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Los ciudadanos en octubre

La Plataforma UNO considera que Carlos Mesa perfila un liderazgo más ciudadano, sin amenazas ni chantajes, con voz firme y conciliadora.
domingo, 11 de octubre de 2020 · 00:00

Plataforma Ciudadana UNO

Cuando la ciudadanía boliviana movilizada supo que se fugaba el que fuera el gobernante con mayor tiempo en el puesto, y que lo hacía junto con García Linera, su cómplice, todos pensamos que se cerraba un capítulo vergonzoso de nuestra agitada vida política. Pasada la incertidumbre de los días de reacción violenta de sus adeptos y con la sucesión constitucional de la señora Añez, parecía abrirse un horizonte promisorio para que la nación boliviana empiece a encontrar una senda de mayor entendimiento y reencuentro. Esto duró poco, pues la presidente en funciones decidió convertirse en candidata, contradiciendo sus propias declaraciones. Por añadidura ¡y qué añadidura! nos llegó la pandemia de la Covid-19 y la crisis se convirtió en tragedia.

Durante todo el año el masismo trabajó su venganza contra el país que lo derrotó. Pero sólo pudo elegir candidatos que han sido cómplices de su corrupción y encubridores de sus vicios. Luego de la tardía renuncia de la presidente a su candidatura, actores importantes en la crisis de octubre y noviembre pasado, como Tuto y Camacho, tampoco logran remontar en las encuestas. Debemos resaltar, en esta coyuntura, que contamos con un TSE harto más respetable que su predecesor, un árbitro que dará certidumbre al resultado electoral.

Ante este panorama, sólo Carlos Mesa y Comunidad Ciudadana son la única opción, no solo por útil para derrotar al masismo, sino porque representan a todos con aspectos programáticos que se alejan del tradicional extractivismo y ponen atención especial a la naturaleza y la democracia, soportes del desarrollo y la convivencia. 

La marea ciudadana que puso un alto al autoritarismo de Morales, García Linera y la rosca masista, tiene en esta opción el recurso de las urnas para dar el paso que nos aleje de la crisis y nos proporcione nuevas posibilidades de reconstrucción y renovación nacional. Consideramos que se está perfilando allí un liderazgo más ciudadano, sin amenazas ni chantajes, con voz firme y también conciliadora por un interés superior al de cualquier “rosca”.

Por otro lado, durante los últimos días, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha realizado audiencias para tratar la figura de la “reelección presidencial indefinida”, en el contexto del sistema interamericano de derechos humanos, a solicitud de una opinión consultiva planteada por el gobierno de Colombia.

A lo largo de las tres sesiones, prevaleció el criterio de que la reelección indefinida no es un derecho humano, sino un peligro para la democracia. Así lo hicieron saber la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, varios expresidentes de la región y organizaciones de la sociedad civil.

En este contexto, la derrota de los enemigos de la democracia encarnados por el MAS requiere –de nuevo– de la concentración del voto y la conciencia democrática, para una victoria en las urnas que implique el respeto definitivo del 21F y de la voluntad soberana del pueblo boliviano.

 

Las denuncias del MAS

Durante los últimos días, el Movimiento al Socialismo  se ha dado a la tarea de instalar en la opinión pública nacional la idea de que se estaría gestando un fraude que lo perjudique en sus afanes de retornar al poder. Así lo han hecho varios de sus voceros, comenzando por el candidato Luis Arce Catacora, quienes han manifestado que desconfían del Tribunal Supremo Electoral, que sólo con fraude perdería el MAS y expresiones similares. 

Pero no solo eso, hace muy poco algún dirigente ha manifestado que, si hay fraude, la COB (hoy al servicio del MAS) levantará el “cuarto intermedio” de bloqueos que declaró luego de su estrepitosa derrota en el afán de imponer fecha de elecciones y “retomará el poder en las calles”. 

Por su parte, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), de cuyo consejo consultivo forman parte, entre otros, Rafael Correa y Álvaro García Linera, y dos de cuyas “investigadoras” son María Teresa Morales y Gabriela Montaño, ha publicado una “encuesta” que da como ganador al MAS en primera vuelta. Seguramente, estos resultados pretenderán utilizarse luego de la derrota del MAS, para acusar al Tribunal Supremo Electoral (TSE) sobre la supuesta perpetración de un fraude electoral y para el desarrollo de acciones contrarias a la democracia. 

Al respecto, es necesario recordar a la opinión pública nacional e internacional que el nuevo Tribunal Supremo Electoral fue elegido en diciembre de 2019, luego de un acuerdo político nacional, realizado con la intermediación de respetables organizaciones nacionales e internacionales, del cual participó el MAS. Tres de los siete vocales de este importante ente fueron propuestos por este partido, el cual además aceptó el nombramiento de los tres restantes, en tanto la Presidenta del Estado Plurinacional, en uso de sus atribuciones, designó al séptimo vocal, que terminó siendo elegido como Presidente del TSE.

Bolivia tiene una Asamblea Legislativa Plurinacional dedicada a promulgar leyes de dudosa efectividad en clara postura de campaña electoral a favor del MAS, y a obstruir la concreción de créditos que urgían al país. Tiene un Órgano Ejecutivo que entendió tarde su rol transitorio y que está debilitado de manera lamentable. Y sigue teniendo un Órgano Judicial y un Ministerio Público al servicio del MAS y desprestigiados al extremo. 

En ese contexto, el Tribunal Supremo Electoral es el único Órgano que goza de legitimidad y ha dado muestras de un trabajo honesto, responsable y serio para las elecciones del próximo 18 de octubre.

Es dudoso que las amenazas a que se hace referencia líneas arriba no encubran decisiones antidemocráticas. Por ello  es imprescindible que la ciudadanía boliviana concurra masivamente a votar en las próximas elecciones y elija a quien represente verdaderamente los valores democráticos y no se sirva de ellos para perpetuarse en el poder. 

La voluntad del pueblo le dirá NO una vez más a quienes quieren destruir la democracia.

 

 

 


   

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