Humedales

La Amazonia es parte de la identidad de Brasil

El 89% de los brasileños quieren que el parlamento asuma el compromiso con la extinción de la deforestación ilegal.
domingo, 08 de septiembre de 2019 · 00:00

Sérgio Abranches Sociólogo, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Cornell, EEUU Latinoamérica21

En una de mis visitas a la Amazonia navegué por el río Negro desde Manaos hasta la pequeña ciudad Nuevo Airão. Encontré una joven, en esa época de 29 años, que dirigía el Parque Nacional de las Anavilhanas. Giovanna Palazzi, nacida en San Pablo, lejos de la Amazonia, de ascendencia italiana, se enamoró de Anavilhanas, el segundo archipiélago de islas fluviales más grandes del mundo a la edad de 14 años en una excursión con su colegio. En aquel viaje decidió que estudiaría ecología para poder trabajar allí. A los 28 años, comenzó a dirigir el Parque de las Anavilhanas con sus 300 mil hectáreas de archipiélagos de islas fluviales alargadas formadas por los sedimentos de arena blanca, traídos de las inmediaciones del Monte Roraima por el río Branco, afluente del río Negro. 

Esta breve historia tiene dos aspectos. El primero, la espectacular biodiversidad amazónica. El parque de las Anavilhanas, un área de conservación estratégica, tiene una enorme variedad de formaciones vegetales, típicas de la floresta tropical húmeda. Forma parte del paisaje forestal inundado. Los árboles quedan con sus troncos enteramente cubiertos por las aguas del río durante el período de lluvias. Se navega entre las copas de los árboles. Las 400 islas aparecen solamente en el período de sequía. 

Las aguas son oscuras por causa de los taninos y aceites naturales  extraídos de las cortezas de los árboles en el bajante y que están allí para protegerlos de insectos y otros parásitos. Por ello, en las orillas del río Negro, no hay mosquitos, lo que lo hace particularmente atractivo para los turistas. Es una región de especies que forman parte de la mitología regional, como el boto tucuxi y el boto rosado, especies de delfines de agua dulce. 

Fue este paisaje mutante y exuberante, lleno de especies casi míticas, que construyó la imagen histórica de brasileños y extranjeros sobre la Amazonia. Una tierra de misterios y riquezas inmensas. Una especie de El Dorado desconocido, codiciado y temido.

El otro aspecto de esta historia es la relación de las nuevas generaciones con la Amazonia. Aquella visión históricamente construida de El Dorado, que los militares, durante la dictadura, transformaron en el “infierno verde” a ser conquistado para que el país pudiese tener acceso a sus riquezas, se fue disipando a medida que la región se tornaba más conocida. 

Las fotografías expresionistas del fotógrafo Sebastião Salgado, mostrando la tragedia humana y ambiental de los buscadores de oro de Sierra Pelada, en la década de 1970, contribuyeron para despertar la conciencia de que la Amazonia estaba en peligro. 

El archipiélago de las Anavilhanas fue convertido en unidad de conservación por el propio régimen militar en 1981. Hoy está en la Lista de Humedales de Importancia Internacional (Lista Ramsar) y es Patrimonio Mundial Natural de Brasil reconocido por la Unesco. 

Cuando Giovanna, hoy con 40 años, se enamoró del lugar y decidió prepararse para trabajar en su protección, la visión de los brasileños sobre la Amazonia ya era otra. Ya no era  El Dorado de riquezas minerales, oro y piedras preciosas, sino un patrimonio de mucho mayor valor en biodiversidad y que debería ser protegido de la explotación predatoria. 

Los brasileños no se volvieron ambientalistas radicales. Comenzaron a valorar la diversidad biológica de la Amazonia, a la vez que comenzaban a conocer sus innumerables atractivos turísticos, todavía muy mal explorados.

Hoy en día, la mayoría de la población, incluso sin haber visitado la Amazonia, desea su protección y el desarrollo de la región respetando su ambiente natural. 

Una encuesta realizada por el mayor instituto de opinión pública brasileño, Ibope, puso de manifiesto la visión contemporánea de los brasileños de su selva tropical, en un momento en que la deforestación está en aumento y los incendios criminales están devastando grandes áreas. 

Los brasileños ven la Amazonia como un motivo de orgullo nacional, el 88% lo cree así y el 95% considera que preservarla es esencial para mantener ese orgullo. Existe una opinión casi unánime (94%) de que la protección de la selva tropical es fundamental para la identidad de Brasil. Para el 97%, la conservación de la diversidad biológica amazónica es decisiva para la salud del medioambiente brasileño, y el 94% está de acuerdo en que también es esencial para la salud ambiental global. 

La importancia de la Amazonia para la economía es reconocida por el 87%, y el 93% está preocupado con el aumento de la deforestación ilegal en la región. Por esta razón, el 96% quiere que el presidente aumente la vigilancia para evitar la deforestación, y el 89% quiere que el parlamento brasileño asuma el compromiso con la extinción de la deforestación ilegal y que el país y sus autoridades tengan tolerancia cero con este crimen.

 Incluso entre los votantes del presidente Jair Bolsonaro, la mayoría absoluta comparte esta opinión.

¿Por qué, entonces, el Gobierno brasileño tiene hoy actitudes tan contrastantes con la opinión de la sociedad de su país?

 Hay un distanciamiento entre el Gobierno y la sociedad en Brasil. El Presidente tiene una agenda que responde a intereses muy específicos, de propietarios mineros y productores de baja productividad, y de una minoría compacta de seguidores fieles y devotos de sus valores. 

Un presidente con mentalidad autoritaria, que no quiere oír todas las voces de la sociedad, sino solo la parte que piensa como él. El Gobierno está comenzando a actuar en la Amazonia para combatir la deforestación y las queimadas (los incendios provocados por productores rurales para generar nuevos espacios de cultivos) solo debido a la presión interna, política y social, y de la comunidad global. 

El agronegocio exportador brasileño se ha manifestado contrario a la omisión de la política ambiental de Bolsonaro. Aislado, el Presidente actúa, pero sin la convicción de que ésta es la opción correcta.

 

 

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