Visiones

Las elecciones y el “voto salvaje”

Un esbozo de tres momentos clave de la coyuntura: la represión, la postergación de las elecciones y la salida en las urnas el 18-O.
domingo, 25 de octubre de 2020 · 00:00

 David Alí Condori
Sociólogo

En medio de una democracia asediada por el miedo, el pasado 18 de octubre se han desarrollado las elecciones generales. El país estaba polarizado entre los simpatizantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y de la derecha reencarnada en Carlos Mesa y Fernando Camacho. Los primeros decían recuperar la democracia después de un “golpe de Estado” y los segundos, defender la misma que aparentemente estaba amenazada por los partidarios del MAS. 

En ese contexto, el pueblo expresó su voz en las urnas y dio una victoria contundente en la primera vuelta a los candidatos del MAS, Luis Arce y David Choquehuanca. Sabemos que hay muchos factores que han conducido a este resultado, como la falta de propuestas serias de la derecha, los actos de corrupción en tiempos de pandemia, la crisis económica y otros. 

Sin embargo,   nos centraremos a analizar el comportamiento electoral de los sujetos negados y denominados como “salvajes”, quienes muy sabiamente han logrado articular un bloque de los sectores populares e indígenas a favor del MAS. La cohesión y participación activa de este sector inicia como una reacción ante la quema de la wiphala y continúa con la victoria del MAS en las pasadas elecciones generales.
 
Tres momentos determinantes para el triunfo del MAS

En las anteriores elecciones generales, la imagen de Evo Morales pesaba y éste se constituía como un líder insuperable en las urnas, por eso el año pasado la derecha tuvo que apostar al “voto útil” de Carlos Mesa. No obstante, esas elecciones generales han sido anuladas por las denuncias de fraude y Evo tuvo que renunciar no solamente a su supuesta victoria electoral, sino también al cargo de presidente del Estado Plurinacional. 

Ahí fue cuando se mostró la bifurcación en Bolivia, por un lado, estaban las denominadas “pititas”, en concordancia con la Policía y las Fuerzas Armadas, defendiendo supuestamente la democracia representativa; y, por el otro lado, estaba el MAS casi derrotado y resignado a perder el control del Órgano Ejecutivo, aunque más adelante se articuló con los sectores populares. 

El mayor error de las “pititas” fue quemar la wiphala, que en otrora era un emblema de lucha de los pueblos indígenas y ahora un símbolo del Estado boliviano. Este hecho  resultó ser una provocación y afrenta a los pueblos indígenas y sectores populares, quienes salieron a las calles gritando “guerra civil”, para nuevamente correlacionar las fuerzas en nuestro país. 

La Policía y las Fuerzas Armadas, que decían defender la democracia, ahora reprimían al pueblo movilizado.  Senkata y Sacaba terminaban manchadas con la sangre indígena y las víctimas en medio de las lágrimas que invocaban justicia. Ya las heridas estaban abiertas en la subjetividad del pueblo, que nunca perdonaría a sus verdugos.  

A esto se sumó el brote del racismo de la casta señorial, como diría Zavaleta Mercado, que al ver y oír el rugir de las multitudes, empezaba a descalificar con discursos como: “hordas masistas”, “terroristas”, “salvajes” y “bestias humanas”. Aunque desde los sectores populares también emergió el racismo en contra de los que añoraban el retorno a la “República civilizada”. 

Esto fue el primer momento determinante de articulación de un pueblo que históricamente era negado y ahora constituido como potencia, dispuesto a luchar en las calles, como en las urnas, aunque no había un proyecto societal distinto al capitalismo y socialismo. 

El segundo momento determinante es cuando se postergaron las elecciones en dos ocasiones consecutivas y los sectores populares salieron a bloquear los caminos en plena pandemia del coronavirus. La demanda fue la realización de las elecciones generales. En este conflicto, reapareció el liderazgo de Felipe Quispe (Mallku), quien desafió abiertamente al gobierno pidiendo la renuncia de Añez. 

El movimiento popular fue sumando más adeptos y veían como la única alternativa al MAS, partido político que supo capitalizar muy bien ese descontento y rechazo a la intención de prorrogarse de un gobierno transitorio, que cuyo objetivo era convocar a las elecciones generales.

Y el tercer momento determinante fue en las urnas, el 18 de octubre del presente año. En las vísperas los partidos políticos, la derecha y sus analistas estaban más preocupados en descalificar al expresidente Evo Morales, inculpando de estupro y pedofilia, y así evitar el retorno del MAS al poder político; lo cual no tuvo ningún impacto en el electorado. 

Decían no al retorno de la “tiranía”, pero en los hechos el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, estaba militarizando Bolivia para evitar el movimiento de los “salvajes”, aunque después los únicos movilizados fueron los jóvenes de la resistencia con el discurso del “fraude”. 

Asimismo, Branco Marinkovic anunciaba los préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la posible devaluación de la moneda boliviana y que las empresas estatales deficitarias “no daban ni para privatizar”. Estos hechos han calado profundo en la subjetividad de los sujetos negados y de los indecisos, que al final terminaron votando por los candidatos del MAS.  

De aquí deducimos que los denominados “salvajes”, a partir de la quema de la wiphala por las “pititas”  se han cohesionado para constituirse en un bloque de los oprimidos, que emergen en ciertos momentos históricos como en la “Guerra del Gas” de octubre de 2003 y ahora para dar triunfo a Luis Arce y David Choquehuanca. 

En consecuencia, es una miopía pensar en una política sin el bloque de los “indios” en Bolivia. Tampoco se puede gobernar sin los sectores de la clase media y alta, de ahí la importancia de un Estado Plurinacional real. 

Para terminar, queremos señalar que la historia del siglo XXI, no sólo se escribe desde el cazador, como se hacía históricamente, ahora el cóndor de los Andes y el jaguar del oriente boliviano están despiertos para decir su voz en el campo político y económico.

 

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