Ciencia y partidos Fenomenología

Fenomenología y política

Descubrir las intencionalidades de un grupo social desde sus propias vivencias podría inducir a la política hacia un análisis más subjetivo y crítico.
domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:00

Oscar Alfredo Olmedo
Escritor con estudios en economía y filosofía)

 

El asir del sujeto social como objeto de estudio no es cosa simple dentro las ciencias sociales, peor cuando se trata de diagnosticar sus preferencias electorales, ya que no siempre expresa explícitamente sus expectativas, puesto que estaría abriendo subrepticias intimidades, que incluso, quizá él  mismo desconoce.

La política a través de los partidos políticos en su intento de hacerse y parecerse ciencia, durante los procesos preelectorales, generalmente tiende a lanzar en sus apreciaciones imperativos categóricos inmutables, e inequívocos, bajo el síntoma de la objetividad, tratada por metodologías re-aplicadas desde las ciencias naturales como la encuesta, la estadística, o el dato que diluye la reflexión, la inferencia.

 Así, el dato licua al sujeto hasta convertirlo en un dígito, que en conjunto se hace grupo, sector social, comunidad, región, todos aparentemente equipados por una especie de general intelligence y reasoning que los suelda, los hace indivisos, pensando al unísono, mecánicamente a través de su clase, su ideología, su región. Por supuesto que, bajo esta lógica grupal, el diagnóstico divagará en imprecisas y erradas conclusiones. 

Intentando otorgarle mayor alacridad al análisis político, quizá habría que partir de una reflexión fenomenológica, buscando destellos un tanto ocultos que yacen en los individuos y que, para el politólogo, el analista, o el jefe de campaña, conocerlos sería indudablemente más enriquecedor, dado que la fenomenología, a diferencia de otros instrumentos analíticos de tipo social, no deviene precisamente de una construcción intelectual per se, o a partir de teorías “adelantadas” o teorías “base”; contrariamente, la fenomenología hace derivar la teoría de la vivencia, instalando un desmontaje de los encubrimientos de aquellas teorías y conceptos clásicos. 

Para el caso, se puede asumir que el individuo (como nóesis) no va ungido de teorías a un proceso electoral, no actúa jamás de esa forma, y si bien las tiene, estas estarán entre paréntesis, suspendidas, yendo a enfrentarse directamente a las cosas/objetos/eventos/sucesos mismos (el nóema). Es la fenomenología que aprehende las interioridades del sujeto, y que son determinantes en el “instante” en que va actuar: deseos, pasiones, expectativas íntimas, de quienes vivencian por dentro “huellas mnémicas” (imágenes, símbolos, asociados a palabras, o frases conectadas a un circuito emocional determinado), donde también se guardan astutos secretos políticos frente al interlocutor. 

No se trata de psicología. Se trata de intencionalidades (siempre referidas a algo), vivencias cotidianas de un sujeto elector que no está vacío de contenidos (en el sentido que allí pudiese instalarse libremente y sin obstáculo cualquier tipo de ideología) sino que ese individuo está sujeto por un “yo histórico”, es decir que contiene en su interioridad una vivencia histórica/temporal. 

Esto requiere un mínimo de argumentación. Un individuo no está pre-dispuesto al candidato o partido político pasivamente, contrariamente en él, se configura previamente un espacio-tiempo que no proviene de un ahora y aquí, (lo que lo limita a ser ávido de novedades) por lo que acciona en su interioridad aquel yo histórico, que está lleno de experiencias/practicas/usos y útiles subjetivos o mercantiles a sus fines, de forma tal que no estará dispuesto a rifarlo abiertamente o, en el peor de los casos, tendrá que cotejar la propuesta exógena con su yo histórico, para luego tomar decisiones a partir de su propio “sentido de ejecución” o “sentido de temporalización”, sentidos que le llevan a apresar intuitivamente los eventos que se le presenten, ya que, ve el evento de golpe ( la quema de la whipala o un acto racista, no le llevará a un rodeo mental/cognitivo/teórico), sino que, instantánea e intuitivamente, herirá su interioridad por la activación de su vivencia histórica). 

Entonces, ¿no sería un error, partir de una “realidad estancada” bajo trazas de “objetividad” (artificial) para adecuar ideas, mensajes, programas en la noesis (de los individuos) y conducirlos hacia los objetivos de un candidato o partido político, y no desde la vida fáctica de aquellos? Es decir, desde la intencionalidad de una vida fáctica (llena de experiencias y expectativas materiales e inmateriales), que piensa con su yo histórico y conoce desde sí, desde su ego absoluto (cogito cartesiano), su subjetividad, su mismidad, su conciencia pura que será quien finalmente decida y moldee a través de una intuición-crítica inmediata (dos componentes fundamentales de la fenomenología), lo que se le presenta y dona desde fuera.

 Intentar conocer el yo histórico es la clave para un análisis político perspicaz. Lo cierto es que por sus mutaciones constantes se indica que aquel yo historico está en función del tiempo y el espacio, por lo cual habrá que saber diferenciarlo para cada segmento social aplicado. 

Graficando, de pronto es el factum/evento/suceso quien se le presenta al individuo atacándolo, fastidiándolo en su constante mutar, como, por ejemplo, la gran crisis del confinamiento, la pandemia, y trabajo e ingresos truncados enfrentados a un yo vivencial que ha de modificarse y reciclarse, pues está en emergencia. 

Cualquier estrategia política debió redireccionar sus puntos de atención, pero, unos negaron el movimiento y se aislaron esperando, otros insistieron en un rancio yo histórico estancado/inmóvil en el tiempo, dentro un espacio o, regionalismo perverso que ocluía miradas distantes. Otros, sagazmente, jugaron a un diálogo doble pero simple: por un lado, para un sector ávido de soluciones (o de placebos), recordaron la estabilidad personal y económica (re-conocida vivencialmente por el yo histórico).

Por otro lado, un discurso que se redireccionó por el mundo circundante de las vivencias cotidianas a-traídas desde el pasado, como huellas mnémicas fácilmente asimiladas por una vivencia fáctica que se acomodaba sin sobresaltos ante la incertidumbre de lo que pudiera venir desde cosmovisiones más modernas, en este sentido, aquel discurso, se hizo conciencia del mundo circunvalante de sus seguidores. Y… acertaron.

 

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