, Tanzania, Senegal o Algeria, los cuales tienen ciudades que, al igual que los centros metropolitanos de Bolivia, cuentan con 80% o hasta 100% de servicios de transporte colectivos informales (The World Resources Institute).

Este tipo de servicio de transporte que se caracteriza por ser antagónico al transporte colectivo formal o institucionalizado de una metrópoli, es también llamado paratránsito. Suele darse cuando la capacidad administrativa de los gobiernos locales no es suficiente para organizar un servicio formal de transporte colectivo y se caracteriza por estar operado por individuos o pequeños grupos poco organizados. Generalmente son servicios ofrecidos por vehículos de talla pequeña; tienen itinerarios flexibles; rutas fijas de servicio con paradas flexibles; y en algunos casos cuentan con regulación de las autoridades locales. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de servicios totalmente desregulados y con poco o ningún resguardo por la seguridad del usuario. 

Un estudio titulado El transporte en La Paz, realizado por la Alcaldía de este municipio, muestra que, hasta cierto momento de la historia, el paratránsito se constituyó en la única forma de transporte colectivo disponible en esta ciudad, salvo por el tranvía que, a través del Concejo Municipal y la Bolivian Rubbers, prestó servicios desde 1909 hasta principios de la década de los 30. Los llamados cajones o típicos modelos Ford y Chevrolet, que empezaron a venderse a lo largo y ancho del mundo, llegaron a La Paz en 1928. 

El servicio que estos vehículos ofrecían era más rápido, más frecuente, cubría más rutas y tenía paradas y horarios flexibles. Se puede decir, que es el primer servicio de paratránsito en La Paz, que termina desplazando al tranvía y así al único servicio de transporte formal e institucionalizado que hubo en La Paz hasta la llegada de Mi Teleférico y La Paz Bus. A partir de la década de los 1930 se establece una cultura del transporte colectivo en manos de choferes privados que se organizaban para ofrecer el servicio a la población. 

Según el mismo estudio, a medida que el área metropolitana se expandía hacia Sopocachi, Obrajes y después Calacoto, fueron apareciendo los buses (colectivos) en la década de los 40, los Taxis de Ruta Fija (Trufi), a fines de los 60 y los micros durante la década de los 70. En 1985, con el Decreto Supremo 21060 y la subsecuente relocalización, el paratránsito se convierte en la opción más fácil para quien debía buscar una actividad económica de manera rápida y sin mucha inversión. Poco después, en 1989, se inaugura la primera línea de minibuses en la ciudad. 

A partir de entonces, los altos niveles de migración rural-urbana, que se intensifica a finales de los 70, en combinación con la necesidad de estos migrantes de encontrar una actividad económica rentable, nos llevan al momento actual. Según el PNUD, la población de La Paz y El Alto se cuadruplicó entre los censos poblacionales de 1976 y 1992. Como ejemplo de que este proceso no ha cesado, el municipio de El Alto, en 2016, recibió a aproximadamente a 11.000  familias migrantes, mayormente del altiplano.  

Por otro lado, según datos del Instituto Nacional de Estadística , entre 2003 y 2017, en El Alto se registró un incremento del 260% en la cantidad de minibuses. En el caso del municipio de La Paz, el incremento en el mismo periodo fue del 377%. Es más, en 2017 los municipios de La Paz y El Alto albergaban al 92% de los minibuses existentes en el departamento de La Paz; y al 60% de los minibuses de todo el país, con 60.631 vehículos de esas características transitando en ambos municipios. 

Si bien los trufis y micros también forman parte del lote de vehículos del paratránsito en La Paz y El Alto, en la actualidad son los minibuses los que más y mejor se insertaron en el sistema de transporte colectivo de ambas ciudades. Por supuesto, se debe tomar en cuenta que no todos los minibuses registrados en ambos municipios forman parte del paratránsito. A nivel nacional, por ejemplo, en 2017, son 312 los minibuses que se registran bajo uso oficial (aparato estatal y público). De todas maneras, la realidad es que muchos de los minibuses que se dedican al transporte turístico, por ejemplo, también forman parte de la flota del paratránsito cuando no están en servicio en el sector turístico. 

Lo propio sucede con los minibuses que forman parte del transporte escolar, que durante las horas libres, la escasa regulación del sistema de paratránsito, les permite ofrecer su servicio como transporte colectivo. Existen también los minibuses de carga, que no son apropiados para el transporte de personas. Para este último caso en particular, no hay datos concretos, pero se presume que son muy pocos los minibuses de carga, comparados a la cantidad de minibuses que forman parte del lote del paratránsito. 

Más allá de los registros oficiales, el INE no toma en cuenta los vehículos que ingresan al país de manera ilegal. El lote de los llamados autos chutos  también incluye una gran cantidad de minibuses que ingresan al país y al servicio del paratránsito. Por supuesto que la implementación de la regulación que obliga a todos los vehículos en territorio nacional a contar con el sticker del B-Sisa de la Agencia Nacional de Hidrocarburos  para poder cargar combustible, hace difícil para los autos chutos circular en las áreas urbanas. Sin embargo, en las áreas periurbanas y rurales, o en las crecientes ciudades intermedias, este no es un impedimento para ofrecer los servicios de transporte colectivo. La laxitud en la aplicación de esta regulación fuera de las áreas metropolitanas  hace esto posible. 

Dicho esto, el fin de semana pasado, la población de La Paz hizo frente al monopolio del paratránsito, resultando en enfrentamientos violentos entre ambos. El ingreso de La Paz Bus a las rutas principales de los minibuses y trufis  pone en riesgo las fuentes laborales de cientos y hasta miles de transportistas del paratránsito. Como medida de desarrollo urbano y mejor protección del usuario del transporte colectivo, La Paz Bus se constituye en una solución formidable. 

Sin embargo, el proceso de migración rural-urbana y la inserción laboral de los migrantes  no se atendió a tiempo. Son ya décadas que la falta de acompañamiento de políticas de integración rural-urbana permitieron consolidar al sector del paratránsito, incluso con un alto nivel de empoderamiento político. Esto debe ser integralmente atendido por autoridades nacionales y locales, para poder ayudar a diversificar la actividad económica de aquellos que buscan una mejor vida en el área urbana, ya que el campo árido del altiplano o desventajas de otras regiones predominantemente rurales del país, no lo permiten. ¿Es entonces la envidia de alguien realmente la bendición de otro? 

¿O se trata de algo más profundo relacionado, en parte, a las alternativas laborales en las áreas urbanas del país?
 

 

 

Confidencial

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