Presidencias y biblias

El uno gobernó con la biblia de Marx y la otra lo hace con la Biblia hebrea. Vamos de un extremo a otro. ¿Esto es malo? Sí y no.
domingo, 12 de enero de 2020 · 00:00

Pablo Mamani Ramirez 
Sociólogo, docente universitario de UPEA y UMSA

La Biblia hebrea y la de Marx. Aunque no es nueva esta gran dicotomía en la historia política boliviana, lo que sí es novedad son los orígenes de los presidentes en el último tiempo. María Galindo, esta crítica con la Presidenta de origen beniano, y otros, como H.C.F. Mansilla, justifican la caída del presidente indio. Galindo ha sido crítica con el Otro y ahora lo es con la Otra. Y no está mal en absoluto ser crítico con lo que no nos parece, aunque habría que ver el lugar social de esta crítica. 

¿Qué tiene que ver el origen de uno y otro con la Presidencia? Evo Morales se autodefinió como indio, término político fuerte, y Galindo reseñó a Añez como aquella niña pata pila como referencia de los indígenas de  Beni, del oriente rural en general. 

Hay que exponer de cómo la crítica común esconde la preeminencia de la mayoría poblacional india para convertirla nuevamente en minoría. Lo aymaraquechua-guaraní y otros pueblos inesperadamente ahora son  parte estructurante del país que siempre se ha creído blanco y occidental. 

Aunque tanto el presidente indio y la presidenta Añez  hayan negado en la práctica su origen, más Jeanine que Evo.  En el discurso, Morales asumió como suya su indianitud y Añez no la asume pese a que tendría alguna ascendencia del pueblo indígena de Beni, de los baures o moxeños. 

Y, ¿por qué están detrás de ello ciertos personajes? Con Evo estuvieron García Linera, Romero, Quintana, Arce y otros; y con Jeanine: Murillo, Núñez, López, Longaric. ¿Este hecho es novedoso?  No,  porque detrás de la sala presidencial siempre estuvieron ellos. Pero es novedad que ambos grupos tengan que ser asistentes de el, o la Presidenta. Los “blancos” están arruinados. Camacho miró a Pumari. Y Pumari miró muy poco a Camacho. 

No les queda otra que acercarse a este otro lado del poder para seguir siendo alguien en este país de geografía poblacional india, hecho que es imposible de ser aceptado por los ideólogos del mestizaje “blanco”, puesto que a nombre de las ciencias sociales andan en los pasillos de las universidades (o con sus libros) diciendo a los jóvenes que son mestizos para borrar su indianitud.  

¿Cómo se presentan uno y otro? Se presentan tal como se vive hoy en el mundo de la modernidad a medias. Una se tiñe el cabello y el otro se compró avión personal. Aunque el resto simplemente no se pintan y se sienten orgullosos de lo que son. Algo plausible. Aunque lo anterior tampoco moralmente es criticable.  

Se criticó que el indio Evo haya usado el avión presidencial, pero ni bien asumió  la presidenta Añez, inmediatamente usó el avión del presidente indio derrocado. Y por eso ahora los “blancos” tienen que moverse detrás de esta figura presidencial y tomar decisiones tan apresuradas como sea posible. Y ¿los profesionales indios?, ¿y sus intelectuales? 

Están ahí, fuera del poder o cercanos a él, donde no toman decisiones. Algunos son sumisos en obsecuente obediencia a esa estructura del poder. Y otros en directa rebelión y por eso están fueran del círculo del poder estatal. Están en el otro poder que se yergue desde el otro lado. 

En esa dinámica, imposible justificar a Añez, que emitió el D.S. 4078 con el que se mató a aymaras y quechuas en Senkata, El Alto, y en Sacaba, Cochabamba. Y justo contra ello es importante la crítica desde el otro poder, porque algunos defienden al defenestrado y otros al victorioso. Añez y Morales vienen atrapados por el mundo colonial y por eso explotan el poder a toda fuerza. Si se quiere construir nuevas hegemonías, es importante convivir y hablar de cara a cara con el pueblo del que venimos.  

Esto se ensalza con otra novedad observable: el uno gobernó con la biblia de Marx y la otra lo hace con la Biblia hebrea. Vamos de un extremo a otro. ¿Esto es malo? Sí y no. Sólo que somos un país extremo pero ubicado en el centro geográfico de Sudamérica. 

De ahí que nos conducimos con ideas, pasiones, historias que no tienen que ver con nosotros en tanto Nosotros. Queda claro que en el Nosotros siempre hubo el uso de los otros como instrumento de legitimación para hacer y seguir siendo Nosotros mismos. Ejemplo: el arado egipcio, la lengua “aymarañol”, el machete, las vírgenes católicas, los celulares, etcétera. ¿Eso es negarnos a nosotros mismos? No. Cualquier pueblo vivo lo hace. 

En Bolivia lo hacemos como se ve en todos los lugares. Lo que está fuera de contexto es que la biblia de Marx sea el fundamento de las izquierdas bolivianas y la hebrea el fundamento de la derecha. Ahí somos profundamente coloniales. La Biblia hebrea no es como la pintan sus ideólogos: fuente moral de la humanidad por su mensaje de caridad o solidaridad,  sino  que  es el libro del ejército de Jehová que es para matar. Matar almas indias o indios, pero también para justificar asesinatos físicos. La derecha siempre usó la Biblia, como el exdictador Hugo Banzer o el demócrata Sánchez de Lozada, muy parecidos, pues, a sus abuelos Pizarro y Almagro. Y frente a ello los yatiris aymaras y tiarauquis (chamanes) de la Amazonia hacen la otra parte de esta vida y del poder. 

Por eso la revolución india de Fausto Reinaga es inevitable, porque es el que pone el dedo en la llaga tempranamente (1970) de lo que hoy es una realidad urbana y rural. Reinaga sostenía que el 90% del país es indio. Hoy,  policías y la tropa militar son aymara-quechua-guaraníes y los presidentes también. Aunque no los jefes. Y claro, ello no garantiza la revolución india.

Realmente Bolivia vive una indianizacion pero negándose a sí misma. Por eso los elementos somáticos Otros han adquirido condiciones de publicidad política muy importante que hace 25 años era imposible. ¿Y los oligarcas? No les queda otra que indianizarse o dejar de tener sentido real, porque aquí y allá la población india los tiene cercados. Sus empleadas domésticas, desde adentro,  observan su decadencia. 

En Santa Cruz, la collada disputa sus espacios como en el resto del oriente y en los Andes aquellos no tienen territorio ni población. La vida está jodida. Por eso reaccionan como reaccionan, de manera racista y colonial.

 

 

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