Una réplica a El último aristócrata en Palacio

domingo, 18 de octubre de 2020 · 00:00

Alvaro Carranza Urriolagoitia
Nieto de Mamerto Urriolagoitia

Me veo en la obligación de realizar una serie de aclaraciones y desmentidos  al  artículo “El último aristócrata en Palacio Quemado”, publicado en Ideas el 28 de agosto pasado y cuyo autor es Ricardo Sanjinés Ávila.

 En primer lugar, quiero remarcar que el presidente Mamerto Urriolagoitia  jamás tuvo un perro con quien caminaba por calles y plazas de La Paz.  Y quiero poner a su consideración que simplemente recapacite por lo que usted apuntó en su nota periodística. Nunca  “deambuló con   una metralleta por la plaza Murillo para amedrentar y contener a una manifestación de  sus enemigos políticos,  en contra de su gobierno”. 

Así como nunca jamás  uso una pistola con la que “se batió a balazos contra gente armada”, con   sus supuestos enemigos y  opositores en el Paseo del Prado. Tan simple es pensar en el grandísimo zafarrancho que se hubiese organizado por  estos vandálicos actos. ¿Ya pensó usted alguna vez como periodista  lo que sus colegas y la oposición  hubiesen escrito y cómo hubiesen actuado en contra de Urriolagoitia?

El sombrero que usaba  no era tirolés, sino  de fieltro inglés y verde de alas caídas. En cuanto a su perro pastor alemán, falso, nunca tuvo un can en La Paz. El que tuvo se lo  obsequiaron a su retorno del exilio, 14 años después, en su ciudad natal, Sucre, sus sobrinos Gastón Urriolagoitia y Corina de Zavala Urriolagoitia. Era un pastor belga negro y lo llamó Mao; lo sobrevivió un par de años a su muerte.

En lo que sí está en lo  cierto es que le faltaba el dedo pulgar de la mano derecha, producto de un accidente sufrido  de pequeño.

Un detalle por demás de interesante fue la entrega del gobierno,  con conocimiento de Gabriel Gosalvez, al comandante en jefe de las FFAA, general  Ovidio Quiroga, que contaba con la confianza de Urriolagoitia, quien posteriormente dejó el gobierno el día 13 en manos del general Hugo Ballivián. El día 14, Mamerto Urriolagoitia Harriague, fue  invitado con gran cordialidad por el  entonces presidente de  Chile, don Gabriel Gonzales Videla, y se dirigió a Chile, posteriormente a Lima y luego a Madrid.

En fecha 4 de junio de  1974, fallece en la capital de la República, Sucre, y es cuando los  señores periodistas de destacados medios de difusión como El Diario, Presencia, Ultima Hora, Los Tiempos y otros, difunden sus condolencias, en sendos artículos, por lo que  me permito dar a conocer algunos.

Paulovich, en su  Noticia de Perfil del  5 de junio de 1974 escribió una columna titulada Réquiem por Don Mamerto:

“Ustedes se acuerdan de don Mamerto Urriolagoitia Harriague, el último presidente con barba.  Fue un ciudadano con toda la barba. Fue un presidente que cumplió su deber  con valentía y con honradez. ¿Ustedes se acuerdan de él? El chuquisaqueño de apellido vasco y de recia postura que un día llegó a la Presidencia de la República y que tuvo que hacer frente a las responsabilidades que emanaban  de su mandato. Fue un personaje discutido en su tiempo. Apreciado por muchos, combatido por sus enemigos políticos. La historia de siempre.

La figura del chuquisaqueño en La Paz despertó simpatías. Había traído de Inglaterra la sencillez que es marca de los verdaderos nobles. Con extraordinario buen gusto, se negó a vivir en el Palacio Quemado y vivió en el Hotel Sucre, en pleno Paseo del Prado paceño. Del hotel al Palacio y del Palacio al hotel, el itinerario presidencial era cubierto a pie, mientras los pobladores de esta villa admiraban su valentía  y sencillez ya que estaban acostumbrados al raudo en automóvil de los gobernantes, precedidos por motocicletas y resguardados por agentes de seguridad.

Aficionado al fútbol,  nunca uso el  palco presidencial y domingo tras domingo adquiría su localidad y se mezclaba entre el público. La gente buscaba su sombrero de fieltro verde para localizarlo y saludarle con afecto y extrañeza, ‘ese de chivita y de sombrero verde, es el presidente de la República’. Eran lecciones elementales y prácticas sobre  uno de los aspectos de la democracia; quien gobierna no es tu amo, sino uno de los tuyos.

Don Mamerto guió a este país en tiempos tormentosos y rodeado de políticos que no quisieron ver muchas cosas. Y lo guió con mano firme. El buen chuquisaqueño, a quien la gente de La Paz aprendió a respetar y a querer, nunca olvidaremos sus lecciones de hombría y patriotismo”.

La nota periodística de Confucio: De todo un poco, en junio de 1974 resaltaba: 

 “Durante su gestión  presidencial, se exacerbaron las pasiones políticas, se atrincheraron las fracciones y la vieja parábola del odio desencadenó una cruenta guerra civil...

Urriolagoitia no fue un estadista de méritos excepcionales, ni un jurista de relieve. Fue un diplomático, un hombre refinado que en su carácter y en su vida mezcló el temperamento vasco con el espíritu inglés. Llegó a la Presidencia por circunstancias, por esos raros y muchas veces ilógicos vuelcos de nuestro acontecer político. Durante su mandato pudo haber cometido muchos errores, pero también aciertos que nos muestran su voluntad de servicio al país. Fue un demócrata que alternó con las gentes humildes, dialogó con ellas y supo conquistar su cariño.

 Prueba clara de su pasión por el fútbol, como por el diálogo con los jugadores, se presentó un día, en Miraflores para saludar personalmente a los trabajadores de Litoral antes de su match. Entre ellos al entrenador Rufino Plata y los jugadores, Valencia, Bustamante, Caña y Sandoval, entre otros”.

Germán Noya B. resaltaba en sus Cartas al Director: “Cuánto nos gustaba ver en plazas, calles, parques, en el estadio, el simpático sombrerito verde, caminar desde el palacio al hotel Sucre, como cualquier empleado que diariamente va a su trabajo, sin guardias, sin fanfarria, sin séquito de ninguna clase. Supo ganarse el cariño de las juventudes, necesario rendirle un sincero homenaje de cariño y admiración al hombre que supo llevar las riendas del gobierno con dignidad honestidad, honradez  e inteligencia, hombre cabal y bueno”. 

Pongo en consideración de los lectores el nombre de varios ilustres periodistas, historiadores y gente que ocupó cargos políticos, que dieron a conocer sus criterios sobre Mamerto Urriolagoitia, a raíz de su fallecimiento en junio de 1974: Daniel Imaña Monterey, don Alberto Ostria Gutiérrez  Folren Sanabria G., don Guillermo Céspedes Ribera, Carlos Manuel Silva. Luis de la Riva Santa Cruz, Víctor Silva Aparicio,   Abdel Padilla,  G. Z. W., Confucio. Todos señores periodistas e historiadores tanto de El Diario, Presencia, Ultima Hora, Los Tiempos entre otros más. 

De todo lo demás descrito por Ricardo Sanjinés no voy a tomar nota, simplemente señalar  que en la historia de Bolivia hay abundancia de falsedades y distorsiones. Los errores y juicios precipitados se repiten con facilidad desconcertante. Sin pensar que debe construirse con materiales de primera  clase, continúa la insistencia en los errores. Muchas veces las medias verdades a fuerza de repetición adquieren el carácter de verdades incontrovertibles.

El deber del periodista, coleccionista de materiales para el historiador, es presentar los hechos con la mayor fidelidad. Si le tocó la suerte de ser testigo presencial de sucesos  dignos de ser  recordados, hoy y mañana,  debe empeñarse en ser imparcial. No dejarse dominar por el odio, la antipatía, ni el interés personal. 

El periodista es un personaje  con mil ojos y mil oídos, observa y escucha atentamente, si realmente cumple esta misión como debe hacerlo un buen profesional. Recurrir a la exageración, inventar sucesos, torcer la verdad para servir intereses egoístas, es desvirtuar totalmente su obligación. 

 

 

 


   

61
5