Bolivia: Crisis crónica y pérdida de poder

Una de las alternativas es anticipar escenarios, gerenciar la crisis, construir alianzas y coaliciones para generar certezas y gobernanza.
domingo, 4 de octubre de 2020 · 00:00

Waldemar Peralta Mendez Abogado

Toda crisis, es sinónimo de pérdida de poder. Son situaciones en las que  irrumpe un cambio negativo, complejo, difícil y por sobre todo inestable. Rompen el sistema político, la sociedad y generan desequilibrios, son procesos políticos desgastantes, de cierre incontrolable. Pueden ser crisis agudas, con hechos inesperados difíciles de ser anticipados, como un incendio o un terremoto; o pueden ser crisis crónicas, hechos en diferentes dimensiones que van agravándose como una bola de nieve. Pero, en contraste,  se abren oportunidades y por ende ganadores cuando se la gestiona de manera exitosa, destacando los atributos del gobernante. 

El profesor Mario Riorda señala que “una crisis y su consecuencia, siempre implica un reacomodo relativo de poder, siempre hay ganadores y perdedores en un proceso traumático”.

El país vive una crisis crónica multidimensional que se  agravó con llegada de la Covid-19. Si había alguna certeza con la salida de Morales, fue eclipsada con la llegada de la pandemia, que encontró a Bolivia con enfermedades de base, económicas, sociales, políticas y ahora sanitarias, que adelantaban un desalentador pronostico. 

El desconocimiento de los resultados del referéndum por parte de Morales profundizó la crisis política, que además se volvió social, volcando a varios sectores a las calles. Evo deterioró su imagen por hechos de corrupción y su formas autoritarias de gobierno, dilapidando su credibilidad. El incendio de la  Chiquitania fue la  antesala de la elección, en la cual, le robaron la segunda vuelta a Carlos Mesa, producto de un fraude incuestionable por parte del MAS, que derivó en una legítima revuelta popular, originando la salida de Morales.

  Jeanine Añez  gestionó  con relativo éxito algunas variables de la crisis, como la social, pacificando el  país, la electoral, convocando a elecciones con nuevo TSE, la institucional, con una relación estable con los otros poderes del Estado. Esto aportó certezas al juego estratégico y por ende credibilidad, que cimentó la variable política con una importante alianza de partidos y de liderazgos locales. 

Este contexto entusiasmó al Gobierno, que presentó una alternativa de poder. Pero llegó la  Covid-19  cambió el juego. Hubo una frágil gestión de la pandemia, errores en el manejo de las “formas de poder” y una débil comunicación gubernamental, de crisis y de riesgo. 

Y ocurrió lo esperado, se impuso el contexto. La variable sanitaria pasó factura y la unificación del voto se impuso. La regla es la incertidumbre, en 11 meses se dieron estructurales renuncias, que reacomodaron las relaciones de poder. La de Evo Morales al gobierno y la de Jeanine Añez a su candidatura presidencial. Pero no son las únicas, también renunciaron el vicepresidente, gobernadores, alcaldes, asambleístas nacionales, departamentales, concejales y el pasado lunes, tres ministros del actual Gobierno, entre ellos, Oscar Ortiz.  

En tiempos de Covid, el elector, tiene el peor humor y ánimo social de los últimos 30 años. Vivimos en incertidumbre, por el temor a morir de hambre y de fiebre; en ese orden. Los ciudadanos, no creen que las cosas están o estarán bien y cuando el ánimo es negativo, califican negativamente todo. Un acierto en este contexto cuenta por 1 y un error cuenta por 10, razón de las costosas facturas políticas.   

La crisis crónica tiende a empeorar por dos motivos; primero, las  posiciones, intereses, influencia y disposición de negociar de los jugadores. Segundo, los escenarios posibles. 

Primero, posiciones. En el tablero están el gobierno actual, Evo, el MAS (que últimamente no son lo mismo), candidatos y partidos, pronto el gobierno electo, movimientos sociales, liderazgos regionales, empresarios, militares, policía, cada uno de ellos con su propia posición e interés, la mayoría confrontados y con poca o ninguna disposición a negociar.

Segundo, los escenarios. Un contexto económico de dura depresión y contracción de la economía, periodo de ajustes y vacas flacas, producto de la pandemia. El sanitario, similar a EEUU o Europa, una segunda ola de Covid. El social, protestas permanentes por diversas demandas, escaramuzas que iniciarán el 18 de octubre si el MAS, no se alza con el triunfo, como ya lo dijo el propio Luis Arce, ¿ Como actuara el gobierno?. En medio, la campaña nacional, que define la variable electoral. Los temas son, economía, salud, empleo, miedo al  Mas y la agenda pendiente de inclusión, social y regional. 

Las alternativas democráticas apuestan a la razón y la emoción, con grupos de electores de raíz, ideológicas, económicas,  regionales, clasistas y hasta culturales. El principal teatro de operaciones de disputa electoral, Santa Cruz. Esto posiblemente abra tres escenarios electorales. 

Primero, fuerte polarización, un gobierno de vocación democrática que gana en primera vuelta y con mayoría en el congreso. Segundo, frágil polarización, con segunda vuelta, un gobierno democrático con minoría en el congreso. Tercero, no existe polarización, alto ausentismo, debil control electoral en bastiones azules, triunfa él  MAS en primera vuelta. 

Con escenarios tan complejos y posiciones tan confrontadas. ¿cómo generar viabilidad política? El desafío en semejante contexto, pasa por tratar de recomponer el sistema (Estado), que gestione con éxito las variables críticas y la relación de sus actores, negociando por “principios” y superando posiciones, eso se hace cediendo y acercando intereses (coopetir) entre la razón y emoción, para reducir la complejidad. 

En lo político, debemos unificar el voto, concretar un gobierno democrático y apuntalarlo evitando que fracase, entendiendo que el ciclo del MAS no se clausura con su derrota, sino con un gobierno estable de 5 años, frente a la convulsión que planea Morales y que comenzara más temprano que tarde. 

Se requiere, mirar el país desde las regiones y sectores, mucha capacidad política para entender las nuevas causas , anticipar escenarios, gerenciar la crisis, construir alianzas, coaliciones, para generar certezas, gobernabilidad y gobernanza, pero por sobretodo, mucha madurez política acompañada de grandeza y humildad. El juego estratégico está abierto.

 

 

 

 


   

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