Entrevista

Anamar, en el pleito de la paz

La autora entrevistó a Ana María Romero en octubre de 2008. Éste es el diálogo, en que la exdefensora del pueblo habla de la coyuntura de esos días, del racismo y de los desafíos del gobierno de Evo Morales.
domingo, 25 de octubre de 2020 · 00:01

Magela Baudoin
Periodista y escritora

Laboriosa, tenaz, apasionada. Remando siempre con la fuerza de sus convicciones, Ana María Romero fue un personaje imprescindible de la democracia boliviana, pero no sólo de la democracia, también del periodismo, del feminismo y, sin lugar a dudas, de la lucha por los derechos humanos en el país. 

Anamar falleció el 25 octubre de 2010, hace diez años. Tuvo  tres hijos y ocho nietos, pero fue todo menos una abuela apolillada pues mantuvo inmaculado ese corazón galopante de la “juventud”. Pero no el de la juventud abstraída de hoy, enroscada en sus universos personales; sino el de su tiempo, revoltoso y encabritado, lo cual la situó más cerca de las sensibilidades de izquierda: “Vengo de la doctrina social de la Iglesia (Católica), de la opción preferencial por los pobres. Uno no puede vivir tranquilo en medio de tanta pobreza”, decía con ese tono apacible, que no es igual que pasivo y que no le teme al duelo; ya sabe ella de sobra, a estas alturas, que es imposible contentar a todos. 

Y de hecho, se compró muchos  pleitos porque pensar como ella pensaba tiene un precio, especialmente en estos días en que hacerlo en voz alta puede resultar una provocación:  “Creo que las mujeres podemos entender mejor las reivindicaciones indígenas, si bien no es comparable la discriminación sufrida. Podemos entenderlas, incluso con los excesos que se pueden producir y que no justifico, porque en los primeros  tiempos del feminismo se cometieron también excesos. Las mujeres querían hacerse notar, sacaban sus sostenes y los blandían al aire; y finalmente, el camino que se ha recorrido, los resultados de esa otra revolución han producido un cambio”, dijo en esta entrevista, realizada en octubre de 2008.

Habló también de  la historia sudafricana: “Recuerdo que no entendía por qué se había dado el premio Nobel a Leclerc (junto a Mandela), que había sido primer ministro y había sido el hombre que fomentó en un momento dado el Apartheid. Pero al analizar el caso pude entender cómo este hombre, cómo la derecha sudafricana percibió el fenómeno, entendió que el cambio era una ola de la historia y dejó de ponerle vallas, ayudó a que se produjera … Fue una derecha inteligente”.

Este es parte del diálogo que la autora sostuvo con Anamar aquella vez:

¿Cómo ve la derecha  boliviana, a la oposición? 

La veo muy radicalizada, cerrada en si misma, sin ánimo de escucha al otro… Tenemos que saber mirar las cosas sin la inmediatez, con visión de futuro, ¿qué país queremos para las nuevas generaciones? Y que desafío más grande para la gente joven ese de construir un país como dice Carlos Hugo Molina donde todos nos sintamos cómodos y no sólo unos cuantos. A mi generación le ha tocado abrir los canales de la democracia, pelear contra las dictaduras, esa gran batalla que ha valido la pena; a ésta le toca llevar adelante este cambio.

¿Y cómo ve al gobierno? ¿Cuál es su desafío? 

Al gobierno le falta una mirada de gran angular, el país no se agota en lo indígena, pero como digo es un proceso. Pero Evo la tiene difícil pues aunque tiene tanto apoyo no lo dejan gobernar.

Hablemos de autonomía, ¿cuál es su lectura? 

A mi me parece bárbaro lo de la autonomía, que es otro proceso, que bien llevado sería algo muy positivo para el país pero aquí también se requiere una mirada amplia. Ya lo decía el otro día Roberto Barbery, a Santa Cruz le ha faltado enamorar al país; igual que los indígenas tienen que saber vender su charque, los autonomistas deben dejar de mirarse el ombligo. Cambiar el Estado, cambiar la sociedad requiere el concurso de todos. Estamos en una fase inicial pues esto tira para largo. Y lo que hay que esperar es que estos procesos sean conducidos de una manera pacífica, con inteligencia, con desprendimiento, con generosidad, con altura de miras.

Mandela decía: “peleamos contra la supremacía blanca mas no contra los blancos”. 

¿En Bolivia, habrá la amplitud de mirar las cosas de ese modo? 

Todavía falta aceptar que no podemos hacer lo que hemos criticado, pero es un proceso. Estamos en la etapa de la efervescencia, donde se ha conquistado algo que parecía imposible. Converso con mucha gente del pueblo que se siente bien con el cambio, pero también se siente dolida porque el racismo ha sido la respuesta. Creo que primero tenemos que aprender a conocernos, a aceptarnos en nuestra diferencia, a reconocer que las culturas que tenemos son una riqueza y no son incompatibles con la modernidad, que podemos construir entre todos el bien común. De un lado y del otro.

El país ha cumplido 26 años de democracia, ¿estamos avanzando? 

Hemos avanzado un montón. Sin embargo, en este momento también hay muchas cosas que están en disputa porque la palabra democracia la usan quienes no son demócratas, porque no basta que digas que lo eres, tienes que ejercer como tal. El demócrata va a escuchar al otro, va a ejercitar el pluralismo… Por algo Dios nos dio dos oídos y una boca. Tenemos que escuchar más que hablar. Si escuchamos con buen ánimo, lograremos entendernos.

¿Cree que haya esta disposición al encuentro en el gobierno y la oposición? 

Espero que sí… Tenemos que recuperar a la gente más sensata, porque si nos quedamos con los duros nos van a llevar a lo que estamos viviendo hoy en día. Una polarización terrible a nivel nacional... Acabo de estar en una reunión con munícipes del área rural y es preocupante lo que contaron.  Como se sienten agarrados en pinza, tironeados... Se está fomentando el prebendalismo o eso de que si tú no estás conmigo, estás contra mí. ¿Por qué? ¿Por qué tienen que ralear si piensas distinto? 

Han desaparecido los puntos medios… 

Así es, pero algo peor todavía, no se quieren puentes. 

¿Cómo se explica este momento? ¿Por qué tanta perplejidad? 

Los cambios que se han producido a mi no me sorprenden, yo los ví venir cuando era Defensora, lo terrible es que los políticos no los vieron. En ese momento estaban interesados en repartirse el poder, la corrupción llegó a extremos y creció esa distancia entre la gente y quienes gobernaban. ¡El tsunami social se venía, es fruto de la democracia, claro que es fruto de la democracia! Si esto se hubiera procesado a partir de la Revolución del 52 de alguna manera, probablemente las cosas hubieran sido distintas, pero ha habido un gran egoísmo, los recursos se han distribuido muy mal, hemos empobrecido más aún al pueblo. 

 Ahora ellos mismos están tratando de construir un país distinto.  En eso debiéramos estar todos.

¿Cuáles son los principales problemas del país? 

Pienso que uno principal es el racismo. En una encuesta que hizo Unir el 81% de la población dice que hay racismo y si le preguntas: ¿Usted ha discriminado? Sólo el 18% lo acepta pues la percepción es que no es uno sino el otro el que discrimina. Lo grave es que hoy la discriminación es étnica y es política, si tu piensas diferente te echan una cruz. En la misma encuesta se pregunta, ¿de dónde nacen los conflictos? Y una mayoría apunta a la pobreza.  Si todos sabemos cual es el problema porque no unir esfuerzos para superarlo.

Es posible librar esta batalla con esta sensación colectiva de que el camino es la confrontación. ¿La clase política está a la altura de este desafío? 

No está porque el cambio ha sorprendido a todos, incluyendo a los indígenas. Nadie estaba preparado para lo que se nos ha venido de golpe. El país está en proceso de digerirlo, es una boa que se ha tragado a un buey y al comienzo está como atragantada, lo está digiriendo lentamente. Yo diría que para todos ha sido una sorpresa, incluso para el propio presidente.

¿Es usted una mujer de izquierda? 

Los de derecha dicen que soy de izquierda y los de izquierda lo contrario. Si me quieres encasillar diré que me considero de un centro izquierda comprometido con la vida. Porque en el mundo de hoy ya no hay izquierdas ni derechas, hay conservadores y progresistas. ¡Mira lo que está pasando ahora mismo en Estados Unidos, en la China! Siempre he simpatizado con las causas justas, mi compromiso con los pobres es evidente, nunca he militado  porque soy demasiado libre pensadora para militar pero ahí estoy. Quizás sea, como alguien me dijo, una paloma guerrera, digo lo que pienso, me compro pleitos, porque creo que se tiene que dar la pelea por lo que uno cree… Lo peor es quedarse mirando de palco, observando, criticando o destruyendo lo bueno que otros han construido.

¿Y cuál es su pleito ahora? 

Mi pleito es construir la paz, pero no cualquier paz sino una paz con equidad y justicia, después de todo lo que he visto y lo que ya he vivido, después de haber seguido de cerca el proceso, creo que tenemos que ser capaces de encontrar la forma de conducir pacíficamente los cambios que se están produciendo en el país y para eso tenemos que cambiar nosotros.

 

  Su  pensamiento

  • Matrimonio Me casé a los 19, estudié y empecé a hacer periodismo de casada. Tengo uno de esos matrimonios largos que ya no se estilan.
  •  Maternidad He criado hijos libre pensadores, conscientes de su realidad, que saben el país en el que están parados y lo aman. 
  • Feminismo Pertenezco a una generación de las que han desbrozado el monte a machete, en mi tiempo no me autodiscriminé, quise hacer periodismo y me metí, me encontré con un montón de gestos de machismo que como todo proceso cultural fueron cambiando.
  • Periodismo hoy Es parte del problema y de la solución.  Nos hace falta volver a los principios originales del oficio.
  • El poder  Siempre me incomodó. Creo que si las mujeres no participamos más en política es por eso.
  •  Defensor del Pueblo Con el Defensor entré al tuétano de esta sociedad, vi en vivo y en directo la miseria de este país, la desprotección, el desamparo…Ahí uno se da cuenta de todos los privilegios que le ha dado la vida.
  • Fe en el  futuro No me asusta el cambio, me entusiasma, ¿cómo la gente joven se puede asustar? ¡Qué desafío humano más trascendente el que tenemos al frente! Cómo no lo vamos a ver, cómo nos vamos a cerrar, cómo vamos a estar en un nivel de racismo tan grande.

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