Matasuegra

¿Leales con quién?

Los legisladores masistas deben decidir si entran al juego democrático o se alinean con la figura de un líder al que no le importa la democracia.
domingo, 12 de enero de 2020 · 00:00

Willy Camacho Escritor

Mediante el referéndum de enero de 2009 se aprobó la Nueva Constitución Política del Estado con un 61% de los votos, determinando que Bolivia “se constituye en Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías, fundado en la pluralidad y pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico dentro del proceso integrador del país”.

El 7 de febrero de 2009 se promulgó la NCPE y así “se inició el cambio de Estado colonial y neoliberal a un Estado Unitario, Plurinacional Descentralizado y con Autonomías”, que fue refrendado por Decreto Supremo 048, que ordena: “En cumplimiento a lo establecido por la Constitución Política del Estado, deberá ser utilizada en todos los actos públicos y privados, en las relaciones diplomáticas internacionales, así como en la correspondencia oficial en el ámbito nacional e internacional, la siguiente denominación, Estado Plurinacional de Bolivia”.

Tras revisar estos datos históricos, que figuran en reportes de Página Siete de hace algunos años, surgen dudas lógicas: si el 7 de febrero nace el Estado Plurinacional, ¿por qué se celebra el 22 de enero como su día? Pues es otra de las arbitrariedades del pasado gobierno. Ocurre que Evo Morales ganó las elecciones en diciembre de 2005 y eligió el 22 de enero para asumir el poder. No fue algo casual, sino que ese día se iba a recordar el cuarto aniversario de su expulsión de la Cámara de Diputados en 2002, cuando le quitaron su curul luego de un juicio político.

Así las cosas, si en un futuro los masistas volvieran al poder, seguramente elegirían el 10 de noviembre para la posesión, pues así se cumpliría su trillada profecía de “volveremos y seremos millones”. En fin, el caso es que, pese a que el nacimiento del Estado Plurinacional debería recordarse el 7 de febrero, a Evo y compañía se les ocurrió que esas son macanas, que bien podría casarse esa celebración con la de la toma de poder, porque, como sabemos, los masistas se esforzaron en crear un relato mítico alrededor de la figura de Morales. Entonces, la intención era inscribir en el imaginario popular la idea de que el nuevo Estado nace con la llegada de Evo al gobierno, dejando de lado el referéndum, la lucha del pueblo, etcétera.

Y ahora, los legisladores masistas insisten con que el 22 de enero la presidente Añez debe dar un informe a la nación, pese a que la Constitución establece que el informe presidencial se realiza el 6 de agosto. Es más, el diputado Sergio Choque (que lo estaba haciendo bien hasta la fecha) deslizó algo similar a una amenaza: “si la presidente no da informe, tendrá que hacerlo el hermano Evo Morales”, y como si fuera poco, añadió que Evo sigue siendo presidente del Estado Plurinacional.

Entiendo que la única figura que cohesiona al MAS es Evo Morales; no se trata de ideología, de proyecto común, ni siquiera de identificación étnica, se trata de mera idolatría. Todos los masistas sacan la cara por Morales, aunque entre ellos se saquen los dientes. Esto es digno de estudio, pues luego de tanto autoritarismo, de tanto abuso de poder, de despilfarro de dinero público, de pisoteo de las instituciones y de la Constitución, Evo Morales sigue gozando, como símbolo, de muy buena salud política.

No obstante, ya alejado del poder, sin la injerencia sobre la justicia, no le queda más que comportarse o atenerse a las consecuencias. De hecho, tiene una denuncia por sedición y terrorismo, que fácilmente puede ampliarse a delitos contra la dignidad del ser humano, incorporados en el Título VIII del Libro Segundo del Código Penal. Específicamente, el artículo 281 quater (Difusión e Incitación al Racismo o a la Discriminación) indica: “La persona que por cualquier medio difunda ideas basadas en la superioridad o en el odio racial, o que promuevan y/o justifiquen el racismo o toda forma de discriminación, por los motivos descritos en los Artículos 281 bis y 281 ter, o incite a la violencia, o a la persecución, de personas o grupos de personas, fundados en motivos racistas o discriminatorios, será sancionado conlapena privativa de libertad de uno a cinco años”.

Es evidente que tanto Morales como su segundo al mando constantemente han incitado a la violencia entre bolivianos, manifestando explícitamente ideas de división racial (qaras  Vs. indios). De hecho, su gestión del poder, su pilar fundamental, consistía en esta polarización de dos grupos étnicos, aunque, en realidad, la mayoría de los bolivianos y bolivianas seamos mestizos. 

Morales y compañía se encargaron de difundir un paradigma de enfrentamiento constante, cuando su labor, en 14 años, pudo haber sido positiva, reconciliando sectores, sanando heridas y generando un espíritu de unidad sin discriminación. El fin era que un grupo siempre sintió la amenaza del “monstruo blanco”, así, se aseguraron de fidelizar casi religiosamente la votación y apoyo callejero de aquellos autoidentificados como indígenas.

Y claro, esta estrategia solo consiguió profundizar el desencuentro, el resentimiento y la desconfianza. Así, basta una chispa para desatar el terror. Lo que Morales y compañía alentaron no es una “guerra civil”, sino una limpieza étnica. Si recordamos los antecedentes de este tipo de irracionalidad, como lo hecho por nazis en la II Guerra Mundial, o la barbarie de la guerra en los Balcanes, podemos concebir la magnitud del crimen cometido por la cúpula masista, que afortunadamente no llegó a hacerse realidad, gracias a la vocación pacifista del pueblo boliviano. Pero estuvimos muy cerca del desastre, y eso no hay que olvidarlo ni perdonarlo.

En tal sentido, quienes pregonan que Morales sigue siendo presidente del Estado están abiertamente siendo cómplices de los delitos de odio que el exmandatario alentaba. Insistir en que él haga entregas de obras vía telefónica o de mensajes a la nación vía Skype, asignándole rango de presidente, es, más que una provocación, un atentado a la institución democrática del país. Que un ciudadano de a pie lo haga, vaya y pase, pero si esto viene de autoridades electas ya es alarmante. 

Estamos a puertas de un nuevo proceso electoral, y los legisladores masistas deben decidir si entran al juego democrático y se someten a sus reglas, o se alinean con la figura simbólica de un líder al que no le importa ni la democracia, ni el país, ni la vida de sus habitantes con tal de mantener sus privilegios de poder. No es tiempo de tibiezas, respóndanse en la intimidad esta pregunta: ¿su lealtad es hacia Bolivia o hacia Morales?

 

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