Factor cero

Los papeles de doña Lydia

Hace 40 años, la primera presidenta del país era obligada a renunciar mientras se perpetraba el peor golpe militar de la historia nacional.
domingo, 18 de octubre de 2020 · 00:00

 Ricardo Sanjinés Ávila  
Periodista

- ¡A ver, la renuncia! ordena destemplado el Comandante. La mujer toma el papel, lo lee y lo tira.

- No firmo nada,  dice resuelta.

- Sus ministros están presos. Usted será la responsable si algo llega a pasarles… le advierte el militar al que ella misma entregó el Comando de las FFAA meses atrás.


Tras discusión acalorada, Lydia se rinde ahogada en llanto y pide la presencia del Nuncio. Éste cruza la avenida Arce y camina los 120 metros hasta la residencia de San Jorge. Se procede a la renuncia impuesta con armas. El prelado exige llevar como huésped de la Santa Sede a la señora Presidente. Pero ella permanece bajo llave y sólo después de una noche angustiosa le permiten acogerse al asilo.
 
Papeles 

30 años atrás, Lydia Gueiler Tejada recibió otro escrito a mano por un joven militante del MNR llamado Tomás Siackar. Le comunicaba que había decidido quitarse la vida, cansado de la persecución, la miseria de su familia y una lucha que parecía no tener fin. Cuando acabó de leer la trágica nota, el firmante se había puesto un cinturón de dinamita, gritó “¡gloria Villarroel!” y voló por los aires. Junto al papel había 50 bolivianos, única herencia para sus dos pequeños hermanos. 

Situación desesperada la de los movimientistas que al final toman el poder el 9 de abril de 1952. Ella combate fusil al hombro, toma el Palacio Quemado y cae dormida en el sillón presidencial ocupado hasta la víspera por el último militar de la rosca. Vive los avatares de la Revolución Nacional  liderados por  los “grupos de honor” que se convierten en “milicianos”. Alcanza celebridad en Europa, donde ocupa cargos diplomáticos, es elegida diputada en medio de abusos y corrupción inherentes a todas las revoluciones y recibe otros papelitos anónimos, donde hombres necios –y mujeres también– censuran su vida privada. 

Hace críticas, rompe con el MNR sumándose al PRIN de Lechín y al llegar los militares el 64, sale a un  largo exilio matizado por cartas escritas por su hija y su nieto en papeles de cuaderno. 15 años después vuelve con la democracia, se reconcilia con Paz Estenssoro ganando una diputación y sus colegas la eligen como su presidente. Walter Guevara logra lo mismo en el Senado. 

Al empantanarse la elección presidencial entre Siles y Paz, un acuerdo sugerido por Banzer determina el interinato de Guevara. Semanas después lo echa del poder una sangrienta conjura civil/militar acaudillada por el coronel Natusch aunque con el Parlamento activo, de manera que al declinar el golpe, la prelación constitucional determina que Lydia Gueiler sea la primera mujer Presidente de Bolivia.

Intenta hacer un buen gobierno con gente de valía en ese momento de dificultades, pero nadie quiere mezclarse con un interinato y todos aspiran al premio entero. Tiene el coraje de acordar un ajuste con el FMI intentando superar el desastre de 12 años de revolución y 15 de militarismo. 

Da paso a medidas de inevitable costo social, incluyendo una devaluación y rechaza exigencias salariales que invalidarían el ajuste. Todos se le oponen, endilgándole en otros papeles el sambenito de vendida al imperialismo. Lechín suelta a los mastines de la COB que bloquean las calles.

 Obreros toman de rehenes a empresarios. Genaro Flores, líder de los campesinos, cerca La Paz. En una dramática aparición por TV, el líder de la empresa privada, Marcelo Pérez, condena que los políticos elijan mandatarios y a las pocas horas les resten apoyo, advierte contra la conspiración antidemocrática que invade los medios de comunicación, las asambleas sindicales, las algaradas estudiantiles y la campaña electoral. El país se alarma.

Los militares van confluyendo hacia el hombre que comanda al Ejército, general  Luis García Meza, secundado por el jefe de inteligencia, coronel Luis Arce, de leyenda negra. El embajador americano, Marvin Weissman, advierte que Washington no tolerará un golpe. Asesinan al padre Luis Espinal. Sube la polémica pública entre Lechín y García Meza. La Presidente Gueiler se tambalea entre el rencor del líder de la COB y el golpismo. 

El proceso electoral entra en la recta final. UDP (Siles Zuazo-Paz Zamora), MNR (Paz Estenssoro), ADN (Hugo Banzer), PS-1 (Quiroga Santa Cruz). Pero mientras el trotskismo instruye a sus bases “votar con papel higiénico”, otras fuerzas se mueven en las sombras. 

Santa Cruz es monárquica y se organiza para coronar a la próxima reina del Carnaval. Heidi Suárez Levy será la candidata de “Mequetrefes”, que reúne a distinguidas familias. En medio de esos afanes, su padre, Roberto Suárez, abandona precipitadamente una reunión convocado a otra, de cariz distinto, donde están el coronel Arce Gómez y el alemán Klaus Barbie. Sus pasos son seguidos por agentes de la DEA.

La pugna pasa de las batallas de pintura en las calles a las promesas descabelladas. Unos nacionalizarán hasta las fricaserías; otros borrarán el color rojo del arco iris; aquellos prometen que no quedará ningún banco chupa-sangre; los de más allá juran que ni los heladeros llevarán gorra. De la amenaza se pasa al atentado. Derriban el avión en el que va la plana mayor udepista y sólo conserva la vida Jaime Paz. Cada viernes la gente compra raciones extras de pan, carne, verduras y papas, no para una parrillada sino en previsión del “golpe inminente”.

La gente acude a las urnas. ¡Victoria de la UDP! Denuncias de fraude, alzamiento popular si la definición congresal favorece a la derecha, amenaza de golpe. Frente a la exasperante realidad, la única noticia grata de cada día es el nuevo capítulo de La pasión de Silvia Eugenia que Panamericana transmite a las 10:00. Y justo cuando Jasmani Hassan está por robar a su amada antes de que se case con el novio papanatas, el 17 de julio de 1980 se levanta la guarnición de Trinidad en el inicio del último golpe militar de la historia, con todo el horror de las primeras horas, cuando asesinan a Marcelo Quiroga y otros bolivianos. 

Cientos llenan las cárceles o salen al exilio. Sólo la Unión Soviética y Argentina reconocen a la junta militar. Washington rompe relaciones con Bolivia. Lydia Gueiler firma su último papel como Presidente y vuelve al exilio, igual suerte corre Marcelo Pérez de la CEPB.

 Se impone el toque de queda y la censura de prensa y mucha gente queda estigmatiza luego de que rechazando el modelo cubano de Castro, permiten que Bolivia se parezca a la Argentina de Videla. Termina La Pasión de Silvia Eugenia y la gente ya no puede salir después de las 21:00, contentándose con mirar Rosa de lejos. Unos extravían la democracia, otros el amor; todos sienten que han perdido. 
 

 

 

 


   

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