Elecciones 2020

Bolivia se encamina un nuevo ciclo democrático cargado de incertidumbre

domingo, 18 de octubre de 2020 · 00:01

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

Con las elecciones de este domingo 18, Bolivia comienza una nueva era democrática cargada de una incertidumbre  alimentada por las expectativas de una recuperación económica tras la pandemia de coronavirus, un futuro gobierno que podría resultar débil y con un Estado que no termina de construirse al haber quedado truncas  varias metas que se había trazado el país con la Asamblea Constituyente de 2009.

 “La nueva situación no está generando condiciones de una resolución de fondo; vamos a tener un gobierno frágil, independientemente de quién sea el presidente”, dice el analista y sociógo Roger Cortez. 

“Si el equipo del señor Morales Ayma supone que volver al mando del país le permitiría extender el tipo de gobierno y las prácticas que llevó adelante, se equivoca de una manera  pavorosa. Por el otro lado, un gobierno de oposición se va a enfrentar a la rigurosidad de una nueva fase que vive el mundo entero con estos dos grandes condicionantes; los problemas de una primera epidemia, que todavía tiene sorpresas para nosotros, y el enigma de cuándo viene la siguiente”, afirma.

Bolivia inició en 1982, tras la recuperación de la democracia, un ciclo que luego de la renuncia de Hernán Siles, se encaminó por las aguas del “neoliberalismo” y de la democracia pactada, desde 1985 hasta 2003, cuando  el sistema  colapsó. Luego, a partir de 2005 y 2006 se inició una nueva era con el populismo aplastante de Evo Morales, que entró en una seria crisis en 2019. Ahora viene, todo parece indicarlo así, otra transición que hace prever el retorno a los pactos por la gobernabilidad, ya que, según las medicones, ningún frente lograría la mayoría absoluta.

 Según el análisis de Cortez, “nadie entendió la necesidad de plantear al país los grandes problemas que tenemos hacia adelante. Todo el mundo habla de transición como si estuviéramos obligados a seguir teniendo un tipo de gobierno provisorio como el actual, cuando en realidad debiéramos tener uno muy claro y firme dispuesto a completar tareas postergadas por largo tiempo”.

 De acuerdo a lo que se ha   visto en los muy esmirriados simulacros de debate, explica,  encontramos que “nadie plantea al país la magnitud de los problemas y nos estamos quedando simplemente con la idea de que todo lo que debe resolverse es si retorna al MAS al gobierno o no”. 

“Como quiera que sea el resultado de la elección del domingo, en la medida en que no asumamos los verdaderos retos, que son precisamente los de asimilar aquellos mandatos clave que aprobamos con dos tercios de votación para la  Constitución de 2009, la única de todo el país que proviene de una deliberación tan extensa,  profunda y extendida, nadie ha planteado esta fórmula básica, que no requiere inventarse de nada exótico, y eso representa, volviendo a la trunca reforma del Estado, es si ésta va a quedar definitivamente estrangulada o abortada, o va a reencontrar camino”.

 
Un periodo de incertidumbre

 Para el sociólogo Carlos Hugo Laruta, “lo que vamos a tener el 18 de octubre es el inicio de una nueva etapa de la democracia boliviana cargada de muchas incertidumbres porque no sabemos exactamente qué es lo que va a ocurrir; lo más probable es que haya dos candidaturas que vayan a una segunda vuelta. Vamos a tener un periodo de incertidumbre del 18 de octubre hasta noviembre y diciembre, ya después se podrá ver con claridad el nuevo horizonte de esta nueva etapa democrática”.

Lo más visible parece ser que se inicia una etapa que deberá enfrentar muchos problemas económicos, sociales, vinculados a un tema emergente, no a problemas históricos. “Está el problema emergente del coronavirus que ha destrozado la economía y ha destrozado las bases de subsistencia de una sociedad, el empleo, la confianza, la inversión, las oportunidades de emprendimiento, la seguridad laboral;  todo se estremece con el coronavirus. Pero no van a ser temas históricos los predominantes en la siguiente etapa”, estima Laruta, para quien el futuro es   un tema de supervivencia, vinculado a la gestión de la economía y de gestión de la política.

Laruta sostiene que una primera certeza es que la democracia que se instaló en 1982 es en realidad un proceso de democratización. “No es que la democracia se instaló en el 81 y terminó el 82. Hay que cambiar de visión y entender que el 82 se instaló una democracia con condiciones mínimas y que ahí comenzó un verdadero proceso de construcción democrática”.

En ese marco, la democracia tiene ya 38 años, “hemos vivido dos grandes crisis de, precisamente, de construcción de la democracia. La primera es la de 2001-2005 con el momento más duro en 2003; y la segunda crisis es la de 2016-2019 con dos momentos, el referéndum de 2016 y los hechos de noviembre de 2019. Hemos vivido esas dos crisis del Estado democrático, porque las anteriores, las crisis de los militares, de la Revolución del 52, ya son ajenas, muy distantes”.

Sin embargo, afirma Laruta, esas dos crisis no han significado que Bolivia, como Estado democrático, muera, sino que   han encontrado salidas democráticas: la crisis de 2001 a 2005 tuvo una salida democrática por la vía de la sucesión constitucional, de Rodríguez Velzté, que entregó el gobierno a Evo Morales y luego la última, de noviembre, que tuvo también una salida constitucional con el gobierno de Jeanine Añez. “Estas salidas constitucionales significan que la democracia sigue viva”.

“A partir de aquí hay que entender todo lo que va a venir después. La democracia reinicia, así como en 2005, una nueva etapa, cargada de incertidumbres todavía, porque depende un hecho crucial en democracia, que es la elección del 18 de octubre”, explica.

 Pese a las adversidades, Laruta afirma que hay motivos para ser optimistas. “El primer motivo es que la democracia prevalece, no ha habido ninguna salida de la crisis que afecte seriamente la vida de la democracia. Tenemos un Poder Ejecutivo sujeto a la sucesión constitucional; tenemos un Parlamento que si bien se ha prorrogado, es un poder que nació del voto. Tenemos un Tribunal Constitucional, un Poder Electoral, es decir la institucionalidad básica de la democracia está viva”.

“No ha existido una salida militar. Hemos tenido, con muchos tropiezos y dificultades, una salida democrática. Lo importante es mantener el respeto a la institucionalidad de la democracia. Otro paso será el respeto a los resultados de las elecciones, pero no solo eso, porque realizadas las elecciones se posesionará un nuevo gobierno que  debe respetar la Constitución, sin acciones legales ni ilegítimas”, agrega el analista.

La “ceguera” no permite avanzar

Según Cortez,  la ausencia de sensibilidad frente a los problemas, y  la ausencia de comprensión histórica de lo que representó el anterior gobierno, “nos da un panorama, una fase, que no ha agotado sus crispaciones y sus enfrentamientos, que se van a prolongar frente a una sociedad que históricamente ha tenido la cordura, la sensatez de poner freno a enfrentamientos frontales catastróficos”.

Esta fase no se va a cerrar, según Roger Cortez, porque de parte de los opositores al MAS, no han terminado de hacer cuentas y de entender la realidad y la raíz histórica de la situación que vivimos. Esa “ceguera” impide cerrar cuentas y avanzar. “Y de parte del conjunto, hay una escasa comprensión del tamaño de los problemas, que tienen que ver con la crisis climática y con la preparación de una economía y de una sociedad para enfrentar oleadas sucesivas no solo de una sino de múltiples, de más de una epidemia que es producto entre otras cosas de ese gran desajuste ambiental que hemos provocado”.

Según Cortez, las reformas que contemplaba la   Constitución de 2009 han quedado todas inconclusas, también en esa corriente que pretendía cambiar la transformación productiva del país. “Hoy tenemos  unas autonomías asfixiadas, con una recentralización e hipercentralización del poder y finalmente, la reforma ética, que se refiere al conjunto de tareas más allá de las políticas que quedaron pendientes del 52, en el sentido de liberación, reconocimiento y respeto de la mujer, del abandono de las prácticas de discriminación, de verticalismo, de caudillismo, que fueron formuladas en clave de reivindicaciones indígenas, que también quedaron truncas”.

 “Ahora estamos en una fase donde pese a todas las anomalías que hemos vivido en casi tres lustros de un gobierno que pasó de hegemónico a verticalista y de clara intención autoritaria y represiva, que  no logró entender lo que representaban y se dedicaron, de la manera más artesanal, más rústica, a tratar de innovar con el mismo menú con el que país estuvo viviendo desde los años 40 para adelante, en cuanto a sus fórmulas económicas, ignorando elementos básicos de la vida hoy”, finaliza Cortez.

Hay una agenda pendiente

El líder político Juan del Granado, fundador del Moviento Sin miedo, considera que la agenda democrática tiene temas pendientes que  tienen  que ver con la vigencia plena de las leyes y la Constitución. “La construcción de un Estado de derecho más completo; una agenda de lucha contra la impunidad, no solo de la impunidad dictatorial que derrotamos con el juicio de responsabilidades hace 30 años, sino acabar con la impunidad autoritaria de los gobiernos constitucionales y no hablo solo de estos 14 años de autoritarismo, sino de los años anteriores a Evo Morales”, sostiene.

 Del Granado considera que “hay un lastre de impunidad, autoritarismo y corrupción del que hay que liberarse, porque es un lastre que dificulta el avance democrático. Esa es una tarea esencial que cumplir hacia adelante”.

En su análisis, tras el agotamiento del ciclo que se había iniciado en 1952, Hernán  Siles dio un paso al costado y posibilitó una transición democrática electoral que permitió la consolidación de la democracia y viabilizó la constitución de un nuevo gobierno por la vía electoral. Se inició a partir de ello un ciclo estatal neoliberal, que duró 20 años y que al no haber resuelto los profundos problemas del país también se agotó, generando la crisis del año 2003. 

Y ahí se abrió una nueva transición democrática encabezada por Carlos Mesa, Rodriguez Veltzé y el año 2006 se inauguró otro ciclo estatal luego de una consulta democrática fundamental; el ciclo estatal de Evo Morales, que lamentablemente al cabo de 14 años tambiés se agota y entra en crisis. 

“La corrupción, el autoritarismo, el hegemonismo, el despilfarro vaciaron un proceso que tenía las mejores condiciones de construir un mejor país”, dice Juan del Granado.

Punto de vista
rafael archondo Q. Periodista y analista
 Transiciones

En la historia de Bolivia hubo elecciones que marcaron un viraje, es decir, que fueron el inicio de una nueva etapa política. La de 2020 formará parte de esa lista. ¿En qué se diferenciará de las otras?

En mayo de 1951, por ejemplo, el gobierno de Mamerto Urriolagoitia convocó a comicios presidenciales. Se presentaron seis candidatos y uno de ellos, compitió desde el exilio. Esa situación tan peculiar llevó a Paz Estenssoro a vencer por una diferencia de 13 mil votos. Un aspirante exiliado marcaba el cambio de época en el país. Desde entonces el MNR dirigiría las pautas de la política boliviana hasta 1985. 

Aquella elección fue otro punto de inflexión. En 1985, las opciones electorales le dieron la espalda al Estado que había sido construido por el MNR a partir de 1952.  Despegaba en Bolivia el primer sistema plural de partidos. Quedaba atrás la tentación hegemónica que alcanzó su peor matiz cuando Paz Estenssoro impuso su reelección en 1964.  Entre 1985 y 2005, varios partidos entre medianos y chicos fueron armando coaliciones en el parlamento para gobernar.  

Al principio bastó con dos (MNR-ADN, ADN-MIR), pero luego tuvo que incluirse a una cantidad cada vez más amplia y atomizada por dentro (MNR-UCS-MBL, ADN-UCS-MIR-Condepa, MNR-MIR-NFR).  Solo dos partidos quedaron fuera de los acuerdos: el MAS y el MIP.  El sistema empezaba a zozobrar. La crisis terminal estalló en 2003 cuando una súper mayoría parlamentaria no pudo impedir el derrumbe del gobierno de Sánchez de Lozada. 

Llegó entonces la elección del viraje, los comicios de 2005. En ellos el electorado descartó el sistema plural multi-partidario y concentró sus preferencias en una fuerza: el MAS. Un tercio restante de los votantes buscaría contrarrestar la hegemonía de Evo Morales ensayando diversas candidaturas en 2009, 2014 y 2019.  Estos esfuerzos alcanzaron su primer éxito en el referéndum de 2016, en el que todos los adversarios del MAS juntaron todas sus fuerzas alrededor del No. 

Las elecciones de 2020 son con seguridad otro momento para el viraje. Por primera vez desde 2005 el MAS podría perder unos comicios generales y por tanto, la Presidencia. Como ya sucedió en los periodos previos señalados, eso no significa que el viejo esquema desaparezca del todo. 

El MAS mantendrá su presencia y eventualmente podría regresar al gobierno en periodos posteriores, sin embargo, no lo hará en uso de los dos tercios que obtuvo en 2009. Bolivia habrá entonces reconstruido un sistema plural de partidos y habrá generado las condiciones mínimas para una reconciliación. 

 

 

 


   

4
2